Sin capitalizar las experiencias de su primer año en pantalla, el late-night incurrió en su regreso en equivocaciones groseras, reiterando elementos negativos, ciclo que desde el próximo miércoles 10 de junio padecerá mucho todo lo que suceda en la señal de las tres pelotitas.
(Capital Federal – Domingo 05 de Abril de 2026) La esperada vuelta de “Otro día perdido” a la muy herida pantalla de “El Trece”, sin dudas abría las lógicas expectativas frente a un formato que durante 2025 se había ganado un lugar en la audiencia, más allá de equivocar ciertos planteos que lo desfavorecían, sin olvidar que eso y otros aspectos absolutamente fuera de lo artístico conspiraban para posicionarlo de mejor manera. La temporada que se fue dejó un dato concluyente: lo que más atrajo al público fueron las entrevistas que cada noche el exitoso animador radial y televisivo desarrolló con su invitado de turno. Todo lo demás actuó como un insufrible complemento, incluido el contexto humano y audiovisual que en ese formato acompañó la duración total de cada emisión. El entendible deseo de mostrar alguna evolución en el clásico formato de tv, llevó al equipo de producción del programa en el arranque del 2025 a conjugar un famoso éxito con supuestas innovaciones ligadas a los avances tecnológicos. En la pantalla, “·ODP” en un spin-off de “Caiga Quien Caiga” pero con acompañantes atenuados en presencia durante buena parte del programa, una manera de evocar aquél triunvirato que catapultó al éxito al experimentado conductor en América y Telefé, cuando el ciclo “La Tv Ataca” fue llevado de urgencia al crematorio catódico, ante el previsible fastidio del recordado zar comunicacional Alejandro Romay.
Durante los años que estuvo fuera de la pantalla, sosteniendo aquella frase que ahora se le vuelve en contra o le sirve para ironizar de “la televisión está muerta”, Mario Pergolini se hizo asiduo entrevistado de conductores como Jorge Rial, Luis Novaresio o el mismísimo Jorge Lanata, quienes le ofrecieron la chance de mostrarse sin presiones ni condiciones de ningún tipo en la pantalla chica. La misma, hoy convertida en un medio que en este nuevo milenio parece quejarse muy patéticamente de una lenta e irrevocable eutanasia que entre el streaming y otros elementos tecnológicos le insuflan al histórico formato, ahorcado por sus costos, exhibe una inocultable decadencia estructural y la brutal manipulación política de una línea editorial en descomposición. Lo que en su momento fue una infraestructura convocante de multitudes, hoy sobrevive en muy obtusos espasmos, donde la estructura responsable jamás admite que la “caja boba” vive la mayor debacle creativa de esa forma de proponer contenidos que se recuerde en los últimos 50 años de transmisiones. Estando como invitado de esos ciclos, nació otro Pergolini, muchísimo más maduro, sereno, bajo una evolución analítica y social que lo hicieron una figura muy cautivante no solo para el grupo social que conoció en su desembarco en tv, sino para aquellos que ahora lo hallaron a esta altura de las circunstancias, capaz de renovarse y revivir a ese cadáver que durante su recordada despedida, no encontró por esas cosas del destino un Frankestein capaz de conseguir un milagro y recuperar los favores del público.
Visto en perspectiva, “Otro Día Perdido” ofreció algo que la gente disfruta de presenciar si el formato está bien hecho, es decir la realización de una buena entrevista con alguien que sepa aprovechar esa ocasión de mostrarse sin miramientos, para una divertida charla que no solo entretenga sino que depare reflexiones en múltiples contextos. Sin dudas hay que admitir que Pergolini cumplió con creces ese objetivo, generando momentos valiosos en pantalla y provocando que muchos quisieran estar en ese bloque del programa, algo en verdad destacable porque muchos entrevistados difíciles se acercaron a un ciclo que puso de manifiesto que un diálogo entre dos personas es más valioso que millones de horribles panelistas vomitando estupideces sin límites sobre cualquier tema que les tiran. Pero, ante la sorpresa de los comunicadores entendidos en la materia, Mario ignoró un aspecto clave de los late-nights existentes: este tipo de programa no necesita acompañantes de ninguna clase, salvo una banda capacitada para tocar cualquier cosa y dejar la vida para que cada participación luzca como la mejor de sus carreras. El ejemplo más claro lo tuvo con “Duro de Acostar”: Roberto Pettinato jamás necesitó acompañantes y convirtió a aquel ciclo en un éxito indiscutido en un tradicional horario que sufre el éxodo de los espectadores.
Los acompañantes que eligió en su vuelta a la pantalla, lejos estuvieron de ser aquellos socios que Mario necesitaba, luego de haber conformado con Di Natale y De la Puente un trío televisivo que funcionó de maravillas en distintas emisoras. Por un lado, la inclusión de Agustín Aristaran, un actor celebrado por los medios y espectadores menos exigentes, que cuando se animó a la conducción televisiva con “Match Game” entre 2021 y 2022 en la pantalla de “El Trece”, se las ingenió para convertirlo veloz en un irremediable fracaso que culminó con el rápido levantamiento del programa y lapidarias críticas sobre su flojo desempeño en las tardes de la señal del solcito. Pergolini y “Rada” cimentaron una sutil amistad, que logró picos elevados durante la pandemia y el final de la misma, recordado contexto que tal vez haya presionado para convocarlo en esta oportunidad. Convertido en un “segundón operativo” que tiene un sitio más destacado como locutor y coordinador de un conjunto de ejecutantes musicales que lo respalda hace varios años, jamás hizo méritos para semejante co-protagónico en pantalla, personaje que además martilló con un asunto no menor: sus muy dudosos méritos como ilusionista. Resulta bastante incomprensible que nadie del equipo de producción le haya recordado al veterano animador de tv, que la magia en pantalla espanta televidentes, excepción hecha de un famoso ciclo vespertino de Fernando Bravo, quien en su momento tuvo una respuesta muy destacable mostrando el detrás de escena a fondo de los famosos ilusionistas. Cada incursión de Aristaran como locutor o ejerciendo el rol de mago se tornó insufrible a niveles preocupantes, personaje al que la producción debió contener en algunas ocasiones para no dinamitar el logro de las entrevistas conseguidas para esa estructura del ciclo.
Del otro lado del escritorio central, la idea de la productora que comanda Diego Guebel con el respaldo del productor Ernesto Molinero, fue posicionar como panelista a alguien del riñón ideológico del nuevo milenio con supuestas dotes artísticas. La elegida fue por aquellos meses Laila Roth, una standapera y desgastada youtuber que lejos de sumar al flamante programa, con muy malos modales, lo sumió en situaciones insólitas que descolocaron hasta al propio Pergolini. A pocos días del inicio, Mario se enteró que su rellenita y antipática compañera había pautado vacaciones en el exterior, sin importarle tres pepinos su trabajo en un formato que debutaba, dejándolos librados a todos a su suerte sin mucho para hacer, mientras el ciclo por esas horas buscaba su perfil. Es muy conocida la postura ideológica de esta firma realizadora, volcada a la corriente política que gobernó entre 2003 y 2015, tiempos en los cuales “Caiga Quien Caiga” accedía a entrevistas con la pareja presidencial desarrolladas por movileros, quienes se jactaban enfáticamente de tener esas charlas con funcionarios gubernamentales que se le negaban a otros medios supuestamente democráticos de manera sistemática. Ese perfil ideológico que subsiste en la actualidad, en su momento ubicó a esta agresiva panelista en un claro rol de “policía del pensamiento”, ejecutando repudios y siniestras cancelaciones a los términos o contenidos planteados en el ciclo, amparada únicamente en su arbitraria mirada. Cada noche, escondiendo la dejadez de su humanidad a la que jamás supo ataviar con gracia y cuidado detrás de un bargueño como absurda mesada, esta seudo-colaboradora mantuvo un vergonzoso proceder ostentando cada noche una bochornosa autoridad moral sin sustento alguno. Esta agresiva actitud, tras las primeras emisiones del programa, sin dudas comenzó a hartar elocuentemente a los espectadores con su agria participación en pantalla y una violencia subliminal en sus toscos comportamientos, conducta que no pasó en absoluto desapercibida para una audiencia que jamás entendió los méritos para soportarla en un privilegiado espacio de exhibición profesional.
En ese contexto operacional, “Otro Día Perdido” deambuló entre noches excepcionales en las que estos dos periféricos descartables brillaban por su ausencia y otras emisiones donde la dupla de acompañantes arruinaba veladas televisivas que ameritaban sin dudas otro perfil de estructura. Con Pergolini haciendo de manera adecuada su rol de entrevistador, “Otro Día Perdido” jamás logró mejorar sus marcas de audiencia y después de un primer round en pantalla con buenos invitados, las mediciones de rating deambularon entre noches un poco más entusiastas y otras emisiones olvidables con números mas que preocupantes, que a otro formato indudablemente le hubiesen costado su inmediato levantamiento. El promedio de rating de la temporada pasada fue cercano a los 4.51 puntos, quedando lejísimo de lo generado por la programación nocturna de Telefé, emisora que en muchas ocasiones duplicó o triplicó lo que alcanzada el incipiente ciclo de “Box Fish”. Durante una buena parte del calendario pasado, el envío hizo gala de un partidismo opositor muy extremo con clips y otros bloques producidos, pero después de las elecciones legislativas, con un demoledor éxito oficialista en las urnas, “ODP” debió a las apuradas moderar esa ácida y polémica mirada ideológica, buscando frenar una fuga de televidentes. Ese caudal de espectadores eran aquellos que no convalidaron una nefasta tendencia política que en su momento quiso clausurar ese canal, con el intento de una recordada “ley de medios”, un siniestro mecanismo para amordazar voces opositoras, la cual fue derogada por la reciente democracia en su época menos favorable en lo legislativo. Así terminó “Otro Día Perdido” su primer año ubicado en el prime time de “El Trece”, dejando más sombras que luces en su recorrido.
La pregunta se cae de maduro: ¿Qué le aporta “ODP” al canal si sus números de rating no son lo suficientemente adecuados para ese horario tan combativo? Primero, es totalmente indiscutible que lo financiero en tiempos de facturación alicaída juega lo suyo y el ciclo de Pergolini tiene el segundo de publicidad más caro de la televisión abierta, alcanzando un volumen destacado en auspiciantes, lo cual no es nada desdeñable. Segundo, cuando un canal pierde lugar en la repercusión mediática, las alarmas se encienden y con el arribo de “Otro Día Perdido”, de la noche a la mañana “El Trece” recuperó una visibilidad que necesitaba desesperadamente, cuando muchas de las cosas ocurridas en las entrevistas del programa asomaban como titulares o notas de diarios, sitios de Internet o programas de radio. Esa gran dupla de elementos y la cantidad de seguidores que los bloques del ciclo en youtube lograban después de las emisiones, le devolvieron al vapuleado programador Adrián Suar algo de reconocimiento que los demás ciclos no tenían, ubicándolo como elogiado actor de un regreso televisivo que cierta audiencia anhelaba ver en pantalla. Ante esa situación, con la imperiosa necesidad de mantener facturación y respuesta mediática, nadie vio como imposible la vuelta de “ODP” a la emisora de Constitución, tomando en cuenta que lo más elevado del presupuesto invertido era para la contratación del reconocido y sexagenario conductor, un cachet a la altura de su destacado protagonista, quien incluso algunos viernes se permitió mostrar sus buenas dotes cocinando ricos platos de la gastronomía hogareña en tiempo real.
El regreso en la actual temporada, ocurrido el último lunes 30 de marzo, tras varias idas y vueltas relacionadas con el momento de su esperada puesta en pantalla, lamentablemente no recogió nada de todas las experiencias vividas durante el 2025. Aspectos negativos del año pasado se hicieron visibles en el formato, los cuales habían desatado polémicas en su momento. La primera determinación en el presente calendario, fue no renovarle contrato a la rellenita panelista, quien además de espantar televidentes, no tenía onda con nadie que no fuese de su limitado ghetto cerebral, lo cual fue promocionado por la propia despedida como un cambio profesional, cuando puertas adentro la verdad dejó muy en claro que la exitosa productora ya no resistía un segundo más proseguir con ese oscuro personaje en el aire, lo que provocó un scouting para reemplazarla a la brevedad. Del otro lado y fruto de su amistad forjada en los últimos años, Pergolini retuvo por ese vínculo a Aristaran, por más que este observe en la actual temporada una fuerte agenda de compromisos actorales en proyectos teatrales donde el simpático personaje por impostación fue convocado. Sin demasiadas modificaciones de escenografía y apostando a lo que funcionó, “Otro Día Perdido” volvió con cinco emisiones que lejos de aportar luz, dejaron traslucir que de no mediar ciertos cambios estructurales, el programa no solo puede caer en las mediciones, sino padecer una contienda televisiva que a futuro lo encontrará inevitablemente hundido, ante un encumbrado rival que tendrá un arma de devastación masiva en su oponente desde principios de junio.
Las primeras emisiones confirmaron lo peor: Agustín “Rada” Aristaran exhibiendo una soberbia y derroche egocéntrico que por momentos lo tornan un ser insufrible, como si este pequeño monigote catódico fuera el conductor del ciclo, dejaron al reconocido animador haciendo la plancha sin esforzarse demasiado después de la jornada de regreso. Tal vez el asistente del lado izquierdo de la pantalla crea que en un futuro con Pergolini ausente, el formato siga bajo su conducción, un disparate demencial. La reemplazante de la olvidable Laila Roth es “Evelyn Botto”, una figura surgida del previsible rinón ideológico que la productora persigue, tras varias temporadas en un ciclo radial de Urbana Play, sin olvidar su pésima labor en la señal de streaming “Olga”. ¿Méritos para ocupar una de las dos butacas de acompañantes de Mario?…definitivamente ninguno, salvo que se tome en cuenta que esta insípida actriz es la pareja del paupérrimo conductor televisivo Federico Bal, quien tras varios noviazgos traumáticos que alcanzaron las crónicas policiales y judiciales, hoy hace gala de una compañera sentimental menos polémica y traumáticacon la nueva y rellena panelista televisiva, quien en su primera semana hizo gala de sumisión operacional y no mucho más. Frente a esto, todo lo demás mostró su descuidado hilván, donde la postura ideológica y la saturación del uso de IA lejos de sumar, empieza a cansar en demasía frente a un ciclo que no buscó sacar jugo de sus aciertos sosteniendo en proa sus elementos más execrables. Si durante el 2025 las publicidades con gatitos holográficos fueron un gol de media cancha, ahora el uso de esta tecnología de inteligencia artificial luce muy acotada en su manipulación.
La puja por aprovechar el regreso de un ciclo con buen eco mediático, desató una batalla para ver quien se quedaba con las primeras entrevistas en pantalla. Si el año pasado todas las miradas las concentró el actor Guillermo Francella con la promoción del taquillero film “Homo Argentum”, este año dos empresas de streaming que suelen hacer ostentación de voluminosos fajos de dólares en marketing y prensa, colocó sutil en las dos primeras emisiones de “ODP” a formatos próximos a estrenarse en su nauseabunda estructura de Internet en tiempo real. Fue así que el debut tuvo a Luisana Lopilato para promocionar un híbrido largometraje y 24 horas más tarde fue el turno del legendario Oscar Martínez, Las dos estrellas artísticas no defraudaron a quienes pudieron apreciarlas en pantalla. Dando gala de una simpatía a borbotones y naturalidad impactante, la esposa del gran cantante canadiense Michael Buble le remó la nota a Mario como las mejores, sin olvidar que el magnífico vocalista anglo apareció por zoom con su demoledora y magistral simpatía. Al días siguiente, el muy prestigioso intérprete de “Relatos Salvajes ”, “La Tregua” y “El Hombre” entre algunos de sus papeles más destacados, pudo remar las obvias preguntas del animador y potenciarlas con su sentido del humor, incluso imitando al “Pato Donald”, pero ya se percibía a Pergolini en el aire como cansado o bastante desgastado con esa primera velada con todas las miradas sobre él. El arranque televisivo fue cono 6.6 puntos en su debut y 5.3 en la segunda emisión, compitiendo contra “Gran Hermano 2026”, una colección de personajes tan mediocres como descartables. El miércoles fue el turno del simpático actor Miguel Angel Rodríguez con una charla bastante llevadera, pero las luces amarillas se encendieron con los 4.8 puntos de rating alcanzado.
La obsesión del programa por quedar bien con cierta tendencia ideológica y el martillar que los distintos bloques hicieron del partido gobernante, olvidando las escandalosas y mediáticas causas que rodean a personajes de la oposición, como el descomunal escándalo de la AFA a semanas de un evento internacional, sin dudas afectaron la audiencia que sigue al ciclo noche tras noche. El jueves, con el homenaje a los caídos en la Guerra del Atlántico Sur, jornada en la que primero estuvo la simpática actriz Gloria Carrá, los números mejoraron con un Pergolini afectado hasta las lágrimas, por todos los recuerdos físicos de los ex-combatientes en ese bloque del programa, emotiva noche en donde las mediciones de Ibope dejaron un promedio de 5.4 puntos. El cierre de este ciclo en su primera semana fue con el exitoso músico Pablo Lescano, un personaje que no mostró mucho interés en la charla televisiva, obligando a Mario a remar la nota bastante más de lo previsto. Ese tramo y las demás cosas propuestas en un viernes de bajo encendido, regresaron a los 4.8 puntos de rating, dejando en claro la inicial saturación de la audiencia con este formato mucho antes de lo previsto. Ya los avisos publicitarios hechos con Inteligencia Artificial con el animador rodeados de gatitos virtuales no tienen el mismo impacto, mientras Aristaran no pierde oportunidad de mostrar cuan aburridos pueden ser su actos de ilusionismo en pantalla.
La única buena noticia para “Otro Día Perdido” es que su rival no tiene el devastador y elocuente poderío televisivo de otros tiempos. “Gran Hermano Generación Dorada” es en estas primeras semanas, un bochornoso cotolengo outlet repleto de personajes tan opacos como repulsivos, donde trans, terrícolas con causas judiciales y muchas post adolescentes se mueren por armarse una carrera mediática en ese encierro voluntario. Al añejo reality del insoportable animador Santiago del Moro, quien nunca debió de salir de los móviles que hacía en Much Music hace décadas, el formato 2026 le vino bastante fallado con dos jugadoras que se enfermaron tempranamente (Andrea Del Boca y Divina Gloria), quedando una de ellas fuera del ciclo por razones médicas. Los reemplazos y las polémicas por actos de discriminación le sumaron cierta audiencia, pero sus números lejos están de lo que medía “Masterchef Celebrity”. La mala noticia para “ODP” es que desde esta semana arranca la Copa Libertadores con la presencia de Boca Juniors, mes donde habrá otros partidos que sumarán gran público para la exitosa emisora de las pelotitas. Para mal de males, desde el próximo miércoles 10 de junio, se pondrá en marcha el esperado “Mundial 2026”, torneo con partidos en México, Canadá y Estados Unidos, con la presencia del equipo campeón dirigido por Lionel Scaloni, campeonato que tendrá gran mayoría de transmisiones en el horario que compite con “Otro Día Perdido”. Habrá entonces que ver para esa complicada época del año, cuántos cambios inyecta el ciclo para sostenerse, pero a juzgar por determinados gestos en el aire, las cosas no serán nada fáciles para un Pergolini que en pantalla pone lo mejor de sí, mientras los demás no se cansan de boicotear sus buenas intenciones.
Fotos «Otro Día Perdido» (Temporadas 2025/2026):Vanesa Bafaro (Prensa El Trece)