Massive Attack actuó en el “Music Wins 2025”: La pícara miopía social del nuevo milenio, saturada de añejos efectos digitales

La banda inglesa cerró la gran fiesta musical en “Mandarine Park” ante 30 mil personas, un espectáculo con sobrecargado tono político, pantallas supuestamente intimidantes y la sensación de obrar como sofisticados bufones de un mensaje que ni ellos se creen.

 

 

(Capital Federal – Lunes 03 de Noviembre de 2025) El esperado regreso del muy exitoso festival “Music Wins” anoche vivió otra noche de peso para sus anales, cuando cerca de las 22:15 horas los Massive Attack encararon el concierto central del evento, después de las destacadas actuaciones de bandas argentinas como “OK Pirámides”, la pureza rítmica de los extranjeros “L’Imperatrice” o el entretenido recital de “Primal Scream”, mientras la gente recorría el predio con distintas ofertas gastronómicas. Con un excelente nivel para ofrendar entretenimiento en una zona relativamente complicada de acceder, a muy pocos centímetros del Aeroparque Jorge Newbery, la muy efectiva organización comandada por “Dale Music Live” maniobró correctamente un evento de estas dimensiones. Apenas les faltó coordinar que en esa locación la señal de WiFi fuese un poco más fuerte, porque la mayoría a la hora de entrar con códigos con QR en modo Token no podían alcanzar esa aplicación justo en las puertas de ingreso. A pesar de eso, la fiesta dentro del predio tuvo destacadas características, como la tienda musical de Javier Zucker o los lugares previstos para hidratarse, más allá que a la hora del show central, en casi todos los escenarios había miles de latas de cervezas aplastadas, que la gente pateaba de un lado para otro, porque la limpieza no daba abasto con tantos miles apagando el calor a puro alcohol. El show, para evitar que los climas reflexivos se vea alterado por el paso permanente de los aviones que despegan y pasan a casi doscientos metros de la audiencia, coloca a un asistente cerca de la pista para coordinar los inicios de los temas. La maniobra, audaz y original, choca con un problema más complicado, cuando la música de los ingleses no termina de despegar, opacada por un artificial evento panfletario, que busca llevar conciencia mundial contando la realidad a medias.

La vuelta de “Massive Attack” era el plato fuerte del evento, una congregación de artistas en la zona norte, donde la gente respondió con gran fuerza a una propuesta musical muy variopinta. Toda la estructura dispuesta respondió con eficacia a una reunión masiva de asistentes, jornada que expuso la sorpresiva pasión del público por homenajear al reggae noventoso, porque aunque esa música no figuró en el caleidoscopio musical, la cantidad de público dentro de esa plataforma contigua al Rio de la Plata no se privó de saturar cada metro de actividad con un brutal y despampanante humo canábico, haciendo de a ratos en verdad bastante trabajosa la respiración para quienes no consumen esa clase de tabaco supuestamente ilegal. Entre esa impactante fumata que los distintos sectores lucían y el muy previsible consumo de cerveza para batallar con el clima, nadie se sorprendió de la gran cantidad de asistentes totalmente “planchados” a la hora del show más esperado de la constelación sónica de un festival muy valioso para la gente. Desde aquella época de los festivales con figuras como UB40, que no estaba tan saturado el oxígeno en un evento masivo, pero bueno, son los tiempos que corren y nadie en el extenso cacheo de la entrada pareció advertir el ingreso de tanta marihuana posteriormente encendida en modo “non stop” para escuchar a los discutibles pastores electrónicos del cruce de milenios. De a ratos la atmósfera se tornó pesada y severamente irrespirable con más humo cannábico que varios festivales de reggae juntos en una misma jornada.

Desde el 2003 a la fecha, ahora con menor énfasis, ciertos sectores políticos dispuestos a llevarse todo por delante, decidieron que había que escribir toda la historia transcurrida a placer de las nuevas estructuras de poder, un curioso proceso donde muchos se prestaron a semejante disparate. Ese planteo, donde Don José de San Martín liberó a los pueblos de América a bordo de una moto Yamaha de alta cilindrada o que finalmente el inventor de nuestra bandera fue el bisabuelo de Franco Colapinto, se ha puesto desgraciadamente de moda, sin olvidar que algunos piensan que Argentina recuperó la democracia el 25 de mayo de 2003, olvidando los 20 años de gobiernos civiles anteriores. Massive Attack con su nuevo show, según pudo apreciarse anoche, llegó con su estética de reescribir toda la historia de la zona asiática occidental, pero haciendo gala de una miopía propia de estas nuevas generaciones, que coptación mediante, no titubean en reescribir manuales de esta historia planetaria que hasta el “Millenium Day” ni siquiera ellos solían discutir. Cuesta creer la postura, bueno, costaba, hasta que llegaron anoche al evento en “Mandarine Park” en el escenario más grande de Punta Carrasco. Si fuera por estos britànicos que tal vez no se consideren así, anoche el evento podía haberse llamado “Palestina Music Wins”, algo que a lo mejor no hubiese ayudado a la venta de entradas, por lo cual el evento perdió esa primera palabra para que el festival llegase organizativamente a buen puerto.

Massive Attack llegó ayer a Buenos Aires para tocar en el escenario “Music” y desde el primer segundo se percibió que el show estaría bastante lejos del riesgo musical, para ir sin titubeos por un contexto de proclamas políticas que signa el tour de este conjunto de la zona de Bristol, Inglaterra. La idea de esta añeja dupla que integran los intérpretes Robert Del Naja y Grant «Daddy G» Marshall ya no es recorrer nuevos caminos compositivos, sino armar un show mediático efectista sobre una reescritura de la realidad social de estos últimos veinte años. Los enemigos son Israel, Donald Trump y aquellos que manifiesten con esta dupla cierta relación o amistad, por lo cual anoche sobraron obvios silbidos para el primer mandatario argentino y aquellos que lo votaron en la última elección. Nunca se había comprobado en Argentina una ola tan gigantesca de antisemitismo, algo que ayer se vivió elocuentemente cuando un diez por ciento de las 30 mil personas reunidas en el escenario principal comenzaron a silbar al estado de Israel. Sorprende mucho que estos músicos aparentemente ingleses respalden esta firme ola de violencia, desconociendo que la comunidad israelí en Argentina sufrió dos ataques terroristas en 1992 y 1994, uno en la embajada de Israel y el otro en la AMIA con más de 200 muertos. Esa miopía de la banda del Reino Unido, ignora el ataque terrorista del 7 octubre 2023 en esa nación, algo que la sociedad mundial califica sin dudas como la peor masacre antisemita desde la Shoá, duro ataque efectuado por Hamas y otros terroristas afiliados. Dicha incursión provocó 1219 muertos y 251 personas secuestradas, mayoritariamente civiles israelíes, sin olvidar 51 franceses asesinados. Ah, varios argentinos fueron asesinados y otros atravesaron el calvario de ser secuestrados, muchos de los cuales no fueron recuperados o solo pudieron repatriarse algunos de sus restos apenas identificables.

Increíblemente el concierto que proponen Robert Del Naja y Grant «Daddy G» Marshall, responsables del perfil de recital que propone Massive Attack en estas temporadas, no solo no recuerda los anteriores hechos y situaciones acaecidas, sino que centra todos sus relatos a fines de octubre cuando el país agredido inició la respuesta hacia ese grupo que perpetró semejante masacre. El show de la banda británica apunta a describir la secuencia de ataques que ha recibido Gaza, territorio que ha quedado en ruinas después de todos los bombardeos perpetrados por la nación israelí como represalia al 7/10/23. Desde un inicio con textos y números que se evaporan muy velozmente en lo que parece una imitación de baja calidad del film “Matrix”, hasta una serie de tomas del público para mostrar que los individuos somos patrullados permanentemente, hay un metamensaje de negar las propias responsabilidades y trasladarle a los demás la culpa de todos esos problemas. “Luchen contra el populismo de derecha” sostiene Del Naja, como si del otro lado todo estuviese del lado de la paz y justicia. Con videos, números y otros efectos rescatados de algunos documentales de los años ‘80s donde ciertos canales creaban su propio micromundo, el show deja de ser liderado por la música para convertirse en un dudoso panfleto de una supuesta entidad artística que reniega de su pasado, fruto de una coptación que en nuestro país desde el 2003 a la fecha se volvió una constante poco difundida.

No todo es paupérrimo en Massive Attack modelo 2025, porque para sorpresa general, el conjunto llega con Horace Andy y Liz Frazer de Cocteau Twins, quienes tienen dentro del concierto varios pasajes de lucimiento. La lista de temas arranca con “Shock Intro” y tras unos pocos minutos la secuencia incluye canciones como “In My Mind”, “Risingson”, “Girl I Love You”, “Black Milk”, “Take It There” y “Futureproof”. En un momento Liz Frazer canta “Song To the Siren” y ahí el show busca reencausar su destino, mientras la audiencia lejos está de suscribir a un doble mensaje moral, donde el estribillo del hit de Génesis “Jesús he knows me” encastra a la perfección: “Haz lo que yo digo, más nó lo que yo hago”. El espectáculo en su segundo tramo plantea intensas estructuras sónicas como “Inertia Creeps”, “Rockwrok”, “Angel Safe From Harm”, “Unfinished Sympathy” y “Avici Segue”, homenajeando al DJ fallecido en plena juventud.

Después que uno de los líderes de los MA se para delante del micrófono para gritar “Viva Palestina”, la pantalla central muestra en tamaño gigante la bandera de ese país, en lo que parece un mitin sorpresa de este contexto político. Al devaluado recital le quedan apenas “Group Four/In My mind” y “Teardrof” como piezas de cierre, pero a esta altura de los acontecimientos, más del 40 por ciento de la audiencia se ha retirado antes del predio.  Resulta curioso que aquella banda que incluía al magistral artista Adrian “Tricky” Thaws, ahora luzca como un grupo oportunista transmitiendo un mensaje que no le interesa a una numerosa audiencia, que como hubiese dicho el recordado actor y guionista Enrique Pinti aquello de los que “comen pan y eructan pollo”. Ese desfasaje de la miopía oportunista para mostrarse con un falso síndrome de seudo socialismo, demonizando toda la realidad que no les conviene, convierte a los Massive Attack ahora en una patética caricatura de sí mismos, mientras la gente ABC 1 que llegó a este festival aplaude esos arrebatos socialistas, sin descuidar su copa de espumante y un enorme plato de sushi, sin dejar de mirar en vivo por supuesto esa exposición de autos carísimos en un stand, tiempos donde la simulación reditúa más que el realismo sin magia. “La sospecha es una forma de control” sostienen los intérpretes, pero más control que el “no pensamiento” que la añeja banda propone firme apoyando la reescritura de la historia, coloca al conjunto inglés sumido en una brutal y febril encrucijada: ser una machietta de sí mismo, reinventarse a riesgo de no caer simpático o avalar ese relato que se procura instalar, para un numeroso sector de la sociedad que no cuestiona o discute nada, ocupado en destruir neuronas mirando sin pausas la atrapante pantalla del celular.

Prensa y fotos oficiales del show: Agencia CZ Comunicación 2025 (Vicky Zapata y Ernesto Chalita)