Soda Stereo cerró las fechas de junio con un show fantástico. El trío ya palpita el Mundial 2026 y se puso en “modo Stereoneta” para el cierre en Villa Crespo

El trío en su ensamble virtual y presencial ajustó las clavijas desde su debut en marzo, ofreciendo una performance demoledora, concierto que ratificó tanto el enorme avance de la tecnología como también el peso de un repertorio tan atemporal como inolvidable. Gran expectativa por el cierre anual previsto para agosto en el Movistar Arena.

 

 

(Capital Federal – Lunes 15 de Junio de 2026) Dejando en claro que la gran premiere del  sábado 21 de marzo fue un obvio e imprescindible “tester de violencia” para chequear la nave musical, Soda Stéreo dejó totalmente en claro anoche con su fantástico show en el Movistar Arena, que para poner a punto un gran espectáculo primero hay que iniciarlo y luego ajustar cada detalle con esa experiencia inicial que propone la actuación en vivo. La gira “Ecos – Soda Stéreo World Tour 2026 – 2027” cumplió tres meses con al menos treinta conciertos por diversas partes del continente americano, restándole además de otras presentaciones por este habitual vector geográfico la primera actuación prevista en el viejo continente el próximo jueves 24 de septiembre en Madrid, España. Anoche la banda concretó el último de sus shows previstos para junio en Bueno Aires, una fecha en la que la proximidad del debut de Argentina en el actual Mundial 2026 tiñó con coloridos ribetes la conducta de las 15 mil personas que agotaron las entradas hace varios meses en el estadio moderno del barrio de Villa Crespo. Camisetas con el nuevo modelo que usará el seleccionado sudamericano, amén de otras de la Copa América, se hicieron vestuario indispensable, sin olvidar todas aquellas vintage que tenían en la espalda el número 10 y el apellido “Maradona”. Este fenómeno en la cuenta regresiva del primer partido de este conjunto, ya había mostrado sus primeras señales una semana antes con el deslumbrante recital de Andrés Calamaro, viejo amigo del jugador fallecido en 2020, concierto en este destacado court porteño donde se proyectaron imágenes del histórico torneo 1986, donde el futbolista de Villa Fiorito se consagró campeón mundial.

Manteniendo un esquema donde el repertorio permanece inamovible por la secuencia de imágenes que encastran con cada canción tocada, el trío con todo su equipo de producción se dedicó a pulir microscópicos detalles para que la fiesta en el estadio porteño reflejara un nivel de excelencia que impacta tanto a quienes los llegaron a ver hasta 2007, como a una gran cantidad de nuevos fans que no habían nacido cuando el grupo se despidió el 21 de diciembre de ese año en la cancha de River, batiendo por una jornada el record que en ese court de Nuñez mantenían “The Rolling Stones” desde sus cinco fechas desde 1998 en la segunda estadía de la formación inglesa. El excelente trabajo que desarrollaron los realizadores Diego Sáenz, Caíto Lorenzo y Nicolás Bernardo con el firme respaldo del productor Roberto Costa para PopArtMusic, derivó en que esta nueva actuación de esta histórica banda argentina luzca todavía más que lo ocurrido en la función de gala hecha hace casi tres meses. Está claro que la estructura sobre escena del magistral evento que conjuga actuación en vivo con sincronización virtual, necesitaba un apropiado up-grate para sonar y verse más impactante que en su debut porteño hace apenas unos noventa días en el mismo estadio estrenado a fines de 2018. Los ajustes que se hicieron en torno a la performance del histórico conjunto redundaron en logradas situaciones a lo largo de los 95 minutos que esta experiencia, una propuesta que muy lejos está de ser una tradicional interpretación sincronizada entre músicos tocando en tiempo real y un seteo tecnológico tan brillante como espectacular en sus más mínimos detalles.

El recital se pone en marcha con “Ecos” y “Juegos de seducción”, sin que las pantallas laterales muestren nada del evento, obligando a mantener la concentración sobre todo lo que acontece sobre escena, situación en la que la utilización de los celulares se torna tan inconducente y patética como masturbar una muñeca inflable. Tras esa apertura digna de un “warm up” de la ochentosa Fórmula 1, el telón finalmente sube y las detonaciones pop del evento comienzan a surgir efecto en la multitudinaria audiencia, suena con toda esa potencia reconocible “Nada Personal”, un himno ochentoide que mantiene esa cadencia pop-dance de aquella gloriosa década mientras las pantallas a cada lado transmiten lo que está ocurriendo sobre el proscenio. Ese momento es la primera detonación de felicidad en plenitud que genera “Ecos” al espectador. Cuesta creer que un imbécil redactor de una estructura mediática en absoluta decadencia comunicacional haya señalado desconocer si este evento califica como un show en su concepción, cuando publicó una información del estreno tan teñida de desconocimiento como recargada de prejuicios, dejando traslucir en sus expresiones un resentimiento tan propio de ciertos comunicadores desde el 2003 al 2015. “Ecos” es un show, un recital y una actuación en la que una banda conjuga todos los elementos de la actual tecnología para transmitir a viejas y nuevas generaciones lo que significa ver a Soda Stéreo sobre un escenario, una experiencia que se lleva puesta a la totalidad de lo grupos de pop o rock que todavía sobrevivieron al inodoro sonoro que hoy representa la escena urbana con esos macacos que no cantan, tocan o componen algo con cierta dignidad artística. Pegarle a Cerati, Bosio y Alberti por este proyecto es propio de  una sociedad que ya no compra música ni la consume en su formato real, utilizando esa fecalidad digital móvil como plataforma de tracks propios de una nación zombie.

La lista de canciones en el Movistar Arena sigue con “Hombre al agua” y “Ella usó mi cabeza como un revolver”, antes que el público deba colocarse los anteojos 3-D para ver un clip de “Cuando pase el temblor” amplificado con moderna luminotécnia y bastantes guiños al terruño donde se filmó el video aquella obra maestra estrenada justo a mitad de los inoxidables 80’s. Mientras el público presta atención a esa propuesta visual, todo el equipo de producción recarga los totems de proyección sobre escena para que Gustavo salga a escena más motivado que nunca para golpear con su inmaculado talento. Llegan “Luna roja” y “Toma la ruta”, dos icónicos clásicos de “Dynamo”, en los cuales vuelve ese telón frontal para sumar proyecciones cromáticas propias de esas obras, un tramo de enorme carga hipnótica para aquél cercano al escenario como aquella persona ubicada a 50 metros del “Stage A” que tiene este espectáculo. Para quienes crean que Gustavo es apenas un fantasma de sí mismo, llega un divertidísimo momento cual famoso gag del conjunto “Les Luthiers” cuando el guitarrista saluda a sus compañeros, instantes donde el bajista Zeta Bosio responde al mismo y le baja toda solemnidad al concierto, charlando en su ubicación con sus compañeros, contándole a la gente como se vive este Soda Stéreo en su versión 2026, introduciendo “(En el) Séptimo Día”, nombre que además de titular una composición de “Canción Animal”, dio nombre al show teatral realizado en conjunto con el equipo francés del “Cirque Du Soleil” en el ahora no tan inesperadamente clausurado “Estadio Luna Park”. La euforia de la gente se mantiene en constante crecimiento durante el espectáculo mientras el trío toca clásicos como “En la ciudad de la furia” o la versión new millenium de “Sobredosis de TV”, un momento donde se nota la maestría de Adrián Taverna para que ese audio encastre lapidario pero sin perder la gracia y magia de aquél irresistible himno, incluído en su gran opera prima lanzada en un viejo local de la cadena “Pumper Nic”.

Contra aquellos funestos comentarios sobre que el público queda atornillado a un evento sin sensibilidad, propios de los actuales medios donde cualquier tilinga de redes sociales asoma ascendida a redactora de cierta especialidad por motivos impresentables, “Persiana americana” reacomoda los tantos y pone las cosas en su lógico orden. Los enormes latidos rítmicos crecen desde el interior del escenario hacia las cajas de sonido, hasta que entra al ruedo esa guitarra con riff imbatible y el Movistar Arena se transforma de inmediato en un gigantesco volcán emocional descontrolado, mientras Gustavo describe esa postal con ritos visuales muy implacables de “Nueve semanas y media”. La fiesta en el estadio de la calle Humbolt es total y nadie se pregunta quienes tocan en escena, entendiéndose así sin sobresaltos y de inmediato, que la demoledora performance es el encantador infierno que no le pertenece a ningún redondismo oportunista, muy propio de los bufones políticos que destrozaron la nación en este nuevo milenio. El concierto se propone un respiro con aquél clásico del álbum reversionada en el 1996 para la cadena ya desaparecida cadena MTV, cuando “Un misil en mi placard” propone la guitarra más límpida y menos prepotencia de los Marshalls de respaldo. La nueva presencia del telón, aplaca la curiosidad de ver con más detalles al líder del grupo con una guitarra electroacústica, pero la sobreposición en ese track de otros efectos visuales desdibuja ligeramente una actuación muy cuidada que no merece bajar cambios en un recorrido de alta magnitud.

Entre las modificaciones que este concierto observa desde su debut el pasado sábado 21 de marzo a la fecha, la más locuaz es la dinámica proyección de una animación para el tema “Zoom”, del disco “Sueño Stéreo”, que más allá de lo lúdico que propone con esas evocaciones vintage del Planetario o un dibujo del trío, desnuda que aquella versión XL que había sido empleada en sus primeras fechas, ahora corrige su duración total con la del tema tal cual se publicó en CD y cassette allá por mediados de 1995. La última página del espectáculo con cierta calma rítmica y espiritualidad sónica queda a cargo de la canción  “Planeador”, un track extra que figuraba como bonus del CD del CD-Rom del “Comfort y música para volar” (1996), donde el cielo que cubre la pantalla posterior expone ese suave viaje interplanetario que las guitarras del líder describían desde una mirada enmascarada de poesía y sensualidad astral. Las pulsaciones comienzan una trepidante aceceleración en la recta final, cuando arranca “Final caja negra”, ese track de “Signos” que la formación en este concepto recupera para mostrar la psicodelia eléctrica llevada a un paroxismo con ribetes muy bien planificados. El audio refleja hasta donde un trío puede complementarse y el desarrollo de la canción le cede a la guitarra de su líder un lugar para exhibir una gran gama de cabriolas de alto voltaje, donde el músico le saca jugo a un instrumento que solo él sabe explotar como nadie. Sobre el final Cerati va a la tarima de la baterìa y acompaña esa impactante faena de Charly con tambores y platos sincopados ocasionalmente. Llega a segundos del final la última fase 3-D del espectáculo, cuando arranca “Primavera 0”, una gloria de seis cuerdas multiprocesadas sin misericordia, armando no solo un esqueleto con sostén eléctrico sino una película sónica por arriba de ellas muy cautivante. La pantalla en esos minutos se suma al sesentoide efecto art-noveau de multiplicar la imagen del músico con su guitarra en diversas fases de colores sobre su figura, mientras la audiencia en esos instantes disfruta del efecto pero al mismo tiempo sucumbe a la firme tentación de tener al menos una foto de esa postal que brinda el cuarzo digital posterior al escenario. En esa acelerada despedida llega “Prófugos”, la última canción del show en la que el Gustavo de esta nueva concepción permanece sobre escena acompañando a sus compañeros. El tema no se priva adrenalina, electricidad y mucha melodía contagiosa de esos coros que tienen kilómetros y kilómetros recorridos a pura emoción.

El escenario queda a oscuras, la gente espera la última canción, pero hay que torcer muy rápido el cuerpo y sobre todo el cuello para disfrutar el desenlace de una fiesta armada en plenitud del primer al último segundo. Ahora no hay un instrumentista o cantante que la tecnología propone como la nueva joya de la evolución digital, sino un certero homenaje a lo que fue en su momento el anterior espectáculo “Gracias Totales”. Fruto de una genial compaginación de históricos videos donde aparece el Cerati de al menos 38 recitales de su carrera con sus colegas, el músico habla por la pantalla y repite aquello de “tengo una canción para cantar”, mientras sorpresivamente Zeta y Charly están muy bien ubicados en dos tarimas móviles desde la cual tocarán frenéticamente “De música ligera”. La notable coreografía de estos sincronismos se complementa con el público de campo bailando muy enloquecidamente la canción de cierre, con un ultra-hit tan poderoso como inolvidable en aquellos que la entonan. Bajista y batero saben de la proximidad del primer partido que la “Scaloneta” jugará en Kansas y salen a tocar el último tema con una especial blusa de la selección argentina que lleva un escudo romboide con el nombre de la banda. Ahora casi a pocas horas del debut ante Argelia, el trío se planta en plan “Stereoneta” contagiando la fiebre mundialista y todos acompañan la euforia de otro torneo global. El festín musical está llegando a su fin, pero como una yapa que se activó en un show de Mar del Plata a pocos días de la premiere, antes que todo finalice Charly Alberti recibe un micrófono y dedica una palabras a la multitud. “Estamos muy felices y queremos darles las gracias a todos por venir a acompañarnos, llevamos unas treinta fechas y es maravilloso lo que se siente desde arriba. Gracias…” y la gente responde “Totales”.

La clausura técnica y operativa del evento cierra con una proyección de videos inéditos de backstage o en vivo nunca vistos, mientras en la gran pantalla central asoman los nombres de todos los involucrados en esta nueva y cautivante gira del mejor grupo argentino de todos los tiempos. La dura realidad de los hechos de público conocimiento la conocen de forma completa todos aquellos que están dentro y fuera del estadio, a doce años de aquél jueves 4 de septiembre de 2014 a las 09:30 AM. La música propone ahora, con la enorme ayuda de la tecnología, que hay vida después de las cosas adversas y el show expone a los que miran desde cualquier lugar del estadio que hay un músico tocando y cantando como en sus mejores tiempos, fruto de evolución donde el pasado puede ser reconfigurado a un presente exultante. Soda Stéreo, una banda pionera en espectáculos innovadores, ha dado una nueva muestra de eso en un gran show (sí, en un show con todas las letras), donde los tres intérpretes sobre escena dejan todo hasta el último segundo, acompañador desde cada espacio por una productora que ha cuidado hasta el último detalle de estos “Ecos”. Todos los que nunca vieron a Soda en vivo no pueden perderse esta fiesta y aquellos que muchas o pocas veces disfrutaron de la exquisitez de esta formación, tienen la chance de disfrutar de un concierto que educa y expone lo alto que fue la música argentina hasta el 2007. La mejor formación en la historia del país, lejos del gran resentimiento que exhalan algunos devaluados medios de comunicación teñidos de marketing made in Miami y exponentes vomitivos destilan, ha dado una clase magistral de música, demasiada cultura y calidad para una parte de la sociedad que elogia a títeres latinoamericanos que dan vergüenza hasta cuando están en silencio. La música de este país se merecía esta clase de “Ecos” de un trío que está vivo y pateando, por eso no sorprende que mientras la gente abandona el estadio suene “Alive and kicking” de los Simple Minds a puro volumen y felicidad, esa que las “nuevas olas” simulan para los aturdidos del nuevo milenio, sordos por decisión propia y peleados contra la cultura para ser zombies del oportunista de turno. Todavía quedan las últimas fechas de agosto en el mismo estadio moderno, antes que el trío ponga en marcha una gira europea, sin descartarse que en el 2027 los “Ecos” vuelvan a sonar de manera tan maravillosa e inolvidable como ocurrió anoche en el barrio de Villa Crespo.

Soda Stéreo – show “Ecos” – Estadio Movistar Arena – Domingo 14 de Junio de 2026 (Lista de temas: 01) Ecos – 02) Juegos de seducción – 03) Nada personal – 04) Hombre al agua – 05) Ella usó mi cabeza como un revolver – 06) Cuando pase el temblor (3D) – 07) Luna roja – 08) Toma la ruta – 09) (En el) Septimo Día – 10) (En) La ciudad de la furia – 11) Sobredosis de tv – 12 Persiana americana – 13) Un misil en mi placard – 14) Zoom – 15) Planeador (telón) – 16) Final caja negra – 17) Primavera 0 (3-D) – 18) Profugos – 19) De musica ligera (Stage B) – 20) Zona de promesas (final titles) – 21) Alive and kicking (Simple Minds end song) – Producido por PopArtMusic (Roberto Costa – Diego Saenz  y Caíto Lorenzo junto a Nicolás Bernardo) – Ingeniero de sonido: Adrián Taverna – Prensa, Marketing y Difusión: Laura Costa, Mariela Custodio y Guillermina Morelo.

Fotos digitales “Soda Stéreo – Ecos” en el Movistar Arena – 14 de Junio de 2026: Gabriel Imparato (Agencia Noticias 1440)

Fotos Show «Soda Stéreo – Ecos» en el Movistar Arena – 14 de Juno de 2026: Prensa PopArtMusic 2026