Exitoso regreso de la obra “Prima Facie” a la cartelera porteña. La justicia se transforma en una previsible partida de ajedrez donde la derrota es el punto de partida.

El unipersonal de la autora Suzie Miller se presenta los sábados a las 20 horas en el Teatro Picadero, notable espectáculo con giros inesperados, magistral pieza que permite apreciar a la consagrada actriz Julieta Zylberberg en el mejor trabajo profesional de toda su destacada carrera.

(Capital Federal – Domingo 08 de Junio de 2025) A principios de Mayo la obra se repuso en la cartelera teatral porteña, un espectáculo que por su respuesta y repercusión obligó a los productores de la misma a extender su estadía en el Teatro Picadero, unipersonal que va todos los sábados a las 20:00 horas, en una sala para 250 personas en la que es bastante difícil conseguir localidades desde que regresó esta gran pieza de la autora Suzie Miller al proscenio del primer piso en el pasaje Santos Discépolo 1857. Resulta muy demandante en lo físico y psíquico asumir el rol protagónico del unipersonal presentado a la audiencia argentina desde la temporada pasada, una historia que demanda al intérprete sostener con su sola presencia dos horas de situaciones, para conocer a fondo desde una ficción lo que habitualmente sucede en los estrados de los tribunales. Afortunadamente, esa mujer es argentina, tiene 42 años, una intérprete que desde su juventud a la fecha asoma abocada a diferentes roles y proyectos con destacada respuesta, pero “Prima Facie” no es un eslabón más en la vida de Julieta Zylberberg. Es sin dudas la mejor actuación de su exitosa carrera y presenciar este desempeño en una pieza que arranca con la simpatía de una descripción profesional, para luego mutar a un drama de infinita profundidad desde una mirada áspera y desgarrada, es la valiosa chance de ver a esta consagrada artista ofrendar hasta el último suspiro para vivir desde adentro la historia que suele acontecer todos los días, cuando una persona sufrió una íntima agresión y las cosas se tornan devastadoramente traumáticas hasta replantearse toda su existencia. “Prima Facie” es por su concepción, desarrollo y desempeño histriónico una obra que resulta imprescindible para los amantes del teatro.

Las luces se apagan en un escenario en declive de color gris azulejo, para que instantes más tarde nos encontremos con Romina Valeria Figueroa, una abogada que describe con su traje brilloso y sus elocuentes gestos, los mecanismos de relojería que constituyen esa profesión que desempeña cotidianamente, brindados con la simpatía de saberse ganadora antes del inicio del proceso judicial. Mirando al público, detalla los comportamientos que debe asumir para llevar a buen puerto su trabajo. “Escuchar al testigo. Esperar. Disparar las preguntas. Ganar”, dice bastante sonriente y conocedora del manual de instrucciones que debe obedecer para retirarse del estrado disfrutando un logro para sus clientes tras un arranque muy complicado antes de arrancar la sesión. Figueroa es una joven abogada que construyó su exitosa carrera como defensora de acusados de delitos sexuales. Ella conoce a la perfección cada una de las reglas básicas del juego judicial. Disfruta cada una de las absoluciones que consigue. Sabe fehacientemente que en su cotidiano trabajo no hay nada personal, entendiendo que ella no es más que un adecuado engranaje necesario para que el sistema judicial funcione. Así se lo cuenta a los espectadores, pero todo eso está a punto de cambiar en una dura noche donde la situación se invierte y todo termina más que mal.

La autora de la obra, la australiana Suzie Miller, estrenó esta pieza durante el 2019 y poco tiempo después la misma se convirtió en un boom a nivel mundial, con distintos equipos de producción en todo el mundo comprando los derechos para representarla en diferentes países alrededor del planeta. Dirigida y adaptada por la realizadora Andrea Garrote, esta letrada en el inicio del espectáculo maneja los hilos operativos de esos juicios, como una persona que debe maniobrar sincronizadamente con las conductas de la parte opuesta, en la prosecución de conseguir al final del juicio el resultado que necesita su cliente. Vestida con un ambo llamativo y blusa blanca, que deja traslucir su destacado físico después de cruzar la frontera de las famosas cuatro décadas de Arjona, Figueroa sabe que no puede permitirse un mínimo error en su procedimiento, porque de cometerlo, en realidad no está procediendo como abogada defensora de un acusado sino “jugando a ser Dios”, dejando a los espectadores entender que “la gente es falible”. Su maletín con carpetas de trabajo y la      infaltable botellita acrílica que visita asiduamente para respaldar sus expresiones con agua que la mantiene en tono adecuado, completan uu kit de trabajo aceitado donde comprende que las chances de ganar una batalla legal, dependen de no moverse del libreto operativo en estas dramáticas situaciones donde se alude a una mujer sexualmente agredida.

Romina Valeria se muestra activa, dinámica y moderna en el buffete de abogados donde trabaja, soñando que le llegue la oportunidad de un crecimiento profesional merced a los resultados que viene obteniendo, jactándose de llevar seis juicios con victorias de tono aplastante ante sus colegas del tribunal. La posibilidad de ascender en la estructura casi imprevistamente la encontrará, cuando un estudio la convoque para trabajar pronto en la competencia de la firma donde se desempeña por esos días. Sin una pareja estable, tiene marcadas simpatías por Damián Echeverría, con quien en medio de una extensa jornada de trabajo, seducida por el colega decidió tener sexo en un sofá del buffete profesional tan requerido por estos acusados. Ese vínculo crecerá con el correr de los días, mientras su relación con su madre va y viene, ceñida de tensiones propias de la edad de ambas a esta altura de sus existencias. Después de aquél aproach físico que surgió con su compañero de trabajo en un after office, donde sonaba Coldplay a volumen estruendoso, llegara una nueva salida para cenar en un restaurante top de sushi. La pareja se traslada a la casa de ella, compran helado y una botella de vino, presintiendo que después de firmes coqueteos y estimulaciones, nuevamente unirán sus cuerpos deseosos de enloquecedor placer.

Pero lo que aparecía en las postrimerías como otra gran noche, queda trastocado cuando ella camino a intercambiar fluídos empieza a descomponerse fruto de lo ingerido, cuando el alcohol le pasa previsible factura al exceso. Vomitando muy contundente en el baño y sentada en el suelo, un rato más tarde se acercará su colega mientras ella permanece con mareos elocuentes, para trasladarla al dormitorio y con forcejeos en clara ventaja para el abogado, vivir la pesadilla de esas testigos a las que entrevistó en decenas de casos que la letrada ganó con firmeza y facilidad. Ahora sabe que está del otro lado del tribunal, pero como ella misma lo describe, sin sus armaduras. Aturdida por la situación, olvida que hay detalles que debe recordar y también comete ciertos errores que desarrollan todas aquellas mujeres que sufrieron un grave abuso sexual. Hacer la denuncia respectiva ante la policía, compadecer en esos primeros instantes a un hospital para las pericias genitales y sostener su necesidad de justicia, la llevarán a resistir nada menos que 782 días cuando finalmente se celebre el juicio contra Echeverría, alguien que conoce como ella todas las cartas que hay que jugar para salir victorioso en esa posición. Ahí descubre que su colega no tendrá que declarar admitiendo que hubo consentimiento, posición que la deja devastada ante un abogado defensor de turno que le hará el mismo juego que ella practicó anteriormente. La historia, más allá del fallo que pueda surgir, la encuentra como tantas otras, deseando que “lo que me hizo esa noche no le ocurra a otras mujeres”.

Suzie Miller habla en el valioso texto de su obra lanzada en el año 2019 de los abogados que defienden a “los hijos de puta” que cometen estas aberrantes conductas, adaptación que la directora Andrea Garrote hizo a la perfección, marcándole a la actriz elegida todos los comportamientos que debería observar para mutar de la cordialidad del relato inicial a una dramática encrucijada con más chances de perder que de obtener justicia. Poniendo todo, absolutamente todo lo que hay que poner para describirle a los espectadores no solo cada detalle de su labor judicial sino las vivencias que atravesará en una noche trágica de imprevisibles consecuencias, Julieta Zylberberg encarna sin más que su alma y talento en el escenario esa abogada que pasa de la victoria a la catástrofe en cuestión de segundos al vivir lo que padecieron esas testigos que interrogó. Brillante en cada gesto y movimientos de su cuerpo, ofrendando una milimétrica pormenorización de los hechos sin que parezca a primera degustación un previsible monólogo describiendo lo ocurrido, la actriz logra de inmediato que uno transcurra esa cambiante historia con ella, entendiendo cada aspecto y situación desde el corazón de una profesional atrapada en su propio laberinto, sabiendo a primera instancia que no tiene las cartas ganadoras. Con una extensa trayectoria en tv, cine y teatro, su merecido protagónico en “Prima Facie” constituye lejos el mejor trabajo de toda su destacada carrera, dejando en claro que su inocultable gracia para comedias y otros géneros, ahora se reconvierte para encanar una historia que le calza perfecto desde el mismo instante en que la sala al comienzo de la función queda a oscuras, como ella en este personaje magistralmente interpretado con su sabiduría y brillantez profesional.

“Prima Facie” (A primera vista) // Unipersonal de la autora australiana Suzie Miller // Protagonista: Julieta Zylberberg // Adaptación y dirección general: Andrea Garrote // Una producción de Valentina Berger, Sebastián Blutrach y Tomas Rotemberg // Prensa y Difusión: Agencia SMW (Silvia Santos y Raul Casalotti) // Los sábados a las 20 horas en el Teatro Picadero (Pasaje Santos Discépolo 1758 – Capital Federal) // Entradas disponibles en www.plateanet.com