Esta versión teatral escrita por Gary Marshall y John Lawton con música de Bryan Adams y Jim Wallance, propone un formato donde el largometraje opera como inspirador de una gama de dinámicos cuadros muy bien resueltos ahora por el elenco argentino.
(Capital Federal – Miércoles 04 de Junio de 2025) “Pretty Woman”, la genial comedia romántica que protagonizaron Julia Roberts y Richard Gere, se conoció el 23 de marzo de 1990, un largometraje que se convirtió en un descomunal boom alrededor del mundo a las pocas semanas, producción que tuvo un presupuesto de 14 millones de dólares, proyecto que meses más tarde alcanzó 434 millones de la moneda estadounidense. Fue éxito en los cines, batió records de alquiler en los videoclubs de VHS y DVD, rompió los ratings de la tv por cable y luego la codificada, para convertirse por supuesto en un film clásico que las plataformas ostentan como la joya de la corona. Desde su estreno en las salas hasta ahora, que desembarca en Argentina con su formato de musical, millones de argentinos la vieron no menos de 50 veces en la tv abierta, uno de los grandes tanques de Telefé los fines de semana donde la gente quiere quedarse en casa, para divertirse con un clásico que la gente sabe de memoria escena por escena. Presentados los antecedentes de esta famosa película, acercarse a un reconocido teatro de Buenos Aires para ver el musical constituye un fuerte desafío no solo para los productores del mismo, sino también para quienes recuerdan todo el largometraje de punta a punta con actuaciones sencillamente inolvidables. El debut del espectáculo en el Teatro Astral el miércoles 28 de mayo, por esas cosas del destino, tuvo durísimos contratiempos técnicos, noche donde Ricky Pashkus prefirió detener el show a poco de comenzado y demorar la continuidad del evento. Justo una semana después, tras los ajustes necesarios y el lógico malhumor de los protagonistas en ese fatídico arranque, muchos invitados y gran cantidad de medios pudieron ver anoche la función de gala del musical inspirado en la icónica película del seductor ámbito hollywoodense.
En los Estados Unidos este musical debutó con la dirección y coreografías del realizador Gary Mitchell, alcanzando muy buena respuesta bastante tiempo más tarde del reconocido film, sobre el progresivo romance entre un exitoso empresario desguazador y una novata prostituta en la zona céntrica de Hollywood. Anoche en el Teatro Astral, sala ubicada en la avenida Corrientes 1639, la expectativa de los famosos y aquellos pertenecientes a los medios que se dieron cita tras la convocatoria de la Agencia Tommy Pashkus, flotaba con énfasis la curiosidad sobre como quedaría adaptada una película en formato de musical en pleno centro porteño interpretada por la consolidada actriz, cantante y bailarina Florencia Peña, abocada en la última década a encarnar diferentes papeles en los musicales que esta figura decidió protagonizar dando un paso al costado en su continuidad televisiva. Fuera del teatro y haciendo elocuente su entusiasmo por sumergirse en las butacas y disfrutar las dos horas de show, reconocidas figuras como Silvina Escudero, Graciela Alfano, Roberto Piazza, Anibal Pachano, Matías Alé, Fabiana Araujo y el animador Mariano Iúdica, entre otros, concedían incontables notas a los medios audiovisuales apostados en la vereda de la famosa sala ubicada entre las calles Rodríguez Peña y Montevideo, mientras una cola de casi dos mil personas esperaban para retirar los tickets de la esperada premiere porteña en una noche con un frío muy tolerable.
Pocos minutos después de las 21:00horas, inicio del evento demorado tras el lento ingreso de todos los invitados, la función se puso en marcha con el entusiasmo propio de aquellos estrenos que concitan el interés de los medios especializados, pero especialmente de todos los colegas que disfrutan compartir el debut de compañeros en esta clase de producciones en la Capital Federal. Presentado ya el contexto externo del glamoroso debut anoche en la sala porteña, obviamente hay que bucear en lo planteado ayer en este particular formato a tono con el fenómeno de los musicales que luce Buenos Aires, al cual se sumará en pocas semanas la versión teatral de “Rocky” protagonizada por Nicolás Vázquez. Aparece casi de inmediato una recomendación imprescindible: “Pretty Woman” en el teatro no se trata de una transcripción textual de la película al evento en un ámbito cerrado, sino la historia de aquél largometraje que marcó un antes y un después en las comedias románticas de los años ‘90s alrededor del mundo. Para que se entienda bien eso, sin dudas conviene antes de seguir en el análisis aclarar que cuando el guión de la película llegó a manos de toda la cúpula directiva de Disney, que había comprado los derechos para llevarla a la pantalla grande, la historia original terminaba con la prostituta Vivian Ward expulsada de un auto en un callejón oscuro y abandonado, segundos donde el empresario le arrojaba el dinero que ella había pedido por sus servicios. Tras el rechazo a ese duro desenlace de la actriz elegida, los guionistas trabajaron velozmente y reescribieron el libro de la película para dotarlo de un final obviamente muy feliz y de bastante color rosa.
Ya nadie se acuerda que en aquellos meses previos a la filmación, la búsqueda de la gran protagonista femenina había recaído en ignotas como Molly Ringwall o la ya fallecida Rebecca Schaeffer, casting donde se le ofreció el rol de Vivian Ward a enormes estrellas de la actuación como Meg Ryan, Michelle Pfeiffer, Daryl Hanah, Jodie Foster, Helen Hunt, Diane Lane, Brooke Shields y Sarah Jessica Parker, sin olvidar que Wynona Ryder, Jennifer Conelly, Drew Barrymore y Uma Thurman realizaron audiciones para el papel, aunque en ese momento todas estas eran muy jóvenes. En el caso del empresario Edward Lewis, la elección había caído en figuras como Christopher Reeve, Al Pacino, Daniel Day Lewis y Denzel Washington quienes recibieron el ofrecimiento y lo rechazaron, tiempos en los que hasta el mismísimo Sylvester Stallone estuvo propuesto para protagonizarlo y todo quedó en veremos cuando hubo consenso con Richard Gere, quien daba el fisique du rol justo para este desguazador de empresas que ganaba millones con la maniobra. Aquí en Argentina, para este reconocido musical, siempre el único nombre que figuró fue el de Florencia Peña, actriz que por su capacidad profesional podía encarar este desafío acorde a sus pergaminos después de protagonizar en todo el país “Mamma Mía”, el musical que recaudó millones y movilizó a numerosos espectadores a presenciar el clásico creado por los varones del grupo ABBA. En el protagónico masculino, los productores confiaron en Juan Ingaramo, actual pareja de la actriz Violeta Urtizberea, para asumir el difícil rol de Edwards Lewis, muy habida cuenta de su ascendente carrera musical pop solista con el respaldo de la productora internacional PopArtMusic.
Tras lo observado anoche, muchos elementos se aclararon con este chequeo de rutina de cómo quedaron las piezas del rompecabezas musical, un espectáculo creado por el exitoso artista canadiense Bryan Adams y el escritor Jim Wallace, hábil y talentosa dupla que en su momento debió asumir para este desafío, la imposibilidad de utilizar la mayoría de las canciones que sonaban de fondo en el largometraje, porque no encajaban con el propósito de crear un nuevo y frondoso territorio de composiciones para que las interpretaran los artistas teatrales bajo otro contexto escénico. Fue asi que los temas interpretados por un tropel de magistrales músicos como David Bowie, Go West, Robert Palmer, Peter Cetera, Red Hot Chili Peppers y el líder de “The Cars” voló por los aires, cuando el gran autor de aquél hit “Everything I do” debió ponerse a escribir nuevas canciones para el musical, una tarea donde Wallace lo ayudó a superar trabas que el proyecto generaba. Finalmente, esas canciones compuestas por el canadiense y su socio vieron la luz, las cuales sonaron firmes anoche cantadas en castellano por el elenco argentino. De todas esas joyas noventeras, un solo hit permaneció en el espectáculo porteño fuera del tema que da título al musical, una obra de Roy Orbison tan pegadiza como demoledora. Llega el odioso momento de poner blanco sobre negro en lo ocurrido ayer, cuando famosos y medios pusieron atención en la puesta creada por Ricky Pashkus, un prestigioso adaptador que mostró su vigencia antes a caballo del boom de “Mamma Mía” y que ahora salió a bailar con un recuerdo conocido.
Está claro que no son lo mismo los súper-hits de la película con el repertorio compuesto puntualmente por Adams, enorme diferencia que deben haber sentido los espectadores ayer cuando los artistas sobre escena cantaron temas inéditos que nadie había escuchado antes del estreno en la calle Corrientes. Para Florencia Peña ese compromiso fue mayor, pues no es lo mismo venir de un repertorio que vomita éxitos como las canciones que le tocaba cantar del grupo sueco en “Mamma Mía” que estos temas en otro formato y tono musical. El argumento del musical mantiene muchos puntos en común con lo que sucede en el largometraje, pero está claro que las escenas del film en la vía pública o esas tomas dentro del hotel cercanas al ascensor debieron ser adaptadas para los intérpretes, cuando por una cuestión de espacio físico o técnico, “Pretty Woman” perdió el glamour de esas manzanas de Hollywood donde transcurrían muchas escenas. Tras este recorte de sitios que el evento teatral no iba a poder recrear salvo con filmaciones, o el uso de proyección para ambientar esas situaciones que solo el cine puede mostrar. En un principio, muchos pensaron que el viaje de Florencia Peña y Juan Ingaramo a Hollywood caracterizados como la pareja protagónica serviría para generar videos aplicables al musical, pero nada de eso pasó y ambos solo hicieron varias fotos para la difusión del espectáculo, buscando mostrar el parecido de la pareja con los intérpretes del film norteamericano. Una pena, ya que con alguna proyección esas escenas le hubiesen dado un completo dinamismo a los tiempos del show cargado de muchísimos temas inéditos.
En lo escenográfico, la necesidad de reducir locaciones del film obligó a los productores a anular espacios de acción para intentar encastrar todo en la sala del Astral, circunstancia que obligó a colocar un piano de cola en el enorme dormitorio del pent-house, con el fin de evocar aquella gran escena del empresario tocando y su callejera sentada en la tapa del instrumento casi desnuda. La icónica imagen del auto Lotus Spirit cuando ella lo guía por las calles de Hollywood y comienzan a conocerse, mutó a una charla en la vereda de la esa galería de placas en el suelo recordando a las estrellas, donde las meretrices paraban para ofrecer sus cuerpos a los clientes de la zona. Muchos diálogos de ese multipremiado film desembocaron en el hall del hotel, el dormitorio del empresario y un escenario con carteles luminosos, donde los autores decidieron arrancar el musical. Había que achicar la cantidad de escenarios, porque ningún espacio teatral, salvo el Teatro Opera hubiese dado abasto con los requerimientos físicos del largometraje y así se llegó anoche a esta versión que finalmente debutó en el Astral.
En el guión y los personajes propiamente dichos, para sumar cuadros musicales, fueron cayendo algunos personajes que no sumaban realmente nada, pero sorpresivamente en un polémico gesto, los roles de empresario James Morse, dueño del astillero, encarnado por Ralph Bellamy y su nieto David (Alex Hyde White), quedaron configurados finalmente a un solo personaje. Para sumar cuadros musicales, los autores anglo del musical decidieron asignarle más protagonismo al manager del hotel Barney Thompson (Héctor Elizondo en el film), el botones del ascensor (James Patrick Stuart) y la amiga de la protagonista Kit de Luca (Laura San Giacomo), quienes en esta versión teatral tuvieron a los intérpretes locales Walter Canella, Mariano Condoluci y Alejandra Perlusky en esos roles, sumando canciones especiales y algunos pasos de comedia no existentes en el largometraje. Estos cambios no desmejoraron la esencia central de la historia, pero sí acotaron algunos tramos de lo estrictamente dramático, que debieron ceder lugar, algo que se caía de maduro, a la obligatoria presencia de situaciones cantadas por los intérpretes teatrales. Queda claro al advertir los cambios, que el riesgo de correrse de lo estrictamente conocido en el film, se daba como posible para ver algo diferente bajo este concepto autoral del largometraje.
En los cuadros de baile, muchas cosas inéditas gestadas en un night club hollywodense, un restaurant o la calle donde deambulan los turistas mirando a las prostitutas, sin olvidar el partido de polo al aire libre, tuvieron un equipo de bailarines y cantantes muy afiatados para marcar la dinámica de esas partes danzadas y cantadas en muy esperado tono Broadway. Dejando expuesto en esas dinámicas coreografías sus ascendentes pergaminos profesionales, la bailarina y coreuta Martu Loyato sobresalió claramente del elenco, una intérprete con una plasticidad poco frecuente y una entrega carismática, talento que le valió protagonizar dos escenas breves con la protagonista del espectáculo en un travelling trepidante donde sus pasos e intervenciones resultaron decisivas para llevar esas propuestas a buen puerto. Los escenógrafos apostaron a una estructura amplia de imágenes, pero en ciertos casos por un perfil de no expandir más de lo debido, circunscribieron las acciones a ciertos lugares que no habían sido los de la película, sin que esto afectara la continuidad argumental, mientras que desde lo técnico el show en el Teatro Astral sonó muy bien y ajustado al objetivo.
La pareja protagónica merece un párrafo aparte. Juan Ingaramo, renovado emergente del pop argentino, asoma cumpliendo muy bien con los requisitos de su papel, aunque si se hubiese teñido su cabello de gris las cosas habrían empalmado mejor con su coequiper en el proscenio. Con firmeza en los textos y gestos adecuados, el vocalista responde con gran eficiencia al desafío del papel, aunque en el debe quede que sabiendo tocar piano, no haya sabido aprovechar la escena donde termina de enamorarse de la prostituta, algo que en la película ocurría en el club del hotel y aquí en el dormitorio del pent-house. Respondiendo con efectividad, pero sin lograr la esperada adecuación que insufló a ese personaje el magistral Richard Gere, el cantautor argentino resuelve el desafío con simpatía, aunque en el final del evento olvide ponerse las rosas en la boca para subir la escalera en la que recuperará el amor de su mujer soñada. Florencia Peña afrontaba hasta el estreno un papel difícil, más cuando todos no olvidaron recordarle que la protagonista del film era mucho más joven que ella, algo que no se percibe aquí en este formato musical. Exponiendo su conocimiento y formación, la exitosa actriz de “Casados con hijos” vuelve a responder con talento y sapiencia al papel que le toca, ofrendando con pasión y gran entrega física incansable, una respuesta emotiva a ese rol. Tal vez exagerada en sus modismos cuando conoce al afiatado empresario, equivoca un poco al mostrarse tan canchera frente a ese potencial cliente, cuando Roberts seducía desde cierta ingenuidad maternal, mientras que su colega argentina emitiendo un pack de frases o respuestas porteñizadas, corren de color la gracia que tenía el papel de la pelirroja en el exitoso largometraje.
Florencia Peña en “Pretty Woman” muestra su inocultable capacidad para protagonizar un musical con estas características, pero resulta cuanto menos sorpresivo que a la hora de asomar en la lujosa bañadera del pent-house cantando con auriculares, decida masacrar la letra del megahit “It Must Have Been Love” (Roxette), que va en el final de la historia, cuando la brillante actriz norteamericana en esa misma toma acuática cantaba algunos compases del hit bailable “Kiss”, el esplendoroso clásico de Prince. El perfil musical de la obra en el Astral no es un detalle menor, puesto que la canción del grupo sueco Roxette en la película guardaba muy íntima relación con la separación de la pareja tras el acuerdo pactado, tema que suena farullado erróneamente por la protagonista al inicio en la escena ya comentada y bastante tiempo más tarde en el segundo acto, cuando un pianista de la orquesta toca unos pocos acordes. Lo polémico sucede justo en el final del espectáculo, cuando “Pretty Woman”, el clásico de Roy Orbison, arranca en el cierre coral como poderoso rock pero segundos más tarde abandona ese perfil para caer en un arreglo más cercano a “La Bamba” que al machacoso riff del recordado integrante de los “Travelling Wilburys”. Por suerte, son detalles que con el paso de las funciones podrán corregirse si hay buena voluntad y memoria de los arreglos genuinos de esa inolvidable canción. Lo que no tiene arreglo es la ausencia del hit del grupo europeo (Roxette), pues el tema de los intérpretes suecos solo aparece ahí en esa broma y en una mínima insinuación de la orquesta minutos más tarde, lo que lleva a pensar que sumarlo al evento hubiese costado sus dineros por los obvios derechos de autor de dicha canción.
En definitiva, “Pretty Woman” asoma como un musical entretenido para el espectador que sigue los proyectos de Florencia Peña respaldada por el talentoso director musical Ricky Pashkus, dupla que podría encarar en el 2027 una renovada versión de Chicago luego de haber adquirido los derechos de ese musical. El afiatado productor sabe ajustar las clavijas para lograr un producto artístico ameno y entretenido, una propuesta a la que de nuevo conviene remarcar que no se trata de una película adaptada al teatro, sino una divertida propuesta teatral que luce muy inspirada en el guión de aquella realización cinematográfica que se convirtió lentamente en un clásico del séptimo arte. Este gran emprendimiento conjunto de Pardo Producciones, Espectáculos Gallo y El Teatro Astral se configura en uno de los esperados espectáculos que concita la atención de la actual temporada, respondiendo positivamente a las expectativas desatadas acerca del mismo, una mirada teatral a esa batallada película que jamás cansa verla en la televisión, celular o smart tv de turno, principalmente por la magia de aquellos protagonistas que al momento de estrenarla, jamás imaginaron que 35 años más tarde mantendría su vigencia, seducción y monumental impacto. La comedia romántica, mientras las nuevas generaciones parecen entretenerse con aquellos relatos de mundos distópicos tan apoyados por el marketing, se mantiene viva con estos clásicos que pasados al teatro siguen emocionando, en esa batalla de conseguir al deseado amor de nuestras vidas, mientras un muy pegadizo riff de guitarra rockera golpea firme y duro en nuestro estómago.