The Pretenders cerró anoche en el Movistar Arena, una magistral secuencia de conciertos extranjeros producidos por la firma Ake Music en Argentina en tan solo tres semanas

La banda de la veterana guitarrista, cantante y compositora Chrissy Hynde regresó a este país tras su primer show en marzo de 2018 como número de apertura a Phil Collins, gran noche para los amantes del rock mucho más cercano al post punk y la new wave.

 

 

(Capital Federal – Viernes 16 de Mayo de 2025) Buenos Aires, pero más precisamente la Capital Federal vive insólitamente por estas horas una inédita crisis de estadios o lugares de conciertos, curioso problema que debió afrontar la exitosa productora Ake Music a la hora de establecer un sitio para el show del gran grupo norteamericano “The Pretenders”, banda que terminó tocando en un lugar que sin dudas le quedó bastante grande para la habitual cantidad de seguidores que suelen seguir a este conjunto. El estadio Obras desde las remodelaciones de acustización antes de la pandemia finalmente quedó al borde de los 4500 espectadores, el Auditorio Sur es un estadio muy lejos de la actividad porteña y su contexto edilíceo deja bastante que desear, mientras que otros lugares al aire libre durante otoño e invierno resultan impracticables para su utilización, por la inevitable adversidad climática de sus temperaturas durante la noche. Por eso para los productores, hoy el gran problema es tener previsto un espectáculo para 6000 o 6500 personas, porque el único lugar donde realmente un show de esa cifra de asistentes rendía en plenitud era el Luna Park. Este estadio que durante muchos años estuvo regenteado por Tito Lectoure y luego por su hermana Ernestina, a fines del 2024 luego de una licitaciòn fue dado en concesión por la Soledad Salesiana y el Arzobispado de Buenos Aires a la conocida productora DF Entertainment. Como surgieron problemas entre lo legislativo y los diseños que fueron presentados, incluyendo la habilitación para una demolición interna muy discutida, ese lugar actualmente no está disponible, amén de los reclamos vecinales para que el “coliseo de box” no sufra esa clase de mutaciones arquitectónicas, por lo cual en ese laberinto de problemas, la música hasta nuevo aviso perdió un importantísimo court para realizaciones musicales.

A la productora Ake Music no le quedó otra que utilizar el Movistar Arena, un moderno y complejo espacio creado con todas las normas técnicas del nuevo milenio diseñado para 15 mil espectadores, un sitio que duplica el promedio de asistentes habituales de la banda liderada por la veterana artista de los Estados Unidos. Ante este contexto operacional, el talentoso empresario Aquiles Sojo prefirió no sacrificar la calidad de ámbito y estructura técnica que posee el court inaugurado a fines de 2018 en Villa Crespo, utilizando para el recital de “The Pretenders”, el formato de “Stadium B” (el formato B del lugar), con una capacidad estimada en 8000 espectadores, un poco más de lo que lleva una formación de estas características, situación que deparó cierta desigualdad operativa porque cercana a las 21:00 horas, anoche ese espacio reformateado sin la segunda bandeja de plateas altas lucía con unos pocos claros, y algunas filas vacías al fondo del campo sentado. Esta muy claro que más allá del prestigio que tenga “The Pretenders”, este grupo que acumula 48 temporadas de conciertos no tiene en Argentina una audiencia excesivamente numerosa a esta altura de su carrera, tomando en cuenta que como tal, recién vino hace siete años y nó como número principal, cuando tocó en el Campo de Polo de Palermo en el 2018 antes de la despedida mundial de Phil Collins de los recitales. Muy cerca de las veinte y cuando el clima tampoco ayudaba mucho con el inicio de una fuerte llovizna, había apenas unos  5700 asistentes y en esos 60 minutos previos al arranque, llegaron al moderno court solo unas seiscientos personas más, dejando en claro que el show transcurriría en un espacio algo despoblado para lo que es el total permitido por el diseño autorizado oficialmente.

Con menos estructura de empleados en los ingresos por el volumen de tickets vendidos y el arribo de la mayoría bastante antes de lo previsto, la gente escuchó a un grupo local que abrió el evento, una insulsa banda que solo tocó por legislaciones vigentes para esta clase de espectáculos, aburriendo sobremanera al público, que miraba a sus costados notando la ausencia de gente en diversos sectores mientras llegaba el inicio del concierto central. Sin perder un segundo y ciñéndose al protocolo previsto, se escucharon algunos acordes del tema “Shiftting Gears”, de la película “Bullit” protagonizada por Steve Moqueen, tras lo cual emergieron al escenario todos los músicos para iniciar su esperada presentación en la Argentina. Hoy “The Pretenders” está integrado por el bajista Nick Wilkinson, Martin Chambers en la bateria y James Wallbourne en la guitarra líder, acompañando a Chrissy Hynde en la voz principal, guitarra rítmica y armónica. Esta banda no tiene teclados ni otra clase de instrumentos, por lo cual si no hay un engranaje correcto entre sus partes después de un cierto período de tiempo de ejecución y buenas ideas creativas, las cosas pueden volverse un poco monótonas. El cuarteto de rock rinde si la arquitectura central de sus canciones resulta original, renovada y dinámica, algo que aquí no ocurre demasiado, en post de permitirle al “guitarrista estrella” un lucimiento que a juzgar por lo sucedido, asoma en la ocasión totalmente excesivo. Sin embargo todo eso no opaca el espectáculo, centralmente porque la que provoca sin dudas la emoción más importante en este show es la mismísima anfitriona, ofrendando con su conducta con la audiencia y centralmente por sus maravillosas cualidades vocales, esa onda que requiere de su presencia. Para mal de males, la ausencia de público en ciertos sectores del estadio complica el sonido, porque en la cabecera opuesta comienzan a escucharse fuerte los ecos de la batería interpretada por Chambers, molesto rebote ocurrido porque los golpes no tienen contra que amortiguarse.

La primera mitad del concierto transcurre con mucha parsimonia con los flamantes tracks relacionados con sus publicaciones más recientes, secuencia donde desfilan canciones con muy distinta intensidad como “Hate for Sale”, “Turf Accountant Daddy”, la añeja “Kid” y “My City Was Gone”. Hynde se acerca lento al micrófono y recuerda al fallecido músico Johnny Thunders, a quien dedica el tema “The Buzz”, un desfile de obras que tienen al guitarrista James Wallbourne aprovechando cada parte de las canciones que reclaman el solo de su instrumento. Al principio con cierta humildad, conducta que lentamente se va esfumando apenas gana en confianza, transformación que torna a esa parte de los temas en una situación incómoda, porque el guitarrista se olvida que la canción es mucho más al fin de cuentas que ese lucimiento personal. Haciendo canchereadas como correrse hasta el borde del escenario y mostrar su instrumento a las tribunas, volver de manera imprevista y seguir haciendo más monigoteadas por más que toque muy bien, el asunto pasa de leve a muy pesado. Sumando a esa torpe grasada egocéntrica de creerse el dueño de la fiesta, alcanza niveles insoportables cuando imita el mítico paso de Chuck Berry mientras luce unos brillantes zapatos blancos…cinco números más grandes que su verdadero tamaño. Circense e insufrible, igual recibe segundo a segundo el apoyo de su contratadora, quien prefiere esa paupérrima exteriorización, a tener que tocar con nuevos músicos a esta altura de su muy desgastada carrera.

Encarando un rock sin demasiada arquitectura innovadora, lo más sorprendente es como canta Chrissy Hynde, dejando en claro que su garganta está perfecta, mostrando en buena parte del listado de canciones que los años no han pasado para esa voz muy propia de una soprano y no de una rockera con bastantes guerras sobre sus hombros. Pasan canciones de distinta intensidad eléctrica en vivo como “Private Life”, “Boots of Chinese Plastic”, “Thumbelina” y “Talk of the Town”, mientras el público celebra entusiasmado un show contundente con  mucha energía y buenos arreglos. Sin embargo, la ausencia de ciertos sonidos que podrían colorear estas canciones le quita variedad al clima interpretativo, tales como un sintetizador o un pedal steel, una reducida economía interpretativa donde muchos temas lucen en el show tan parecidos entre sí por esa ausencia de una disparidad de lo estrictamente rockero. En esta abúlica fórmula de interacciones sujetas a un libreto operativo, la llegada de “Back on the Chain Gang”, literalmente luce como un tema más dentro de la lista y no como un famoso clásico rockpop que siempre despierta ovaciones del público en los conciertos. Dejando que su guitarrista siga ajeno al evento y despliegue solos más pirotécnicos que musicales, Chrissy Hynde se refugia callada muy cerca de su baterista, momentos donde el trío concreta base, ubicados muy alejados de este insufrible violero ubicado casi en la punta opuesta del extenso escenario.

La segunda decena de composiciones depara canciones como “Don’t Cut Your Hair”, “Junkie Walk” y “Let the Sun Come In”, mientras el público mira permanentemente el escenario ante la ausencia de pantallas arriba del mismo. Finalmente llega “Don’t Get Me Wrong”, la canción más conocida de la artista, obra que a esta altura depara que muchos la encuadren en una de las tantas personas del esclavizante “One Hit Wonder”, canción que despierta a la audiencia y la lleva a pararse, cantar, moverse y por supuesto filmar o tomar fotos con sus celulares. Termina el tema y se escucha la única ovación de la noche, en un recital que recupera luego cierta linealidad con “Time the Avenger”, “Night in My Veins”, “Middle of the Road” y “Message of Love”, con estado de ánimo muy aplacado a excepción de “Forever Young”, ese cover de Bob Dylan que rompe con la monotonía que exhala la banda en ciertos pasajes, confiándole el protagonismo del recital a Wallbourne, un guitarrista prestigioso pero muy excedido de áreas individuales dentro de un repertorio al que le faltan otros hits, incluído “Brass In Pocket”, bella canción que la veterana dueña del conjunto decidió en la post-pandemia marginar de los listados de concierto sin ofrecer explicación alguna al respecto.

En los bises, nada fuera de lo habitual. Llega “Stop Your Sobbing”, canción del grupo “The Kinks”, en el cual militó su ocasional esposo Ray Davies, con quien tuvo una hija, un tema sin demasiado brillo ahora en la consideración general. En el desenlace lo que más sobresale es la voz de la cantante, sin dudas hipnótica y conmovedora, tomando en cuenta que la vocalista roza las siete décadas y media de vida con una áspera turbulencia de sus tóxicas relaciones dentro y fuera del escenario. Después de “Tattooed Love Boys”, deja su guitarra Telecaster y canta muy al frente “I’ll Stand by You”, definitivamente uno de los momentos más emotivos e impactantes del show. En el segundo bloque de bises, Chrissy algo cansada entona “Precious” y muchos deciden en ese instante abandonar el estadio, cuando la medianoche está muy cerca y el tránsito amaga con complicarse, tras la potencial salida de las 6000 personas reunidas dentro del estadio en el final de la jornada allí en Villa Crespo. A esa altura del entretenido espectáculo, la añeja líder Chrissy Hynde capitaliza sin dudas todas las miradas y la atención del show, un recital festejado por sus acérrimos fans que cierra con esa rockera parsimonia del último seudo-hit, mientras nadie pide canciones extras en un court absolutamente despoblado a más no poder al filo de las 23:00 horas. Minutos después, ya con la mayoría afuera, la lluvia toma el protagonismo en la ciudad y muchos buscan donde cenar tras un recital entretenido que no lució todo lo debido, especialmente por el ámbito en el cual transcurrió la segunda visita del conjunto norteamericano, un recital con buenos temas en un listado algo desprolijo y caprichoso.

El concierto ofrecido anoche por “The Pretenders” en el Movistar Arena cerró una gran secuencia de espectáculos extranjeros desarrollados por la productora Ake Music, firma que el sábado 26 de abril organizó el gran festival “Masters Of Rock” con los recitales de “Europe” y “Judas Priest”. Tras esa muestra del género duro en Tecnópolis, los amantes del rock del viejo milenio disfrutaron primero de la gran actuación de “Simple Minds” en el Movistar Arena el jueves 1 de mayo. Apenas 24 horas más tarde, otra multitud tuvo la oportunidad de disfrutar del deslumbrante show de “BEAT”, una formación con leyendas de “King Crimson” tocando el glorioso repertorio de los años ‘80s. El jueves 8 de mayo los seguidores de “Foreigner” tuvieron la chance de ver a la mitológica banda que marcó la escena con temas lentos inolvidables, recital en Tecnópolis que contó con la presencia del recordado cantante Lou Gramm. Estas seis presentaciones fueron espectáculos top que recibieron excelentes críticas de medios y muy buena respuesta de público. La cartelera que contempla Ake Music, firma liderada por el empresario Aquiles Sojo, incluye para las próximas semanas dos recitales del músico inglés James Blunt los días 9 y 10 de julio en el Teatro Gran Rivadavia, el regreso del trío operístico lírico “Il Volo” el 14 de octubre en el Movistar Arena y luego siete conciertos de la artista local Tini Stoessel, evento global que transcurrirá en Tecnópolis en varios escenarios montados desde el 24 de octubre hasta el 8 de noviembre, esperados shows obviamente con localidades totalmente agotadas.

Fotos Show  «The Pretenders» en el Movistar Arena:Prensa Vicky Roa 2025 (Ake Music)