El joven nacido en Tidworth ofreció en el Luna Park un show guionado de principio a fin que solo celebraron sus histèricas seguidoras, espectáculo que marcò el descuidado paso del “Moonlanding SouthAmerican Tour 2015”por nuestra nación.
Por Gabriel Imparato
(Capital Federal–Lunes 16 de Marzo de 2015)A solo siete días del paso de la británica Joss Stone por nuestro paìs, nuevamente el estadio Luna Park se vistió operativamente en sus estructuras para un concierto con una audiencia diametralmente opuesta. Plagado casi en un noventa por ciento de mujeres cuyo target oscila entre los 17 y 40 años, muchas con un perfil social de clase media-alta o algo màs, la audiencia aguarda histèrica y nerviosa a su estrella matizando la espera con un carrousel de selfies que a juzgar por las imágenes obtenidas bien podrían ser de un show de Pocho La Pantera o la última defensa del título mosca de Omar Narvaez en el cómodo coliseo de box porteño. Ellas llegan a horario casi con el inconsciente temor de perderse algo por tratarse de un domingo, pero anticiparse al horario principal de concierto les juega en contra. Arriba del escenario estarà casi treinta minutos la banda local“Foxley”, fallida cruza genética de Turf y Banda de Turistas que en pocos segundos confirmarà que lo suyo lamentablemente no es la música. Con un cantante anticarismàtico que afina mal esa metalicoide garganta propia de sorteos de bailanta en algún tinglado, las espectadoras ignoran de cuajo al opening act, mientras algunas aplauden tibiamente para que los ubicados sobre el proscenio no salgan por la puerta de Madero directo al riachuelo a fin de hundirse y asì salvar el futuro de lo que quede de la música pop.
Esta gran convención de post adolescentes, oficinistas y esposas con licencia para utilizar la libertad operativa que algunos maridos futboleros conceden el domingo a la tarde, están listas para esa fiesta donde todo de principio a fin està planificado por su anfitrión, velada en la que las calculadas baladas arrasan impiadosas por goleada,convirtiendo al estadio en una enorme tostada humana donde los ingleses depositaràn una incalculable mermelada musical que empalaga a los pocos segundos. James Blunt, el soldadito pop que dispara al público su arsenal de lentos con esa voz nasal con algunas fibrilaciones metàlicas propias de Robin Gibb, tiene ganada la partida desde el vamos con su look de rubio carilindo que la va de perdedor para ganarse de pobretón a las màs buenas. Sentado en su pianito negro que al final del show cubrirà obviamente con una bandera argentina que le arrojan, encara su faena sin correrse medio centímetro del libreto de este“Moonlanding Tour”, un artista que no se aparta del patrón de moda, lindante a las conductas de Cris Martin(Coldplay)o la versión local encarnada por Axel, quien al menos musical y humanamente ofrece todos sus recursos con un eclepticismo compositivo que agradecen sobremanera tanto sus fans o los ocasionales espectadores.
La lista de temas es esencialmente la misma que aparece en el dvd en vivo que acompaña la edición de lujo del último disco“Moon Landing”, publicación que defiende bastante los cascoteados pergaminos de un intèrprete que cada vez arriesga menos abroquelándose en un planteo especulativo sin fin, con esas baladas que las emisoras FM agradecen felices una y otra vez por abastecer sus devaluadas señales moduladas. James ya vino tres veces a la Argentina y su castellano“for export”pelea cabeza a cabeza con Anamà Ferreyra, una postura ceñida a esa correcciòn política que cualquier astro pop debe ostentar para sostener sin deterioros la continuidad de un público totalmente carente de exigencias. Sus músicos lo acompañan correctamente durante esas dos horas de concierto, sin opacar al anfitrión, quien intercala el piano y la guitarra acústica mientras los carísimos smartphones de todas allì encandilan los lentes de las cámaras que retransmiten el concierto a las pantallas. Los temas pasan uno detrás del otro,ceñidos a una letal monotonía e intrascendencia donde los minutos parecen congelados demorando el desenlace, mientras algunos generosos novios que accedieron a acompañar a sus platinadas parejas, piden desesperados la hora como el Boca de Daniel Osvaldo frente al humildìsimo Defensa y Justicia.
Algunas proyecciones, una puesta lumínica sin demasiada pretenciòn y un listado que no sufre ninguna modificación en el orden de las canciones, es la previsible estructura de una velada donde todo luce imperturbablemente plastificado hasta la medianoche. Desde una obvia reunión del artista con sus màs acérrimas seguidoras en un meet and greet que se extiende màs de lo debido antes del concierto, hasta la planificada corrida que James se permite hacer a mitad de show por los pasillos entre sus seguidoras deambulando como Macaulay Culkin en “Mi Pobre Angelito 1”para delirio de las chicas màs nerviosas, la fiesta està programada como el timmer de un micro-ondas para activarse y cerrar su circuito en un determinado momento de la noche. El excelente audio que convierte al recital en un cd inmaculado de cuidadísima definición, es la cubierta de un ansiolítico sonoro que paulatinamente dejarà planchadas a todas las espectadoras cuando treinta minutos antes de la medianoche, todo regrese a la calma con el artista saludando con la camiseta argentina, la bandera sobre el pianito y los costosos celulares fusionados en un orgasmatròn electrónico donde aquellas imágenes poco difieren del anterior paso del inglès por Buenos Aires.
James Blunt en una conferencia de prensa realizada en un local de electrodomésticos en la peatonal Florida hace pocos años había anunciado su deseo de no dormirse en los laureles alcanzados, pero esa promesa en el bidet musical fenece desde el inicio del concierto, una performance donde los sentimientos están exagerados a màs no poder para deleite de esas guapísimas oficinistas que descargan su adrenalina gritándole guarangadas al inglès, que concentrado en un planificado plan para no cansarse, cabecea cada gansada emitida. Para el final Blunt obviamente se guarda su ojiva atómica baladìstica, con el triunfal arribo de “You Are Beautiful”, joyita pop de casi cuatro minutos que cumple su objetivo poniendo al estadio en un dudoso extasis artificial donde la música parece emerger de un programa electrónico sin oscilaciones o insospechados pifies de ejecución. La fiesta en el estadio de box con todas las espectadoras nada difiere de lo que podría ser una despedida de soltera en un night club, con histeria, enajenadas paradas sobre las butacas, fotos, fotos, fotos y màs fotos de pobrísima definición desde los fonitos de moda, mientras el soldadito pop no se inmuta con su pólvora baladìstica bastante rancia a esta altura de su carrera.
Lista de canciones: 01.Face the Sun // 02.I’ll Take Everything // 03.Blue on Blue // 04 Billy // 05 Wisemen // 06.High // 07.Carry You Home // 08.Smoke Signals // 09 Satellites // 10.These Are the Words // 11.Postcards // 12.Goodbye My Lover // 13.Coz I Luv You // 14.Heart to Heart // 15.Same Mistake // 16.You’re Beautiful // 17.So Long, Jimmy // 18 Stay the Night // 19.Bonfire Heart // 20. 1973 (Estadio Luna Park – 5000 asistentes)




