La reciente vuelta de los hermanos Gallagher juntos en vivo es una gigantesca falta de respeto para sus más antiguos fans, pero el documental sobre este regreso en vivo, ingresa en el terreno de los peores bochornos fílmicos de música en los últimos 60 años.
(Capital Federal – Domingo 20 de Septiembre de 2026) Si todavía alguien a esta altura de las circunstancias se pregunta porque volvió “Oasis” a 16 años de la dramática crisis que terminó con una guitarra de Noel rota en Francia y dos hermanos enemistados a muerte, cuando en 2009 los conflictos escalaron a un nivel sencillamente insoportable, lo último que alguno podrá creer es que los “hermanos Macana” se extrañaban tanto que finalmente se rindieron a esa necesidad emocional. Ese año, el legendario grupo inglés se presentó en el viejo formato del estadio River el 3 de mayo, dentro de la gira “Dig Out Your Soul”, un tour que finalmente semanas más tarde quedaría inconcluso sembrando ese silencio que se ha prorrogó por más de una década y media. Acá no hay melancolía, tristeza o algún sentimiento de profundo desapego, por más que de la dupla siempre fue el cantante Liam el más interesado en recomponer el vínculo con su hermano. Los coqueteos del vocalista para firmar la paz siempre estuvieron a la orden del día, testimoniados en diversas notas y entrevistas que el músico concedió alrededor del mundo, pero del otro lado el rechazo al regreso de la histórica banda de brit-rock chocó con el hartazgo del hermano mayor para ese deseado encuentro por millones de fans. La vuelta de “Oasis”, un grupo que marcó en la música de fines del viejo milenio un antes y después, ocurrió por el único motivo que tiene el poder de modificar las cosas por sobre lo que dicta el corazón: el dinero.
Para el ciudadano promedio, un divorcio puede afectar un domicilio compartido, un auto y la tenencia de los hijos, amén de alguna otra propiedad y cierto dinero colocado en un banco puesto a plazo fijo. Pero cuando quien se divorcia es un artista que ostentaba una cierta fortuna pero no brutal en ceros del lado derecho, esa situación colocó a la estrella involucrada en el paradigma financiero de abogados e incontables colaboradores para que el daño patrimonial de la separación no dejara un agujero más grande que la caída de las Torres Gemelas. Cuando Noel Gallagher tomó la decisión de separarse de su primera esposa Meg Mathews, persona con quien convivió entre 1997 y 2001, “Oasis” recién la empezaba a levantar en cantidad y empezaban a verse números destacados en su creciente contabilidad, pero claro, sin la firme grandilocuencia que terminarían generando hasta ese fatídico año 2009, cuando una tarde en suelo galo, la insufrible histeria entre hermanos provocó un colapso sin retorno.
En 2023, después de vivir juntos 22 años y no poder solucionar desafortunadamente un desgaste emocional severo, finalmente el guitarrista Noel Gallagher entendió que debía separarse de Sara MacDonald, quien fue su esposa por más de 12 años, eso provocaría además de una profunda depresión anímica, un impacto sencillamente brutal en su fuerte estructura patrimonial. La separación con esta dama en primer lugar deparó un acuerdo por 26 millones de dólares para su ex-esposa, perder de inmediato la mansión ubicada en Hampshire valuada en 8 millones de libras y voluminosos gastos para todos sus letrados también en una cifra bastante elevada, porque gratis no esquilman a las dos partes ni por casualidad.. Decirle adiós operacional a la madre de Donovan y Sonny para rehacer de a poco su erosionada vida sentimental le insumió, monedas más, monedas menos, una suma cercana a 50 millones de dólares, perforación financiera realmente muy lascerante para su exitosa economía, tras los míticos años de gloria con su hermano y otros colegas. Consciente o inconscientemente, el mayor de los Gallagher sin pensarlo inicialmente, se puso a analizar cómo podría recuperar semejante pérdida económica, tras ese multimillonario divorcio que deglutió un pedazo de su enorme patrimonio en cuestión de segundos. Está claro que cada persona, mientras no infrinja leyes o incurra en conductas delictivas, tiene todo el derecho de buscar la forma de mejorar su economía siempre que cumpla con las leyes habituales para todos.
En enero de 2023 y sin demasiadas ganas de desarrollar otro disco solista, harto que todos los fans o ejecutivos le quemaran la cabeza y desmotivado por un reconocimiento que jamás estuvo a la altura de lo alcanzado con su banda hasta aquél fatídico atardecer francés de 2009 cuando agarró todas sus cosas y se marchó en un vuelo privado a Inglaterra, Noel Gallagher por primera vez en esa década y media de silencio oficial con su hermano, por primera vez no mostró un gesto facial de iamgen anal sobre volver a reunirse con Liam. Estaba claro que recomponerse de esa demoledora pérdida patrimonial ocurrida en semanas significaba fumarse el desgaste de un tour multitudinario, con un duración no inferior a tres años, donde los compromisos comerciales paralelos para generar nuevos ingresos con sponsors con billetera elocuente, lo llevaría realizar una campaña de marketing, bastante desacostumbrada para esos años en donde con los “Hygh Fliynd Birds” no hacían ni el 1 por ciento de las notas que tendría que concretar si el proyecto se formalizaba. Pues bien, cuando los anales rememoren sin muchos cabildeos porque “Oasis” pisó el escenario del Club Cardif el 4 de julio de 2025, habrá que darle las gracias a Sara MacDonald y sus abogados, quienes sin proponérselo activaron la vuelta de un conjunto que sus cascoteados fans venían pidiendo desgastados por ese milagro de verlos juntos de nuevo sobre un escenario. “Oasis” volvió porque la fuerte necesidad de mejorar las finanzas de ambos personajes, ya que tampoco Liam era un gran facturador solista, hizo crujir esa consistente obstinación, tiempo donde el público jamás estuvo al tanto de las incontables y cruciales negociaciones para gestar este devaluadísimo regreso.
La gira “Oasis ‘25” empezó el 4 de Julio de 2025 en la localidad de Cardif y terminó en esta primera etapa el pasado 23 de noviembre en el Estadio Morumbí de San Paulo, tour con un total de 41 conciertos, once países visitados dentro de un vector global que abarcó Europa, América, Asia y Oceanía. Conviene recordar que la gira “Dig Out Your Soul Tour” que arrancó en 2008 y se cortó en 2009 tuvo bastantes fechas, pero nó la cantidad que ahora estos intérpretes aceptaron realizar. Para facturar mucho, sin dudas, hay que tocar mucho, más de lo habitual y entonces el grupo se convierte en un flete o vulgar auto de aplicación, con sus “choferes interpretativos” muy cansados entre fecha y fecha, rutina que desnaturaliza cualquier simpatía que provoque volver a subirse a un escenario tras un lapso de 16 años sin realizar esta experiencia grupal. En la última gira oficial del grupo en el año 2009 “Oasis” tocó en la «vieja cancha» de River el 3 de mayo, álgidos tiempos donde esa banda ya no tenía todo su recordado staff de integrantes fundadores, pero todavía se las ingeniaba para cumplir con su objetivo, pero tampoco los ingleses te rompían de pleno la cabeza. Liam y Noel ya empezaban a mostrar sus primeras rabietas ególatras, tiempos en los que muchas veces el escenario parecía un evento con “panelistas” interpretativos en la suya, sin prestarle demasiada atención a lo que sucedía a su alrededor. Aún asi, la gente de esa noche jamás olvidará la versión de “Don’t look back in anger” que hicieron con una propuesta de arreglo bastante acústica, donde toda la audiencia cantó hasta dejar a Noel al borde de las lágrimas por una afinación y sincronismo sencillamente de otra galaxia.
La gira 2025 le planteó al mayor de los Gallagher el enorme desafío de armar una banda que estuviese no solo a la altura de las circunstancias, sino que pudiese rendir actuando en gran cantidad de ocasiones. De la mítica formación del 2009 sobrevivieron Gem Archer, guitarrista aceptable pero sin demasiado brillo y Andy Bell, un bajista sin demasiadas luces creativas que asumió ese puesto en 1999, cuando la banda de la tourneé “Be Here Now Tour” provocó la partida del power trío que acompañaba al encumbrado grupo. El tecladista Mike Rowe, un especialista en respaldar al conjunto, sobrevivió después como encargado de esos instrumentos haciendo esa función en la banda “High Flying Birds” de Noel en las siguientes temporadas y cualquiera suponía que conservaría su puesto en este extenso conglomerado de recitales. Demás decir que ahora cuando se ensambló el conjunto para la gira 2025 “Solo lo hacemos por el dinero que necesitamos World Tour”, el encargado de las teclas desapareció de la lista de convocados, de la misma forma que hace unos meses Mauro Dybala fue alejado de la recordada “Scaloneta” campeona en 2022. En su lugar ingresó Christian Madden, un instrumentista de esos sintetizadores con pocos o nulos pergaminos, que se ve que no cobraba mucho para apoyar con sus aparatos este andamiaje musical. Hubo dos novedades en el resto de la banda para esta gira; primero la previsible ausencia de Zak Starkey, hijo del beatle Ringo Starr, con quien los Oasis en un momento de su carrera terminaron casi a las trompadas, puesto de baterista que para este regreso cayó en las manos y pies de Joey Waronker, un horrible instrumentista norteamericano sin demasiados pergaminos, quien finalmente en vivo demostró no solo que el difícil puesto no solo le quedaba grande, sino bastante alejado de sus condiciones. La poderosa sorpresa que los hermanos Gallagher tenían guardada en un cofre de nueve llaves, era la vuelta de su añejo violero fundador Paul “Bonehead” Arthurs, un artista de las seis cuerdas que aguantó como pudo a los “hermanos Macana” hasta principios de 1999 y tomó la decisión de no seguir más con ese tandem ingobernable. Lo mismo harían con diferencia de tiempo el brillante bajista Paul McGuigan y el despampanante batero Alan White (quien no tiene nada que ve con el ya fallecido instrumentista del super grupo “Yes”).
Si uno pensaba que “Bonehead” en una tercera guitarra sumaría más poder, consistencia y fuerza, el chasco de verlo en vivo, ahora totalmente oxidado y sin los destacados recursos que lo convirtieron en una pata clave del por entonces quinteto a fines de los ‘90s, resultó una patada en la entrepierna que todavía le sigue doliendo a los verdaderos fans del grupo cuando ese viejo milenio comenzaba a despedirse. Para los argentinos, una comunidad de destacados fans que agotó las fechas de los días 17 y 18 de marzo de 1998 en el ahora clausurado court del estadio “Luna Park” en pleno barrio de Retiro, el paso del “Bed Here Now Tour” fue lejos lo mejor que les pasó en la vida hasta ahora, porque las siguientes visitas de “Oasis”, a pesar de conservar la energía y gracia como intérpretes ensamblados, jamás tuvo aquella “magia” de sus primeros tiempos. Ya por entonces el duelo entre Liam y Noel ocupada en los titulares de los matutinos bastante más espacio que las críticas de los shows o discos, amistad que comenzó a fracturarse en Argentina durante marzo de 1998, cuando Liam decidió irse de la conferencia de prensa en el piso 24 del “Salón Tronador” del Sheraton Hotel, rompiendo los espejos de uno de los seis ascensores que esa edificación tiene en su cuerpo central, a todas luces la primera baliza que el éxito de su segundo álbum y las ácidas críticas ambivalentes del tercero habían pegado en la quilla del conjunto, aunque no lo hiciesen público. Ahora “Bonehead”, lejos de ser un equilibrador en medio de los músicos, es un fanfarrón que se permite tocar con desdén y hacer muecas de estúpido geronte pasado de bríos con algún brebaje etílico.
El reciente estreno hace pocos días de la flamante película documental “Oasis: Don’t lock back in anger” creada por el guionista Steven Knight que tuvo a los directores Dylan Southern y Will Lovelace detrás de las cámaras filmando todo lo que el grupo les permitió registrar, deja en claro a los pocos segundos una cruel y patética realidad. La firma “Disney +” no tiene la culpa que el film original de “Hulu” sea una bazofia sencillamente insufrible, material que sus vulgares realizadores decidieron armar como un patético panfleto que parece de a ratos más un comercial de una exitosa empresa deportiva con sus tres tiras. Los “Oasis” y su nuevo equipo y numeroso staff de marketing trabajaron muy pero muy bien, porque la gira y su consiguiente película testimonial sin dudas no está pensada en los que vieron al conjunto en su esplendor, sino en apuntar a las más jóvenes generaciones, esas que tras conocerse la noticia, inmediatamente compraron todo el merchandaising de remeras y el infaltable gorrito playero con el nombre del conjunto y las tres tiras de la empresa auspiciante. El público joven que nunca los vio, tal vez porque recién habían nacido algo antes de la fecha en que la banda paró sus motores hasta el año pasado, jamás disfrutaron de ese súper grupo que peleaba el cetro del “Brit RockPop” y que hoy es un fantasma de sí mismo dando lástima en cada canción que tocan sobre un escenario. Hay dos aspectos que sobresalen en el espantoso documental que los argentinos pueden ver hace varios días en los cines sin cortar muchos tickets, uno vinculado a la relación de los hermanos Gallagher y otra sobre el perfil de como mostrar una gira de un conjunto que ya perdió la gracia sobre un proscenio y debe simular como pueda que todo está muy bien.
La frase solía decir “por plata baila el mono”, recordado la tortura de los circos con todos esos chimpancés, pero ahora “por la plata hasta los Gallagher se llevan bien”, no significa aseverar que ellos recuperaron su verdadero vínculo emocional. Ellos estaban y están necesitados de facturaciones exultantes, algo que esta tournée les proporciona para poner sus activos patrimoniales en mejores condiciones tras la maldita pandemia china. Por eso uno ve esa ridícula payasada ritual de Liam levantándole el brazo a Noel cuando salen juntos al escenario, como dando a entender que son una familia hiper consolidada, simulación que finaliza con algún beso o abrazo al final del concierto de turno, para mostrar que nunca estuvieron peleados o que esa situación ya fue carbonizada por el tiempo. En los ensayos previos al arranque, ya se nota que Liam no ha perdido las mañas con sus caprichos y hace esperar al resto, un staff que por dinero se fuma murmurando bajo ese esperable destrato. El menor de los Gallagher canta bien, pone algo de onda pero tampoco es que deja el alma en esas pruebas. Se va antes, deja al grupo con cara de “que carajo le pasó?” y ahí Noel se convierte en un conciliador de un numeroso e incongruente combinado de ejecutantes desgastados, donde los arreglos sonoros parecen haber quedado en alguna casa, sin que nadie los haya traído al galpón donde prepararon el total de las canciones a interpretar.
Los directores de cine Dylan Southern y Will Lovelace son dos mediocres realizadores a tono con esta vuelta forzada por cuestiones de dinero, dos tontas personitas que deberían confesar cuantas veces vieron al grupo. La película, o este bochornoso compilado de las tomas digitales asumidas como eso, gira en torno a ciertos antiguos fans muy pasados de cerveza que lloran por la vuelta del grupo, jóvenes de distintos países que nunca vieron al supergrupo en su etapa de gloria y por supuesto a las reacciones de los más jóvenes ante esta cirquera formación de simios haciendo las morisquetas con cara de “cumpleaños” en cada simulación nocturna. El grupo tocando suena poco y mal, por no decir pésimo y los clásicos de la formación están no solo muy mal tocados, sino con un audio horrible que busca en primera instancia impactar por el volumen y después por sus temas. El resultado es a poco de comenzado una bola de sonido, tal como pasó en vivo y en directo, razón por la cual las productoras de todos los recitales del grupo en el mundo decidieron que los periodistas se compraran su entrada para verlo o apenas conceder un par de tickets, con la expresa y previsible condición de no hacerlos mierda en la crítica publicada. Los periodistas que en su momento escribieron en Argentina, confirmaron off the record a este medio que para realizar la cobertura de esta brutal payasada rockera, los tuvieron hasta pocas horas antes del evento sin saber si les darían una entrada para ingresar al estadio Monumental. El film que desarrolló la dupla Southern-Lovelace parece un típico comercial de elocuente estilo panregional, donde muchos fans jóvenes de cada país donde pasó la banda en tour, hablan de una banda como si Cristo hubiese escapado de la cruz para refundar el catolicismo sin muchas cavilaciones. Esa compilación da vergüenza, especialmente cuando los cineastas deciden darle un espacio a la barra brava del club San Lorenzo, titulada “La Butteler”, una manga de violentos del Bajo Flores, financiados por manos oscuras políticas, quienes explican como “Wonderwall” o algún otro tema del conjunto suele servir con letra en castellano, para alentar a un staff de jugadores de balompié que viene muy barranca abajo hace varios años.
El insufrible documental no se priva de incluir un golpe bajo en la audiencia, mostrando imágenes del atentado que sufrió la estrella juvenil Ariana Grande en 2017, cuando una bomba que portaba un espectador mató a 25 espectadores dentro de un estadio cerrado, para mostrar el clima de la escena inglesa ese año, poco meses antes que la artista casualmente visitara Buenos Aires para cantar en el DirectTV Arena de Tortuguitas. Fuera de eso, el único momento logrado de una pobre realización audiovisual resulta la única entrevista que los Gallagher dan juntos, algo que se acordó antes que la productora financiara esta payasada fílmica. Ahí los hermanos se tiran flores, hacen una patética broma sobre Mick Jagger (evitando a su histórico rival Blur, que no da lástima como ellos), y dejan todo armado para la segunda parte del tour que comenzará a principios del año próximo, mientras los argentinos preguntan una y otra vez si “Oasis” vendrá a repetir esa pantomima de hermanos unidos, música tocada para el ojete y un montón de remeras con el nombre del grupo vendidas a más no poder. El film sobre esta formación fue estrenado en la 83.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, una producción que naufraga apenas suenan los primeros acordes..
Lo que esta realización deja al desnudo, es la demacrada situación física de Noel a la hora de encarar este desgastante trámite financiero con canciones, imágenes donde se lo ve muy cansado, abrumado y tan saturado de arrugas como cuando Ricardo Darín filma tres películas al mismo tiempo y planea como productor la segunda parte de “El bodrionauta”, para una conocida y devaluada plataforma de streaming. Por suerte a Noel nadie le preguntó cuanto paga la docena de empanadas cuando nos extraña. Los “Oasis” pudieron volver con gloria, pero esa oportunidad la perdieron curiosamente de la misma forma que cayeron con Argentina en el partido semifinal del este Mundial 2026, subestimando veloz a los rivales, apostando a lo básico sin hacer memoria y pensando solo en el dinero que levantarán con los espectadores a los que la música les importa una mierda y van a los recitales, para mostrarlos en sus redes o decir en algún festejo familiar que vieron a los Gallagher. El film no se priva de usar mucho material de archivo, cuando eran una formación seria, pero el mismo está manipulado con imágenes actuales, para que no se le vean los hilos a un espectáculo actual para gente a la que la música cada vez le importa menos, porque están pendientes de ver el recital a través de sus costosísimos celulares.
La película que aparece en los cines, un mamotreto insufrible de principio a fin, es una de las grandes porquerías fílmicas sobre música de los últimos 60 años, pero también, es un fiel testimonio de un talentoso grupo que no supo como volver después de tanto tiempo y que ahora solo acepta bancarse este padecimiento, por bellas y jugosas sumas de dinero para hacernos creer que son muy felices destruyendo su pasado con esta horripilante manera de tocar sus himnos. Echarle la culpa al sello discográfico, que no publica nada del tour, o a la firma cinematográfica que distribuye este insufrible pasquín audiovisual, es caerle a las personas equivocadas. Los Gallagher decidieron orinar a 5 millones de kilómetros de un adecuado inodoro social, tiempos donde el poderoso mal olor no logra disimularse con un largometraje tan bochornoso y devaluado. La gira seguirá, los ilusos creerán que Jesús los bendijo desde un atrio rockero y la industria tendrá la excusa para facturar a lo bobo con una sociedad sin memoria que ya no compra discos, solo adquiere remeras, gorritos y un interminable tonel de cerveza pedorra tan venida a menos como esta formación, usando el obvio efecto etílico, para olvidar que sus actuales existencias en este planeta golpeado por el falso socialismo, son un cinturón ecológico donde la basura moral crece a pasos demenciales.
Fotos Film «Don’t Lock Back In Anger» y «Oasis en vivo 2025»:Prensa Disney + // Prensa DF Entertainment (Manager Silvana Gómez Caje) // Prensa Sony Music Argentina