Se estrenó “La hora de la desaparición”, lo nuevo de Zach Cregger: Como hacer cine de terror sin caer en habituales planteos insufribles

La película estrenada este jueves en Argentina, expone una original manera de encarar un género que en la última década y media no para de caer en lugares comunes, producción que regresa a ciertos costumbrismos de los ‘80s con una cuidada postura de edición.

 

 

(Capital Federal – Jueves 07 de Agosto de 2025) Hacer cine de terror se volvió una cosa muy complicada en los tiempos que corren: la mayoría elige los caminos más transitados, los lugares y situaciones comunes, sin olvidar que ahora con la tecnología existente, todo puede ser resuelto con un programa de computadora que genere ciertas imágenes que en otras épocas debían ser realizadas realmente para obtener esos contenidos fílmicos. “La hora de la desaparición”, la nueva película de Zach Cregger que llega gestada por New Line Cinema y distribución de Warner Bros Pictures, propone un thriller hecho a la vieja escuela sin abusar de los efectos, proponiendo una historia que empieza y termina en la misma película. En este film cuyo título original es “Weapons” (Armas), la noticia central ocurre en la localidad norteamericana de Maybrook, Estados Unidos, cuando una noche a las 02:17 de la madrugada, 17 niños desaparecen sin dejar rastros. Estas criaturas solo dejaron como testimonio las imágenes que las cámaras de seguridad registraron durante esos minutos de fuga hacia ningún lugar, donde los chicos salieron corriendo con ambos brazos extendidos como si volaran. El gesto del “avioncito”, tal como desarrollan estos pequeños al escaparse de sus casas, para los argentinos recuerda un hito especial en el mundo deportivo, cuando Sebastián “Pascualito” Rambert, ese fabuloso delantero que jugó en Independiente, Boca Juniors y River Plate, desarrollaba esa postura física para celebrar sus goles delante de los rivales. Acá los chicos en ese pueblo estadounidense hacen “el avioncito” pero no para festejar, sino porque les está ocurriendo algo y el pueblo se sumirá en silencio al no poder explicar el motivo de esta masiva desaparición.

Justine (Julia Garner) es la profesora de esa clase donde todos los alumnos se esfumaron sin dejar rastros, a excepción de Alex (Gary Christopher), el único chico que no incurrió en esa conducta de fuga masiva. Horas después de ese colapso social que nadie puede a ciencia cierta explicar, la reunión en el colegio con la presencia de los padres y también miembros de la junta investigadora, provocará que la mayoría crea que la maestra tiene algún tipo de vinculación con lo ocurrido y empiece a ser perseguida por todos creyendo que ella oculta algo. La mejor forma que encuentra esta joven educadora de aflojar toda esta tensión es acudir al alcohol, adquiriendo un par de botellas de vodka, pero cuando la profesora vuelve a su auto, el mismo ha sido vandalizado con la palabra “Bruja” en uno de sus lados. La sociedad de ese pueblo bastante reducido tiene opinión formada sobre la extraña situación, pero en realidad nada es lo que parece. El director Zach Cregger desde ese particular momento, elige contar la historia desde la versión que tiene cada uno de los personajes involucrados en esa extraña fuga infantil.

Aparecen un policía llamado Paul (Alden Enrenrecih), que tiene una relación clandestina con la profesora, un delincuente barrial preso de las drogas, un rector del colegio y entre todos los afectados, sobresale Archer Graff (Josh Brolin), padre de uno de los niños que esa noche se escaparon para no regresar a sus casas. En un momento de la trama, tanto la maestra como este padre desesperado por lo ocurrido comenzarán a atar ciertos cabos tras investigar al único niño que no se profugó a las 02:17 AM de esa particular noche. Luego de chequear algunas cuestiones sin analizar, ambos descubren que los padres de Alex se encuentran en su hogar como hipnotizados, sentados en el living con la mirada perdida y la postura congelada. Aparecerá en escena una enigmática mujer, vinculada de manera directa con ese matrimonio y las cosas empezarán a entenderse desde otro plano. Hasta ese momento, el director Zach Gregger decide ir hacia adelante y atrás en el tiempo con la finalidad de proporcionar un enfoque complejo de esas horas posteriores a la fuga masiva de niños. Archer y Justine se unirán en buscar las respuestas, no sin antes mantener algún encontronazo entre ellos pensando que hay algo podrido que el otro quiere ocultar. Todas esas visiones periféricas confluyen en el relato que ubica a la misteriosa mujer operando a voluntad las almas de los demás, mientras las horas pasan y de los niños no hay señales de vida.

El film “La hora de la desaparición” apela a viejos dogmas para sembrar terror, con una gama de trucos o situaciones que son racionalmente entendibles. Acá no hay zombies que no mueren ni con una bomba atómica, ni asesinos que se regeneran como monstruos que mutan para volver a su formato original y mucho menos asesinos que mueren una y otra vez, para emerger como si nada. A diferencia de todas esas películas macdonalizadas que apuntan al público que admira el género de terror, aquí Zach Gregger prefiere centrarse en diseñar un camino de suspenso que en un momento explota con un hecho que marca todo lo que seguirá después. Finalmente se sabrá que les pasó a esos menores y que ocurrió en un pueblo que tras la desaparición masiva entró en una curiosa convulsión de conductas no habituales. La película tiene una idea central, el planteo de la misma en un desarrollo entretenido y un desenlace explicando todo lo ocurrido, sin buscar el truco de dejar ciertos cabos sueltos para expandir la sustancia argumental en otras películas posteriores. Se trata de una historia que empieza y finaliza en la misma película, lo cual convierte al proyecto en algo más agradable de presenciar, sabiendo que no está la intención de estirar algunas ideas o situaciones sugeridas para facturar a futuro con secuelas del film original.

La voz en off de un menor que aparentemente se trata de alguien que no fue afectado por esa inexplicable situación pone en marcha lo ocurrido, cuando todos, excepto un niño de la misma clase, desaparecen misteriosamente en la misma noche y exactamente al mismo tiempo, mientras una comunidad se queda preguntándose quién o qué está detrás de su desaparición. La película protagonizada por Josh Brolin, Julia Garner, Alden Ehrenreich, Austin Abrams, Cary Christopher, Benedict Wong y Amy Madigan, sin dudas remite a la clase de producciones de terror que no especulaban con convertirse en sagas de posterior facturación comercial mirando a futuro, lo que convierte al largometraje en una historia muy agradable de ver de principio a fin. Zach Gregger además de dirigirla, es autor del guión y se nota su particular pulsión para conferirle a cada personaje las directivas que le permitan encastrar en los planteos histriónicos de los demás. “La hora de la desaparición” juega con el suspenso, propone momentos de terror, brujería, magia negra, confusiones involuntarias, magia azul y una violencia dosificada hasta cierto punto, por más que haya un par de escenas un poco exageradas para ratificar cierta tensión social. La música de la película corre por cuenta de Ryan Holladay, un score que incluye el clásico “Beware the darkness” de George Harrison  para esta película distribuida por Warner Bros Pictures, un largometraje de 128 minutos que cuando termina, no especula con escenas después de los créditos, un elocuente proceder artístico que ratifica la calidad de este film que entretiene y divierte de principio a fin con muy buenos recursos creativos.

Fotos film “La hora de la desaparición”: Agostina Mentasti (Warner Bros Pictures)