La producción de Apple Original Films distribuída por Warner Bros Pictures Argentina protagonizada por la espectacular leyenda de la actuación, se convirtió sin dudas en la mejor película que retrata la máxima categoría automovilística del mundo.
(Capital Federal – Jueves 07 de Agosto de 2025) Los amantes de la Fórmula 1, esos que admiran a Michael Schumacher, Alain Prost, Gilles Villeneuve o Rubens Barrichello, por estas semanas están de parabienes, con la llegada de “F1 – La película”, un largometraje estrenado el pasado jueves 26 de junio de 2025 a nivel nacional. Esta gran realización de Apple Original Films, una producción distribuída por Warner Bros Pictures Argentina, tal como los autos que luchan contra grandes competidores, logró en los últimos 40 días que esta película esté superando los 800 mil espectadores y se dirija en sus últimos días de exhibición en los complejos, a arañar el millón de personas sentadas en las salas a oscuras para apreciar el mejor proyecto para mostrar a la máxima categoría automovilística. Todo tiene su explicación: hasta la fecha la Fórmula 1 no había tenido un proyecto que pudiese mostrar lo que significa exhibir ese clima que se respira no solo en los boxes o lugares de actividad, sino mostrar ahora las carreras desde una maravillosa intimidad, permitiendo al espectador sentir verdaderamente como se vive una competencia con los autos que todos alguna vez soñamos correr a velocidades jamás imaginadas.
Las personas que disfrutan de una especialidad deportiva automotriz que siempre convocó numerosas audiencias, últimamente no ocultan su fuerte desencanto por la manera en que pueden apreciarse las carreras alrededor del mundo. El espectador cada vez tiene pantalla despejada para ver la carrera desde la ubicación del piloto, porque el habitual director de transmisión coloca tantos gráficos en pantalla al costado, debajo y en otro lateral, que las imágenes desde un vehículo corriendo se han reducido al menos en un 35 por ciento de lo que antes podía observarse en una competición. Si a eso le sumamos que para proteger a los pilotos de algunos potenciales accidentes o incidentes, la cabina ahora suma un barral de seguridad que dispone de una barra vertical de contención por delante a la altura del volante, la visión del corredor y también la de algunas cámaras colocadas en los coches se ha visto no solo reducida, sino arruinada en un concepto de hacer sentir al televidente que está manejando el auto de su piloto favorito. El único momento en que las personas tienen chance de ver la carrera con cierta amplitud, es cuando los autos son enfocados desde una cámara por arriba de la altura de la pista, donde el horizonte deja traslucir ese espacio que tienen los corredores para superarse en alguna parte del circuito.
En la historia mundial del cine, la Fórmula 1 siempre interesó para ser retratada por todos los cineastas amantes de esa especialidad, pero como los derechos de transmisión hasta principios de la década pasada pertenecían a una corporación que no autorizaba este tipo de películas, hacer un largometraje sobre carreras de la máxima especialidad se volvió a primera instancia una utopía desgastante. Por eso no sorprendió que algunas películas de automovilismo desarrolladas en el cruce de milenios, siempre hayan hecho hincapié con mucha asiduidad en las categorías de autos con techo y en el mejor de los casos, usando a primera instancia los coches de la Indy-Car, que digamos, distan realmente muchísimo de toda la evolución aerodinámica que la máxima especialidad observa en la última década de renovación industrial. Figuras como Tom Cruise, Steve Mc Queen, Ives Montand, Paul Newman y hasta el mismísimo Sylvester Stallone mostraron su interés en concretar films sobre el mundo automovilístico, pero las películas apelaban más a las vivencias internas de los corredores que a las competencias, porque también conviene aclarar, filmar a unos veinte vehículos moviéndose a más de 280 kilómetros por hora no es una cosa sencilla.
Por eso, que los productores del largometraje hayan conseguido un acuerdo con la firma que tiene los derechos de la máxima especialidad, es poder acceder por primera vez a la actividad interna que ocurre cada fin de semana en distintas partes del mundo, cuando el circo de la Fórmula 1 llega a deslumbrantes ciudades para mostrar a esos bólidos que en la actualidad superan los 300 kilómetros por hora en ciertos sectores de una pista. Todos los que conocen y siguen a esta fantástica categoría, entienden que si la corporación que tiene los derechos de imagen de la especialidad no cedía en sus ambiciones industriales, a la F1 le estaba cavando una fosa para sumar nuevas audiencias, entendiéndose que en estos últimos años tras la pandemia, las carreras de esta especialidad han visto decrecer de manera abrupta el número de televidentes que miran con interés un espectáculo de tono automotriz que luce desangelado, poco entretenido y saturado de post-adolescentes que consiguieron algunos sponsors importantes, pero que cuando los vemos corriendo, a muy poco de observarlos en pista, no damos cuenta que algunos a duras penas se pueden lavar los dientes y salir sonriendo cerca del podio de premiación. Hoy no importa ser buen corredor, hay que ser joven, apoyado por firmas que tengan muchos recursos en dólares, tiempos donde Argentina de un tiempo a esta parte recuperó su presencia en la F1 con el insulso desembarco de Franco Colapinto, sostenido por mediáticos sponsors de la época, padeciendo en la actualidad ese bochornoso carrito de super desbordado de piedras, que se denomina en la esfera comercial “Alpine Renault”, pero que en realidad su nombre debería ser realmente “Tortuga Francesa Enferma”.
Joseph Kosinski fue el elegido por Jerry Bruckheimer para encarar esta película que en la audiencia argentina logró excelente repercusión, un proyecto que llega muy beneficiado al análisis final con la inocultable ventaja de contar con el gran piloto Lewis Hamilton, siete veces número 1 del mundo, deportista que aportó obviamente su mirada profesional basada en la experiencia que le permitió no solo consagrarse heptacampeón en la máxima especialidad automotriz, sino en su visión interna al haber manejado distintas unidades de las principales escuderías que participan en la competencia más importante del mundo en el cruce de milenios. Su asesoramiento, primero a los técnicos de filmación y luego a los intérpretes para introducirse en ese ríspido e impiadoso mundo de competición, fue clave para que la película tenga suficiente credibilidad y le ponga al largometraje un octanaje de verosimilitud con lo que podemos ver cada fin de semana, cuando el circo de la F1 arriba a una gran ciudad del planeta. Lewis Hamilton en grado superlativo y también el corredor español Fernando Alonso, pusieron más de lo esperado en la colaboración entre aquello que viven los pilotos y la mirada que tienen los realizadores de cine desarrollando un film basado en esta soñada especialidad competitiva.
Apple Original Films y los realizadores de “Top Gun: Maverick” han estrenado a nivel mundial una producción de alto octanaje y repleta de acción llamada “F1 – La Película”, un largometraje dirigido por Joseph Kosinski que fue producido por Jerry Bruckheimer, Joseph Kosinski, el siete veces campeón mundial de F1Lewis Hamilton, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Chad Oman y el actor protagónico de esta realización, a quien hemos dejado en último lugar para mencionarlo, no porque sea el menos importante, sino justo el artífice que hace que todas las piezas del rompecabezas automotriz volcado a este deporte encajen de una manera perfecta y sincronizada. Brad Pitt, un talentoso actor que en el viejo milenio protagonizó algunos films jugando de carilindo y en papeles rebuscados para respaldar proyectos que no lo supieron valorar, afortunadamente supo revertir toda la inercia de producciones donde su aporte profesional solo estaba volcado a lo estético y no a lo estrictamente actoral. Para quienes aprecian a este intérprete, sin dudas la felicidad de verlo trabajando en el maravilloso film del director Quentin Tarantino “Erase una vez en Hollywood”, les devolvió la sangre al organismo con un papel que le sentó de maravillas, acompañando nada menos que a su destacado colega Leonardo Di Caprio.
Después de tantos años de carrera, Brad Pitt finalmente aprendió a actuar y mostrar que además de ser un tipo fachero, puede mostrar una fantástica veta histriónica, algo que los espectadores pudieron notar en filmes donde el rubio intérprete compartió protagónicos con su colega George Clooney. Demostrando que en el humor bucea mejor que un pez, la decisión de elegirlo para protagonizar “F1 – La película” es un despampanante acierto de principio a fin. Brad Pitt sin dudas es esa clase de persona con la cual tenemos ganas de contar en un reducido almuerzo de amigos, un gran evento deportivo o una amena salida nocturna cual fuere el lugar o situación de entretenimiento prevista. Es el invitado que no puede faltar, la persona que le dará glamour, picardía y mucha chispa a cualquier reunión que contemplemos, dejándolo ser y permitiéndole que exhiba todas esas conductas que lo llevaron a ser un intérprete añejo que se ríe de sí mismo, cuando millones de mujeres solo pretenden encasillarlo en el musculoso sexy con ojos claros. El artista ya tiene los huevos al piso de esa consideración y solo quiere que lo vean como un actor de experiencia, algo que estas últimas apariciones en el cine han evidenciado con rubicunda potencia.
El argumento para sostener la historia cinematográfica fue al grano y no buscó construir una historia sofisticada, sino apelar a los sentimientos que habitan en estos deportistas que cada fin de semana compitiendo, no solo se juegan la vida a más de 300 kilómetros por hora, sino que emergen como esos astronautas de la velocidad terrestre protagonizando una categoría en permanente evolución y progreso. Apodado «el más grande que nunca existió», Sonny Hayes (Brad Pitt) era el fenómeno más prometedor de la Fórmula 1 en la década de los ‘90s hasta un accidente en la pista de España casi acaba con su carrera. 30 años más tarde, Hayes es un habilidoso corredor nómade a sueldo, tiempos en los que su ex compañero de equipo Rubén Cervantes (Javier Bardem), propietario de un equipo de Fórmula 1 en dificultades que está al borde del colapso, se pone en contacto urgente con él. Rubén finalmente convence a Sonny de regresar a la máxima especialidad, para una última oportunidad de salvar al equipo y ser el mejor del mundo, team en el que Sonny. conducirá junto a Joshua Pearce (Damson Idris), el novato estrella de la escudería que intenta marcar su propio ritmo. A medida que los motores rugen, el pasado de Sonny lo alcanza y descubre que en la Fórmula 1, su compañero de equipo es su competencia más feroz, y el camino a la redención no es algo que pueda recorrer totalmente solo. Como era de esperar, dentro de sus actividades deportivas encontrará una mujer talentosa dentro del equipo (Kerry Condon), una ingeniera que conoce al dedillo la tecnología y recursos para mejorar un auto de carreras compitiendo en esa desafiante categoría, una aproximación personal donde la química detonará algo imprevisto entre el gran piloto y esa especialista.
“Fórmula 1 – La película” es una realización de Apple Original Films, una producción de Monolith Pictures, Jerry Bruckheimer, Plan B Entertainment y Dawn Apollo Films, que cuenta con Lewis Hamilton como productor ejecutivo asociado. Este largometraje es una realización de distribuida a nivel mundial por Warner Bros. Pictures, y fue estrenada en Argentina el jueves 26 de junio en todos los complejos de cines, incluyendo también la sala IMAX en Vicente López. La producción muestra con lujos de detalles lo que sucede en los boxes y pistas donde corre la máxima especialidad automotriz, una gran película que muestra en su ameno recorrido argumental los grandes premios corridos en Inglaterra, Hungría, Italia, Holanda, Mexico, Bélgica y el gran desenlace de la historia en Las Vegas, Estados Unidos y Abu Dhabi, en los Emiratos Arabes. Los propietarios de la Fórmula 1 colaboraron intensamente y por eso pueden verse numerosas escenas en que los actores aparecen en pista o las cocheras de cada escudería, una historia que permitirá a los fans de esta categoría acercarse de una manera real a esa especialidad. A la fecha, el film con la brillante actuación de Brad Pitt ha convocado 782.706 espectadores en todas las salas de proyección, un número que asombró a los propios estadistas de Warner Bros Picture en Argentina, ratificando el impacto positivo que el film alcanzó en nuestra naciòn. Está claro que los añejos aficionados viendo esta flamante realización, no dudarán en recordar a Carlos Alberto Reutemann, aquél piloto santafesino que fue subcampeón de la categoría en 1981, como el gran referente argentino de esta destacada especialidad que últimamente nos muestra carreras con muy poco vértigo y equilibrio, transmisiones codificadas a las que la gente no les prestaba demasiada atención, hasta que llegó Franco Colapinto con su vieja carreta de madera, para hacerle creer a los jóvenes de vida celular que puede lograr algo significativo recién a sus 20 años, como si subirse a una nave de estas fuera soplar y hacer botellas.
Fotos “Fórmula 1 – La Película”:Agostina Mentasti (Warner Bros Pictures).