“Otro Día Perdido”: Mario Pergolini quiere revivir a la televisión, pero su estructura está muy lejos de ayudarlo en este crucial objetivo.

El conductor de “CQC” y “Algo Habrán Hecho” volvió a la pantalla chica tras 15 años de ausencia, una grata novedad dentro de un medio agonizante repleto de mediocres, flamante proyecto que en sus primeras diez entregas chocó con integrantes y elementos que lo ayudaron poco y nada.

 

(Capital Federal – Domingo 27 de Julio de 2025) La televisión abierta, esa a la que todos pueden acceder sin mucho más que un aparato y una antena para captarla, vive sin dudas la peor etapa de toda su historia por diversos y preocupantes motivos. Por un lado asoma la manipulación que la política hizo desde mediados de 2003, para convertirla con varias figuras de ese ámbito y empresarios afines, en inocultables unidades difusionales de sus ideologías sin medir las consecuencias al respecto. En paralelo, la desesperación de esos que buscando convertir sus señales en lugares exitosos, no midieron las reacciones que en estos tiempos puede provocar una señal loteada entre productoras, buscan hacer su crucial maniobra con productos aborrecibles. La actual sociedad cada vez mira menos menos la “caja boba”, atraída por el nuevo envase idiotizante, el cual viene en un formato portátil mucho más cómodo, embruteciendo a sectores de la población que de proseguir con el intenso consumo, quedarán más zombies y muertos en vida que los protagonistas de esos adefesios audiovisuales hechos para campos neuronales en permanente extinción. En este catastrófico contexto actual, sorpresivamente Mario Daniel Pergolini decidió volver a la pantalla y dejar atrás no solo sus recordadas afirmaciones del medio, sino esa promesa de no tropezar con una piedra que parece la excusa perfecta que tienen sus detractores, para seguir haciendo culto televisivo del odio instalado desde la política.

La llegada de “Otro Día Perdido” se da en duros tiempos donde la pantalla de “El Trece” expone impiadosa años de haber mantenido una conducta errática, no reperfilar con gran sintonía su audiencia y apostar a manotazos de ahogado, que lejos de brindar un alivio al equipo de programación, solo desnudaron un enorme festival de errores no forzados que la cúpula programadora desató olvidando de manera bochornosa el detectable paladar del televidente. La franja nocturna, transformada en una parcela de horas loteadas entre varias productoras que rotan sus formatos, mantienen sus ganancias sin medir la dura erosión del formato en pantalla, época donde todo el tiempo hay que estar concursando a algo para sobrevivir en un país descuartizado por la villanía política. Estos, por su parte, no parecen dispuestos a pagar las culpas por evidentes errores de la justicia o quienes tienen el poder de corregirlo, época donde la grilla de estos tiempos es un bloque de horas donde siempre la primera decisión ante el rechazo popular es mover los horarios de los ciclos, como si ese fuese el único antibiótico de mayor potencia para mejorar las garrafales metidas de pata programando un canal que supo ser elocuente líder en el viejo milenio.

La calesita de la retractación permanente encuentra a esos oxidados ciclos, conducidos por Guido Kazka y Darío Barassi, el primero famoso sus insufribles gritos y el segundo un batallador profesional que no terminó de entender que lo suyo es conducir como puede hacerlo y nó esos olvidables roles en la ficción, que no convencen ni al menos exigente en el campo actoral. Por eso que el conductor de “CQC” decida regresar a la señal del solcito en esas lúgubres condiciones buscando mejorar la franja prime time, sin dudas no necesita de un icónico como Mario Pergolini, sino del añejo y recordado equipo de “SWAT” con el icónico teniente Steve Forrest a la cabeza, con el objetivo central de purificar la brutal intoxicación que vive un canal absolutamente saturado de personajes, tan impresentables y prescindibles, ocupando roles profesionales que ejercen con despampanante soberbia y nula autocrítica. La televisión nocturna sostiene sus “castas”, evita innovar y apela a las acciones  más económicas para sobrevivir, mientras el rating general todos los años seva licuando. La sociedad que se cree moderna consume esa penicilina de segunda llamada “plataforma de streaming”, ese “videoclub del momento” que tarde o temprano será la siguiente víctima en la supuesta evolución tecnológica de los medios de comunicación.

Las apariciones de Mario Pergolini después que cerró su participación en la tv abierta, fueron esporádicas presencias para realizar entrevistas con conductores como Jorge Rial o Jorge Lanata, entre otros, sosteniendo que su ciclo en la pantalla chica estaba cumplido y sosteniendo que su vuelta a la tv era altamente improbable, entendiendo interiormente que no existía nada que pudiese motivarlo a nivel profesional. Bueno, esa utopía de su retorno al medio que lo encumbró quedó despedazada por su arranque con “Otro Día Perdido”, ciclo que debutó el lunes 14 de julio a las 22:30 horas con emisiones de lunes a viernes, formato que naturalmente estuvo en observación central no tanto de los analistas, sino de aquellos que con esta vuelta parecen haber estado esperando cobrarse viejas deudas con el afiatado animador, quien en su momento asomó como un conductor “rebelde” liderando una corriente de formatos irreverentes, una época donde todo era susceptible de dinamitar o desacartonar dentro de cánones cercanos con límites muy filosos. El animador radial que en su momento reversionó la mañana de la “Rock And Pop” o propuso luego desde «Vorterix» cosas en la actualidad muy aplicadas por otros sectores de la industria, sin dudas entiende que este paso atrás en su postulado tiene naturalmente costos que los demás van a facturarle muy duro y tupido.

La oferta que le hicieron de tener su propio “late-night show” pintaba para proponerle algo que de haberse ejecutado con lógica y libertad, le hubiese permitido ejercer hoy su oficio con gracia y notable seducción, pero la vuelta en una televisión con autocensura y permanente “policía del pensamiento” en sus responsables y empleados, claramente atentó contra el objetivo de proponer algo que tal vez la audiencia quiere observar. En estos macabros y deformados tiempos que corren, miles y miles de televidentes no tienen derecho a ver a grandes figuras como Alberto Olmedo, Benny Hill o Roberto Pettinato, simplemente porque existe un impresentable y voluminoso dedo acusador que lucen los referentes de la vida política, social y empresarial, quienes se erigen en indiscutidos jueces morales de nuestra existencia. En su sentir, la audiencia no tiene derecho a elegir que quiere ver y con que reírse, estructuras de un bloque intolerante que no entiende que si algún personaje es contrario al sentir de la audiencia, será finalmente ella misma la que deje de verlo por sus contenidos o manera de usar esos espacios en un medio de comunicación, llevando a la baja el rating del lugar donde aparezca. La TV de hoy elige la autocensura y prohíbe a esas figuras, pero curiosamente en varios ciclos de la actual pantalla chica, de una forma permanente aparecen mujeres maltratadas, incontables muestras de misoginia, cuerpos femeninos desnudos difundidos en redes sociales y varias aberraciones más, como el muy bochorno show de los cronistas policiales masturbándose verbalmente con las habituales desgracias ajenas, esas que suceden permanentemente en la Provincia de Buenos Aires, sin que nadie decida ponerle fin. Esta modernidad represora en la televisión tienen en sus actos una moral con doble vara, donde la influencia de ciertas ideologías ha provocado la omisión de personas que tiempo atrás no eran canceladas por sus conductas.

Plantear en estos tiempos la vuelta de un referente noventoso o de principios del reciente milenio a la tv tradicional, abrió como era de esperar las dudas sobre el enfoque que esta persona desarrollaría, previendo que ante la menor vacilación, le caería el nefasto peso de las redes sociales o aquellos personajes que se erigen en jueces éticos de la sociedad que agoniza, figuras de baja estopa cultural que no resisten análisis y mucho menos, el aval que ciertos sectores pretenden darle, operando de esa forma una cancelación por gusto, necesidad o simple conveniencia. Vivimos en una nación que ejerce permanentemente la insólita autocensura y donde la “policía del pensamiento” le indica a la gente cuales son las opciones que puede consumir, entidad que propagó la cancelación de quienes intenten violar ese sistema, postura de pensamiento impulsada por un partido político cuyo mítico líder actualmente cumple prisión efectiva por cargos de corrupción. Argentina desde el 2003 se volvió un país amargado, violento, enormemente incitador del odio y fantástico para los grupos que buscan la absoluta anulación de la libertad de los demás, si no les conviene a sus perversos fines políticos o económicos, aunque la moral asome negociable según las necesidades y tiempos, para favorecer a los todos delincuentes que gozan de impunidad diciéndonos que ellos son la única esperanza a nuestras existencias.

Unas cuantas voces argumentan que Mario Pergolini decidió volvió a la televisión para cubrir un déficit económico acualmente existente en la firma «Vorterix», pero el animador en sus declaraciones jamás admitió algo así. Sería muy curioso que alguien decida en los tiempos que corren, salir a apagar un conflicto empresarial exponiéndose en la televisión, solo para cubrir deudas existentes en otra zona de sus actividades. Interrogado por todas las condiciones que antepuso para volver a la pantalla, asomó en primer término ser el sueldo mejor pago de la tv y sorpresivamente esa exisgencia, desde la vereda empresarial aceptaron su exigencia económicas, situación que continuó con ciertos pedidos hacia esa cúpula programadora, recibiendo inmediatamente el firme aval de la emisora del barrio de Constitución. Al famoso animador de “CQC” le permitieron formatear a su gusto la total estructura para crear un “late night show”, particular formato que jamás había realizado en su prolongada y exitosa carrera. La noticia del retorno de un indudable referente como Pergolini llamó la atención, para alguien que en su momento señaló muy harto y enojado que “la televisión está muerta”, admitiendo firme que “ya no tengo nada más que aportar a esta pantalla”. Transcurrieron quince años y la noche del lunes 14 de julio a las 22:30 horas, figurará en los anales televisivos, como la jornada en la que Mario debió meterse en el bolsillo aquellas mitológicas declaraciones, al aparecer de traje y gafas oscuras en el escenario armado para el esperado debut de “Otro Día Perdido”.

Con guión de Alejandro Boresztein para los temas de actualidad, la producción de su gran socio en otros tiempos como Diego Guebel y el elocuente respaldo que «El Trece» decidió aplicar a esta nueva propuesta, finalmente llegó “Otro Día Perdido”, un envío nocturno que va de lunes a viernes a las 22:30 horas, pero no acontece en vivo, porque este formato se graba a las 16:30 y las horas siguientes hasta el horario de emisión son empleadas para la edición diaria del ciclo. Aparece en primer término un obvio interrogante: si querían un programa con la electricidad de los “late night shows”, ¿porqué la decisión de grabarlo? ¿Por comodidad? ¿Para grabar y más tarde corregir ciertas impurezas y dejarlo bastante prolijo? Está claro que si querían un formato de esas características, lo mejor era hacerlo en vivo, bancándose los problemas o inconvenientes que podía deparar una estructura de estas características. Algunos argumentarán que con la grabación vespertina de “un falso vivo” se puede contar con conocidas figuras que en la banda nocturna son imposibles de conseguir para una entrevista. Muchos recuerdan que “Duro de Domar” con Roberto Pettinato en su arranque iba mayormente en vivo, aún asimilando que era un dilema el horario para convocar famosos. A lo sumo el formato en aquél momento se grababa un par de horas antes, pero nó con una diferencia de casi seis horas como sucede con “ODP” en la actualidad. Este nuevo ciclo en el canal del solcito multicolor hereda la posta del vigésimo octavo programa de juegos y premios conducido por el ultragritón de Guido Kazka, quien premia a las familias de los perritos que hagan pis y caca en una plataforma que simula un jardín invernal. Aún con lo discutible, igualmente esa propuesta le dejó al flamante programa del exitoso animador un piso de 7 puntos, nada despreciable para una señal que ha descuidado esa banda horaria en calidad y rating en los últimos diez años.

El conocido formato en su apariencia estructural parece tener sus lógicos componentes y personajes, pero es lo único que vincula al estilo de programa con las características de un “late night show”, pues una vez puesto en marcha aparecen varios segmentos donde las costuras técnicas o profesionales exponen flojos hilvanes, desluciendo así un ambiente atractivo desde lo visual para esa hora de la noche. Acompañan al famoso conductor dos panelistas, uno con una mayor participación orbitando el rol de “side back”, para ser el apuntador o segundo en los temas tratados, formato que a diferencia del contexto original suma aquí una persona más, lo que lleva a pensar que Mario prefiere salir con alguien de cada lado en su vuelta televisiva tal como en “CQC”, aunque aquí son un hombre y una  mujer a sus costados. A la izquierda de la pantalla, Agustin Aristarán encarna al ladero y del otro lado asoma una acompañante que más tarde analizaremos. Desde el arranque, la selección de estos dos particulares panelistas, lejos de sumarle buenos socios al objetivo anhelado, lo coloca a MDP a remar en un océano de abundante barro, arena y harina de maiz. Los pergaminos profesionales de este acompañante en la tv solo contienen en su breve pasado, un estruendoso fracaso en la tarde de la emisora con “Match Game”, ciclo de preguntas con seudo famosos de segunda línea, programa que fue levantado antes de los tradicionales tres meses de contrato habituales.

Este actor que tal vez en teatro pueda mostrar facetas más destacables, en la televisión de estos tiempos siempre suena impostado, sin naturalidad y forzado irremediablemente a devolverle al animador un diálogo fluído con humor, pero la mayoría de las veces todas esas conductas carentes de naturalidad lo encuentran destemplado. Para mal de males, en los instantes donde el ciclo lo permite, insiste, con el aval del conductor, en hacer actos de ilusionismo con cartas u otros elementos, insufribles minutos donde todas esas maniobras terminan bien, pero con un proceso de concreción muy anodino y tosco. Del otro lado del escritorio del experimentado animador está Laila Roth, cuarentona standapera que viene del under con una popularidad en ese ámbito muy limitada. Esta colaboradora ubicada en el lado derecho de cualquier monitor puesta a sostener ciertos momentos del ciclo en «El Trece», definitivamente defrauda sin límites, con paupérimas participaciones que lejos de ayudar al objetivo, parecen sumergirlo en las profundidades de una mediocridad plagada de frases y comportamientos elocuentemente muy mediocres.

Roth sorprende por su regularidad: actúa mal, canta mal, y baila mal, sin olvidar que solo ella se ríe de sus chistes, bromas que solo pueden festejar aquellos seres que jamás vieron a los grandes humoristas que tuvo el país antes del 2003. En los 10 primeros programas empeoró aún más su condición, obrando como una voz de conciencia del mítico anfitrión, una bochornosa conducta en la que pareció oficiar de policía del pensamiento, dejando sensaciones agrias en el televidente. Es un misterio entender su presencia en este ciclo, podría entenderse esta absurda inclusión como una de esas películas que desean participar de los «Oscars», donde están obligadas forzosamente para competir a incluir una persona de color, otra de sexualidad no tradicional y también alguna que evidencie fallas psicofísicas muy perceptibles. A algún despistado de la producción, por no decir una aseveración sin dudas peor, se le ocurrió que el programa tiene que ser políticamente correcto antes que bien hecho o interesante en su propuesta, desvirtuando así la idea del mítico “late night show”, líder en incorrección general y rebeldía, algo que la pantalla argentina rechaza.

En sus primeras diez emisiones, “Otro Día Perdido” muestra algunas secciones fijas o con esas características. Primero el monólogo inicial, donde Mario analiza cuatro noticias del día y tras cartón da paso a los avisos publicitarios dentro de  programa, todos hechos con Inteligencia Artificial, donde aparece difundiendo distintos productos comerciales con la compañía de un espectacular gatito, manipulado con esta estructura digital. A continuación llega un bloque titulado “No comment”, donde se muestran videos de noticias ocurridas en la fecha que superan cualquier disparate esperable. Previo al invitado de turnio, llegan las efemérides del día asoman también presentadas con “IA”, una truca que muestra a un tal Esteban Echenique que comenta en poco más de 60 segundos tres o cuatro hechos que ocurrieron en una jornada como esa fecha escogida, material con una moderna calidad audiovisual. Entre el arranque del programa y los distintos mini-bloques, el enfoque de las personas en pantallas y demás imágenes que se muestran, sin dudas sobresale muchísimo el ensamble con mucho sincronismo de esas opciones visuales, que aprovechan los gestos de cada persona enfocada, producto del trabajo de “Cune” Molinero, histórico realizador de “Caiga Quien Caiga” quien aquí pone toda la gama de articulaciones y maniobras de edición para potenciar lo presentado. También ubicado del lado izquierdo, aparece atrás de Agustín Aristarán la banda “Niño Monja”, un grupo supuestamente musical, estructura de cuatro personas que distan mucho de esa definición, aunque sí parecen en realidad ejecutantes, porque cualquier melodía famosa evocada por estos desaliñados intérpretes, suena tan masacrada como si la hubiesen pisado los tanques de la armada norteamericana en el desembarco de Normandía a mediados del siglo pasado. Su participación en escena luce patética y lamentable, evidenciando que la producción de este flamante programa no quiso ponerse en gastos muy importantes, colocando entonces a cuatro amateurs con sus instrumentos a generar un poco de ruido atrás de los diálogos existentes.

Cada noche finalmente llega el momento más esperado por el público y quienes conocen al legendario conductor televisivo, saben que la entrevista con el invitado especial puede deparar no solo el bloque más divertido, sino ese especial tramo donde el añejo animador ofrende su notable carisma y gracia para desarrollar una charla no solo entretenida, sino plagada de varios momentos risueños. En el debut ese primer día, Guillermo Francella lo acompañó con su prestancia, generándose tramos muy graciosos, pero con la tensión del debut, aunque el famoso actor respondió bien en el arranque del nuevo formato. Solo 24 horas más tarde, Pergolini padeció a la vocalista urbana “Cazzu”, una insípida intérprete, que venía sin ganas de charlar y mucho menos cantar, lo que puso al “host” a remar con una mujer muy mal vestida y demasiado aturdida, que no aportó nada a la segunda de esas charlas. En la tercera emisión, el actor Joaquín Furriel colaboró para ponerle toda la onda a la entrevista, haciendo algunas cosas ligadas al humor, pero curiosamente entre el debut del lunes y esa velada, el programa acusó una fuerte caída de un punto y veinte décimas de rating, bajando de 5.7 en el arranque a 5.2 el martes y luego a 4.7 durante la noche del miércoles, encendiendo todas las alarmas existentes. La producción, que esos días gastó bastante pólvora en un arranque explosivo, había conseguido que Cris Morena asistiese al programa, donde además de charlar con el anfitrión, recibiría un homenaje por su larga carrera como productora. Inesperadamente el martes a la noche, la rubia realizadora de tv llamó a la productora para anunciar que no podría presentarse en el nuevo programa de «El Trece». ¿Habrá sido porque no hubo autorización oficial de «TLF»?

Lo más curioso fue que el jueves, con la frustrada presencia de Cris Morena, figura que iba a ser evocada profesionalmente, la producción de golpe y porrazo apostó por Agustina Kampfer, otrora periodista y ahora una total referente freak del ambientalismo. Las cosas podían haberse complicado mucho, pero contrariamente a lo imaginado, Pergolini supo aprovechar esa adversa situación y convertir esa entrevista en un momento divertido y bizarro, cuando esta comunicadora mostró que podía prender un fósforo con los dedos de su pie derecho, sin olvidar que arribó al programa con un bolsito con partes de su placenta reconvertidas en distintos productos. Esa bolsa contenía un tamborcito y varias pastillas, una de las cuales tomó Mario con agua de mar ofrendado por la invitada. La presencia de un especialista energético y diálogos estrambóticos dieron resultado valorable, porque la medición marcó 5.2, siete décimas más que lo ocurrido el día anterior. El viernes, para la última entrega de la primera semana de emisiones, estuvieron Malena Pichot y Pilar Gamboa para promocionar una serie de plataformas actualmente en exhibición por abono, una charla anodina sin demasiado interés hasta que apareció en pantalla un curioso joven que representará al país en una competencia de chino mandarín, invitado que logró casi sorpresivamente desacartonar esa chatura previa. En esos minutos el afiatado conductor logró maniobrar con más soltura, velada que alcanzó 5 puntos sin señales de poder medir más en una tradicional jornada que habitualmente tiene un menor encendido.

En el inicio de la segunda semana, en la sexta emisión, Pergolini recibió en la entrevista a la experimentada actriz, cantante y bailarina Florencia Peña, quien actualmente encabeza en la calle Corrientes el musical “Pretty Woman”, basado en la película de Julia Roberts y Richard Gere. Demostrando que su experiencia en la tv es muy fuerte, Mario concretó un trabajo apropiado, generando una notable entrevista esa noche, pero muy ayudado por la experimentada artista, charla que tuvo de todo en un duelo de reflexiones tan divertidas como contemporáneas extendiéndose más de lo habitual. Paradójicamente, este no fue un programa con el rating esperado, marcando apenas 3.9 puntos, explotando de esta manera  todas las luces rojas al registrar una medición tan floja, emisión que se ubicó como la menos vista de todos los programas emitidos hasta esa velada. Al día siguiente la silla del invitado tuvo a Eduardo Feinmann y la cosas pareció mejorar bastante, con una aguerrida pero graciosa charla entre ellos que levantó polvareda mediática, marcando en el registro de Ibope 4.5 puntos. El insólito problema de esa jornada fue que algún cretino ubicado en la producción, consideró que lo ideal era sumar a dicha charla un par de artistas urbanos, para que reiteren esa patética simulación de creerse cantantes, abominable dueto que tiró abajo todo lo concretado antes con el animador matutino de la radio Mitre AM.

Algo aliviados por esa leve mejoría, el ciclo encaró la mitad de una nueva semana con un formato más establecido, pero como señala la Ley de Murphy “Si algo está muy mal, aún puede ponerse peor” y eso desafortunadamente ocurrió el miércoles, en la tercera noche del segundo bloque de programas grabados. Ese día figuraba anunciado en los pasillos la participación de Ramón “Palito” Ortega, pero por motivos no aclarados, el gran cantante tucumano finalmente no fue de la partida. Su lugar en esa noche televisiva lo ocuparon el actor Luciano Castro y el cantante Gerónimo Rauch, dupla que le puso onda a ese bloque, pero sorpresivamente los números para el ciclo fueron devastadores. En la madrugada del jueves 24, cuando supieron que el rating del programa solo había alcanzado un promedio de 3.0 puntos, la novedad fue un baldazo de agua helada para la producción del ciclo y también para quienes lo vienen siguiendo, al enterarse de la pésima medición alcanzada ese miércoles. Como era de esperar ese bajísimo número de rating no pasó desapercibido, apareciendo casi de inmediato en los medios una destacada  cantidad de notas al respecto en distintos portales, aludiendo al “rating en caída libre” para este reciente estreno.

Por suerte para los productores del programa, estaba por llegar la mejor emisión de todas las realizadas hasta la fecha, cuando ese jueves estuvo la cantante cordobesa Zoe Gotusso, quien además de mostrar su brillante nivel musical, aportó humor, picardía y una sensual conducta frente al animador porteño. Cantando de manera superlativa, aportando picardía y chispa bañada de ingenuidad provincial, la responsable del disco “Cursi” puso sobre el escenario televisivo de la productora “La Corte” ese carisma que el ciclo venía pidiendo a gritos desde el debut. Armando un poderoso tandem verbal con Pergolini, la emisiòn tuvo momentos brillantes y música con gran nivel, dejando claro que la artista proveniente de la localidad mediterránea atraviesa un momento superlativo sin dudas. Después del bajón del miércoles, compitiendo con el partido de fútbol donde Boca Juniors quedó eliminado de la “Copa Argentina”, el “late night show” con Mario obrando como buen doblista de la ascendente estrella pop deparó un ascendente promedio en Ibope de 5.5. puntos, dándole un respiro a la producción del ciclo. La segunda semana finalizó con los muy insufribles intérpretes de “División Palermo”, un adefesio de ficción para plataformas digitales con dos figuras sobrevaluadas que se creen supuestamente graciosos, decepción catódica que bajó lo alcanzado la noche anterior marcando 4.9 en el promedio de esa jornada, dejando expuesta la importancia de lo alcanzado 24 horas antes con una gran invitada musical.

En algunas declaraciones previas al estreno del nuevo programa pro El trece y consultado sobre a quienes apuntaba este formato televisivo, Mario Pergolini en más de una ocasión sostuvo que el programa en algún contexto o lectura estaba apuntado a personas de más de 50 años, aunque no descartaba que otros targets pudiesen sumarse al ciclo. Sin dudas en esas primeras diez emisiones, lo que signó ambas semanas de emisiones fue la enorme irregularidad de respuesta del público ante el programa, porque no hubo un denominador común en los contenidos, por más que se hayan establecido ciertas secciones dentro de la estructura del programa. Obviamente, puertas adentro en la productora de este ciclo, las caras son de inocultable preocupación pero sin entrar en pánico, pensando que de seguir estos alicaídos guarismos, el destino del programa podría verse alterado en cuando a su duración en pantalla, al registrar bajas de medición que lo ubican más cerca del tercero y el cuarto canal en las posiciones de Ibope, que de acercarse a “La Voz”, el reality musical de «Telefé» que lidera las transmisiones nocturnas, un formato que igual no consigue en su arranque las cifras de encendido de otros tiempos.

En este tema de los números de encendido, resulta imprescindible aclarar algunas cosas que permitirán entender las claras razones del guarismo de este ciclo y también el éxito que ocurre firme en la vereda opuesta con el canal de las tres pelotitas. Hay decisiones que la emisora de Constitución tomó en su momento en cuanto a programación, las que al haberse mantenido tanto tiempo corrieron de foco y calidad la tradicional respuesta de la audiencia. Por eso ahora tampoco pueden esperarse demasiados milagros de rating en un canal donde la concatenación de errores programando, se volvió lamentablemente una problemática costumbre donde nadie pareció discutir las consecuencias de ese proceder. Desde mediados de la década pasada, desafortunadamente Adrián Suar erró de punta a punta toda la programación del bloque nocturno, en paralelo con el firme crecimiento y consolidación en «TLF» en formatos que pegaron de inmediato, sin olvidar que la debacle del equipo periodístico en la emisora de la calle Lima aconteció de manera brutal, primero con la pésima dupla de Diego Leuco y Luciana Geuna para un bochornoso “Telenoche”, paupérrimo efecto que se contagió veloz a los demás panoramas informativos del canal del solcito.

Si a eso le sumamos la consolidación de otros valiosos formatos en la competencia, más un empecinamiento en colocar solo programas con la presencia de Guido Kazka gritando  permanentemente en horario prime-time, nadie debería sorprenderse cuando “La Voz” ahora está casi triplicando todas las noches las mediciones de “Otro Día Perdido”. Entre los grandes pifies del triunvirato programador Suar-Codevilla-Fernández, aparece sin dudas la postura de no haber retenido a Iván de Pineda en la emisora, permitiendo así que éste tras su estadía en la señal de Artear, pasara muy velozmente a «TLF», donde sí supieron valorarlo en su justa escala, brindándole espacios y formatos para mostrar su talento como conductor todo terreno en cualquier horario. El daño en la emisora del solcito fue hecho y corregirlo demandará bastantes temporadas y cambios muy bruscos, buscando salir veloz del despampanante colapso que provocaron tantas decisiones demasiado equivocadas. Por eso, caerle encima ahora a la medición del programa de Mario Pergolini, parece fallido en asignar responsabilidades de lo que sucede, porque el presente de la señal en cuanto a sus números, obviamente responde a las decisiones que se tomaron desde el 2015 en adelante, manteniendo el muy oxidado formato de baile en “ShowMatch” y otros ciclos que no solo no reportaron números valiosos, sino que espantaron numerosos televidentes.

El desafío que tiene por delante “Otro Día Perdido” es consolidar un formato de calidad, corrigiendo  errores que le permitan crecer en calidad, purificando lo que sea necesario, para después sostenerse en pantalla a fin de generar público cautivo. Habrá que ver cuánto tiempo le permite «El Trece» proseguir a “ODP” en el aire en el caso que se mantenga con bajas mediciones de rating, mientras algunas voces desde la industria le han recomendado al conocido animador y empresario porteño hacer este programa en vivo, buscando una espontaneidad que pueda impactar en la audiencia. Hoy, cuando las miradas están puestas en ver cuán inminente puede ser la caída de un gran creativo de la industria en su regreso al ámbito que lo consagró, también se percibe que ciertos personajes de esta televisión viven la circunstancia de ajustar cuentas con quien supuestamente los ofendió en los ‘90s, un pase de factura que incluye a referentes de la comunidad homosexual, comunicadores de otros ciclos que disfrutan la errática respuesta del público al nuevo ciclo, más todos los que vieron en el conductor al más perfecto y destacado “AntiCristo” de la comunicación.

Luchando en estas semanas para que el ciclo adquiera cierta personalidad y respuesta de audiencia, Mario Daniel Pergolini llegó a una televisión muy canibalista que no titubea en devorarse todo lo que pueda colocarse en su camino. Pésimamente acompañado por unos personajes que hoy no son los mejores colaboradores para un retorno de esta jerarquía, el animador, productor y realizador de radio/tv/Internet camina permanentemente seguido por numerosas luces rojas de las miras telescópicas que lo tienen en foco. Aceptó regresar porque Mario pensó que aún podía ofrecerle algo a la pantalla chica o porque necesitaba despedirse dando batalla en una televisión actual que apesta a muy larga distancia. Con poco para ganar, fuera de lo estrictamente económico y muchísimo para perder en la despiadada crítica que fulmina todos sus pasos en este proyecto, Pergolini permanece con la vista levantada, su talento para conducir junto a ese entrañable y divertido cinismo para mirar esta realidad mediática tan despedazada como insufrible en los tiempos que corren. “Otro Día Perdido” a juzgar por lo ocurrido hasta ahora es un programa asordinado por la policía del pensamiento, con las obvias imposiciones que lucen los ciclos ahora, sufriendo el difícil rating de una señal que vive en permanente deterioro. Está muy claro que para hacer buen rock en la “caja boba”, una batería se toca “en vivo” con palos de madera, no con delicadas escobillas en una grabación emitida horas más tarde.

“Otro Día Perdido” conducción Mario Daniel Pergolini por «El Trece» // Idea: Diego Guebel, Alejandro Borensztein y Mario Daniel Pergolini // Guión: Alejandro Borensztein // Producción: Diego Guebel y Alejandro Borensztein // Conducción: Mario Daniel Pergolini // Lunes a Viernes a las 22:30 horas // Se graba a las 16:30hs, luego se edita y se emite a las 22:30 //

Ratings “ODP” primeros diez programas:  Lunes 14 de Julio de 2025 (Guillermo Francella) 5.7 puntos // Martes 15 de Julio de 2025 (Cazzu)) 5.2 puntos // Miércoles 16 de Julio de 2025 (Joaquín Furriel) : 4.5 puntos // Jueves 17 de Julio de 2025 (Agustina Kampfer/prof BioEnergía): 5.2 puntos // Viernes 18 de Julio de 2025 (Malena Pichot y Pilar Gamboa/campeón chino): 5.0 puntos // Lunes 21 de Julio de 2025 (Florencia Peña) 3.9 puntos // Martes 22 de Julio De 2025 (Eduardo Feinmann) 4.5 puntos // Miércoles 23 de Julio 2025 (Luciano Castro – Gerónimo Rauch) 3.0 puntos // Jueves 24 de Julio 2025 (Zoe Gotusso) 5.5 puntos // Viernes 25 de Julio 2025 (actores de División Palermo) 4.9 puntos //Fotos de Prensa «Otro Día Perdido»: Vanesa Bafaro (Prensa «El Trece»)