La banda liderada por Gorgui Moffatt actuará en la sala porteña el 22 de noviembre para interpretar completo ese histórico álbum de Pink Floyd, tournée nacional que los vio brillar en el Teatro Marín de la zona norte bonaerense en un notable recital con localidades agotadas.
(Capital Federal – Sábado 08 de Noviembre de 2025) Demostrando que el repertorio que eligieron está rindiendo sus frutos de manera impactante, anoche “The End” concretó uno de los mejores conciertos no solo de esta temporada, sino de su prolongada carrera que ya lleva 35 años de actividad. La gira por los 50 años de la publicación del disco “Wish You Were Here” es un éxito absoluto y anoche, a pesar del inconveniente meteorológico y los inexistentes servicios de transporte público en la zona norte, la banda de las ingenió para agotar las localidades en el “Teatro Marín” de San Isidro, enclavado en un muy colonial complejo educacional que ostenta una sala teatral interna realmente muy hermosa. Este lugar cuenta con playa de estacionamiento e instalaciones muy cuidadas, venue elegido por el talentoso conjunto para refrendar las canciones del mitológico disco de Pink Floyd, en un espectáculo que afortunadamente podrá verse el próximo sábado 22 de noviembre en el Teatro Astral a las 21:00 hs (Av Corrientes 1639), cuyas entradas ya se encuentran a la venta en https://www.plateanet.com
Ayer poco le importó a los fans las inclemencias del tiempo, cuando una fuerte lluvia se desencadenó poco después de las 19 horas en todo Buenos Aires, momentos donde todo el tránsito hacia distintos puntos fuera de la urbe porteña se vio muy complicado de llevar a cabo. El “Teatro Marín”, perteneciente a un complejo educacional cuya edificación en cierto sentido recuerda el típico perfil colonial de las bellas universidades de California, está ubicado en Av Del Libertador 11.115 en pleno San Isidro. Llegar en la actualidad al lugar seteado para este concierto demandó de bastante esfuerzo: ya no funcional el ramal de la línea 60 de colectivos, no hay otras líneas cerca de la institución y la fuerte lluvia de anoche hizo traumático el arribo. Sin embargo, desafiando firme la adversidad climática, cientos de admiradores del conjunto se las ingeniaron para llegar en autos particulares o en servicios de aplicación y ni hablar caminando bajo la intensa tormenta. Eso es lo que provoca “The End” con sus notables espectáculos en vivo, luego de tres décadas y media de vida recreando con un nivel de otro planeta la legendaria música de Pink Floyd, una histórica banda que ya no existe y que de existir, tendría que romperse bastante el lomo para igualar a estos argentinos, que en cada show hacen una entrega tan conmovedora y talentosa que justifica mojarse mucho, o el muy blooperesco trámite de llegar a pie en una noche propia de Transilvania, con el mismísimo Conde Drácula sangrando sobre un gran sintetizador de añejas perillas y teclas húmedas de plasma.
Tal como viene aconteciendo con esta fantástica gira que finaliza en pocas semanas en el Teatro Astral, con un show de cierre el sábado 22 de noviembre, el espectáculo propone una recorrida completa por “Wish You Were Here”, álbum de los artistas ingleses que en este 2025 celebra 50 años de su publicación. “The End” lo toca completo, mayormente respetando en orden en que figura en el vinilo original y algunas veces moviendo el tema que da nombre a un sitio diferente dentro de ese bloque. Es una placa deslumbrante por sus emblemáticas canciones, como “Shine On Your Crazy Diamond”, que en vivo tocan completo. Además de interpretar entero este disco, después que finaliza este bloque con los datos históricos de aquél momento en que fue lanzado, la “masterclass” sobre un muy trascendental registro se complementa con datos que lanza el cantante Gorgui Moffatt, quien sin vestirse de profesor catedrático cuenta detalles sorprendentes, como por ejemplo que esa canción fue cortada a la mitad para encastrar en el álbum. Una parte al principio y otra cerrando, tal como sucede en el vinilo se replica ahora en vivo, tras una votación que el conjunto inglés hizo para definir si la colocaban entera de un lado. El único que votó a favor de ponerla toda entera fue David Gilmour. Sereno y locuaz, Gorgui delante del público recuerda que después de perder esa determinación, el guitarrista se negó a cantar “Have A Cigar”, por lo cual convencieron al cantante Roy Harper de hacerlo. La banda argentina, además de tocar esas canciones de maravilla mejor que sus autores, explica otros datos y el show de pronto adquiere una connotación educativa maravillosa en medio de una noche con gran tormenta afuera del bello teatro bonaerense.
La enorme fiesta musical que proponen los argentinos tocando los temas del grupo inglés depara ribetes inolvidables, como por ejemplo cuando el vocalista se baja del escenario mientras suena el clásico “Wish You Were Here” y en un momento determinado le pasa el micrófono a una persona del público, quien termina de cantar la canción de una manera afinada, inesperada escena para quienes no los ven seguido, coronada con una extensa ovación. Hay canciones que pueden marcar un antes y después en un espectáculo, dando al resto del concierto otro empuje anímico. Si bien el clima del disco que celebra cinco décadas de vida es intenso y seductor, hay temas que operan como detonadores de cierta reacción emocional que no es ajena a quien los interpreta. Apenas termina la explicación sobre el álbum puesto en consideración de manera completa, la banda se permite tocar en un firme acto divisional de aguas la poco conocida “One Slip” de “A Momentary Lapse Of Reason”, composición que va alterando la química ambiental del lugar seleccionado para el espectáculo. A continuación, con el ruido de un viejo sintonizador de radio con perillas y el cable de la antena conectado, “The End” toca algo que la gente quiere sí o sí que esa noche suene potente delante de sus cuerpos predispuestos a involucrarse en una situación sensorial dura de olvidar. Para quienes sí conocen los recitales de esta super agrupación argentina, llega al evento nada menos que la suite inicial de “The Wall”.
“In The Flesh” y “The Happiest Days Of Our Lives”, esta última con el trepidante sonido de los helicópteros sonando sobre las cabezas del auditorio, preparan un momento digno del mejor guionista musical cuando llega para felicidad de todos, incluídos los que están en el lugar trabajando para la concreción del concierto, la inmaculada “Another Brick In The Wall Part 2”, pieza central del disco doble publicado a fines de los ‘70s que marcó la consagración planetaria de la banda inglesa a niveles jamás imaginados. A diferencia de la mayoría de las interpretaciones que el grupo viene concretando, la de anoche pareció por esas cosas del destino un poquito más veloz que en otras oportunidades, logrando ese tono disco o dance que Roger Waters imaginó para el tema cuando el mismo se publicó mucho tiempo más tarde para un aniversario de ese trabajo. Con los martillos caminando detrás del grupo, el espíritu altivo de las desquiciadas fuerzas germanas y ese inocultable lado editorial que coloca la lupa sobre los maestros de ese momento y la forma de enseñar a sus alumnos, el “Teatro Marín” vive casi 8 minutos de inocultable euforia donde nadie deja de cantar o mover sus pies. Eso damas y caballeros se llama un hit hecho y derecho, compuesto hace cinco décadas en un añejo planeta que no imaginaba que 50 temporadas después, estaría invadido lamentablemente por varios miles de cucarachas regaetoneras, las cuales infectan impiadosos toda la música con sus guturales y bochornosos fraseos, que rememoran a alguien que parece que tiene el torno del dentista fijo en la boca.
Para coronar un momento maravilloso, la contracara de tanta expresividad del público se da instantes después con “Mother”, donde el cantante Gorgui Moffatt entona con la ayuda de una de las coristas ese lamento post-bélico de alta significación. Sentado al borde de la plataforma de ancestral madera, el vocalista despacha otro clásico inoxidable. Después, ya con la tensión aflojada y el desacartonamiento que provocó ese doblete, sonará “Great Gig On The Sky”, donde las coreutas vuelan con sus gargantas a lugares recónditos ante la absorta escucha de los cientos de fans que no pueden creer esas interpretaciones plenas de locura y éxtasis. El show toca pica niveles de emoción demoledores y ahí asoma firme sin miramientos la suite de “The Dark Side Of The Moon”, mientras “Money” y otros temas con mucha sincronicidad obligan a una reflexión de la gran sociedad consumista (Hola “Cyber-Monday o Black Friday!”), los líderes patéticos de ciertas regiones del mundo y la lucha por un suelo sin dictadores bendecidos por algún horrible panfleto con tono criminal. Al espectáculo le falta muy poco y llega uno de los tramos más bellos del concierto con “High Hopes”, donde los gigantescos globos del videoclip se corporizan en medio del show con los verdaderos, esos que la producción lanza desde el super-pullman, mientras el público los dispara de un lado a otro del teatro con sus manos, incluso con el propio cantante metido entre la gente para darle mayor autenticidad a un planteo estético y diáfano como ese. La belleza que logra esa mezcla de la pantalla con el grupo tocando, las esferas volando sobre las cabezas y el extraterrestre solo de Matías Dietrich con el pedal steel y su microtubo de oscilación, son postales que el espectador mantendrá en su retina y oídos por varios años.
Aplaudidos hasta que las manos piden piedad, “The End”, ajeno a la lluvia afuera en las bellas calles de San Isidro, clausura otra faena excepcional con “Comfortably Numb” y la adrenalínica “Run Like Hell”, para darle a “la pared” ese gran tono laudatorio con todos de pie, cantando y marcando una base con guitarras reverberadas muy impiadosas. Llega la despedida, el saludo en caravana de las doce personas que llevan esta fiesta musical a niveles inconcebibles, mientras muchos se preguntan en silencio si hace falta que vuelva aquél grupo que compuso la totalidad de estas obras. Como detalle no menor, Moffatt le cuenta a la gente que el truco de los globos cayendo sobre la gente, es un artificio que los “Pink Floyd” jamás hicieron, pero que ahora, tras la viralización del efecto, el mismísimo David Gilmour lo ha sumado a la interpretación en sus shows solistas de ese tema, exacta imagen que pueda apreciarse en la actuación del guitarrista británico en el Royal Albert Hall hace muy poco tiempo. Otra gran actuación, realmente mucho más poderosa que lo que uno pueda poner en palabras, cierra otro capítulo del grupo argentino en una gira que la banda no olvidará tan fácilmente. A pocos días de su concierto de cierre en la Capital, previsto para el sábado 22 de noviembre en el Teatro Astral (Av Corrientes 1639, con tickets disponibles enhttps://www.plateanet.com), la gente vuelve al distendido clima de la localidad bonaerense cerca de la medianoche. Los autos se van, varios vehículos de aplicación rescatan a quienes no vinieron con transporte y alguno que, perdido en todas esas arterias sin transporte público en una provincia shockeada por la desorganización, se fuma caminar hasta el club de rugby buscando un bus salvador. Es otro ladrillo en pared, uno más de la inolvidable gira de “The End” recreando un disco imprescindible para los que a pesar de tanta bochornosa telefonía móvil, quieren refugiarse en la música con sus formatos físicos y su pureza creativa sin límites, mientras alguien corre como loco por la noche, buscando un regreso seguro en ese barrio de gran tono colonial y delicado aire residencial.
Fotos “The End” en el “Teatro Marín” – 07 de noviembre de 2025 (San Isidro):Gabriel Imparato (Agencia Noticias 1440)