Despuès de 24 años sin pisar los escenarios, la estrella televisiva volvió con la obra“Piel De Judas”al mundo teatral, una divertidísima comedia en el Lola Membrives que le calza a la experimentada diva con una perfección fantàstica.
Por Gabriel Imparato
(Capital Federal – Martes 24 de Marzo de 2015) La primera pregunta que aparece en la mayoría que asiste a ver las funciones de“Piel De Judas”en el Lola Membrives una vez que termina la funciòn es concluyente y significativa. Porquè una persona como Susana Gimènez con muy dignos pergaminos actorales pudo dilapidar tantas temporadas con su desvencijado ciclo televisivo? Pesaron únicamente en ese planteo los brillantes cachets que en su momento la pantalla chica le abonò para tenerla como masiva generadora de rating? Fue la potencial comodidad de no tener que ir cinco días a la semana a una sala para representar un papel y bancarse el desgaste que exige algo asì o lo demandante que resulta hacer teatro durante un largo período de tiempo? Finalmente pudo màs la cuidada idea de Gustavo Yankelevich de proponerle esta obra, que con cada segundo que pasa en el anàlisis marca una decisión inteligentísima de ambos de converger en una obra que la da a la calle Corrientes un glamour y nivel artístico muy elevado, pieza que en cada fecha de representación se aceita y ajusta con un fantástico nivel para deleite del público. Todas estas funciones de inicio que comenzaron la semana pasada con una nerviosa premiere en la renovada sala porteña, dejan traslucir que en muy pocos días Susana podrá dar màs aùn de su talento actoral,en un relato teatral que le calza mucho mejor que algunos vestidos de su pasado televisivo.
Para aquellas personas que solo hayan podido observar a la gran estrella argentina como actriz solo en esas mini-comedias incluìdas en su programa de tv, lo primero que cabe es aclararles que jamàs en ellas apareció la muy experimentada intèrprete que aquí en los primeros segundos de“Piel De Judas”establece un campo de juego interpretativo fabuloso, poniendo una cuota de entrega a cada tramo del relato con una cuidadosa cautela de no superarse en gestos, tics o detalles que puedan desviar la atención de lo que sucede sobre escena para confundir el potencial planteo de tener a una famosa diva de la pantalla chica sacándose ahì el capricho de hacer teatro con un elenco subordinado a sus decisiones. Acà Susana se pone la camiseta número 8 y obra como una magnìfica “carrilera”que hilvana sin temor ni confusiones,bellas paredes actorales con sus socios centrales en la historia. Jamàs arriesga la continuidad del relato para potenciar algún lucimiento personal y con cada segundo los espectadores se prenden en esa ficción que los intèrpretes cuentan, por màs que arriba del Lola Membrives estè actuando una mujer que ya es tan famosa que nadie necesita decir su apellido para identificar a la personalidad en cuestión. La historia de una mujer que vive a la sombra de un marido dedicado a tocar el violìn por todo el mundo,es apenas la cubierta de un porta-aviones narrativo donde ella y todo el elenco despegarà para mostrar notables cabriolas interpretativas, aterrizando suave en una comedia que noquea al público con ese inicio donde los roles están muy bien argumentados por la maestral batuta de Arturo Puig.
Si la capacidad interpretativa de Gimènez en esas breves comedietas catódicas jamàs hizo un mojòn recordable, la revancha ahora sobre el proscenio aparecer a pleno, una situación que esta pieza de Pierre Barrilet y Jean Pierre Gredy se apura en marcar firme a los pocos segundos merced a la cuidada adaptaciòn de Massllorens-Del Pino,sin olvidar que Puig le marca los lìmites a todo aquello que pueda atentar con la narración. El ahora realizador de obras de la escena mayor,muchas de ellas ubicadas en la estratètiga calle Corrientes,ubicò en esta novedosa producción aquellas usinas generadoras de arte en un plano armonioso,donde cada artista responderà a las necesidades de una comedia hecha y derecha para divertirse en ese bloque de tiempo que muchos desearìan que no culmine. Puig supo encastrar exacto todas las piezas de una historia que no cesa en entretener con cada una de sus logradas escenas, lo cual no es poco. Probablemente muchos no puedan sustraerse a la situación de observar a la mìtica estrella televisiva y evocar aquellos hitos del pasado,pero aquí con el presuroso paso de los minutos, Susana arma eficaz un personaje tan querible en ese vìnculo ìntimo que establece con sus colegas, pero también con una estratègica y prudencial distancia operativa con los espectadores, quienes al final del espectáculo sucumben con la mejor actuación que se le recuerda a esta famosa diva artística.
Sin dudas, la escenografía de Alberto Negrini es el noveno protagonista de la historia, una puesta visual que està aprovechada al máximo por los intèrpretes, creando un buen clima de credibilidad a las incidencias que transcurren en una bella mansión ubicada a bastante distancia del centro urbano. Secundando a esta anfitriona con actuaciones sencillamente superlativas, hacen lo suyo Antonio Grimau y una sensual Mònica Antonòpulus,que fuera de sus pergaminos interpretativos aporta una carga estètica impactante, dupla que rinde en la historia de fenomenal manera. Unos pequeños pasos detrás acompañan eficazmente al relato Alberto Fernàndez de Rosa, David Masajnik, Goly Turilly y Marcelo Serre, un staff que sincroniza milimétricamente en cada bloque con aportes muy valiosos, sin correr ahí el foco de la divertida historia. La estrella en la forma de encarar a esta singular dama que vive una parcial transformaciòn tras sospechar las infidelidades de su pareja, muestra sus recursos para construir un ser que obviamente en algún pasaje de la historia tiene aspectos o puntos en común con la legendaria animadora de tv, pero antes que alguno en esta obra pueda malinterpretarse ese tono, Gimènez enlaza seria sus mohìnes actorales dándole a su Marion una identidad firme y seductora.
El hecho de subirse a un escenario, bancarse lo que eso significa en desgaste psicofísico y demanda interpretativa, no generar subliminales conflictos en Susana cuando las luces se apagan y comienza lo mejor. Asì como en su momento la gente se sorprendió gratamente cuando pudo ver a Roberto Pettinato en un teatro haciendo stand up, rompiendo con ello esa invisible frontera televisiva, un numerosìsimo público anhelaba alguna vez apreciar a la gran figura de la pantalla chica en idéntica situación, postura emoiconal al comenzar la obra premia que le depara a la mìtica figura televisiva recibir una extensa ovación pocas veces vista. La misma Susana acusa notoria el golpe, aceptando a medias tintas el error de no haber vuelto antes a este contacto directo con sus fans, pero lo ocurrido en esta pieza de reciente estreno compensa aquella inexcusable demora interpretativa, espectáculo que està encaramado a convertirse en la obra“vedette” de la cartelera 2015. Ni los valores de las ubicaciones como asì tampoco la circunstancias de competir en un calendario donde también harán teatro sus colegas Ricardo Darìn y Enrique Pinti, parecen marcar problemas en un show teatral tan entretenido como convocante. Si esta teòricamente es la gran despedida de la estrella de esta clase de tarea artística, conviene asegurarse una ubicación en alguna de estas representaciones, porque la obra y semejante hecho profesional justifican encarar semejante inversión en una pieza tan graciosa como dinámica.
A propósito, mientras algunas versiones señalan que la estrella volverìa a la televisión en agosto, sería un delirio brutalmente incomprensible que Susana cancele esta fiesta que da cada noche en la gloriosa arteria porteña, para regresar a un cerrado formato profesional que en los últimos años jamàs estuvo a su altura. Si Gimènez huele lo atractivo, seductor e interesante que significa mostrarse tan dúctil y sorprendente en esta labor actoral, no se justificarà un regreso a la pantalla chica para sufrir con ratings anèmicos, productores en conflicto o una pantalla que hoy no muestra gratos síntomas de calidad. La «mujer del año», la naif que revive dinosaurios para el Sheraton de Grassi, la diva total, la querible despistada que dice“llamaste por las nueces, pero justo te tocaron los chupetes”, la mujer que no encontró aquèl que la valorara en su justa escala y medida emoiconal mientras los pìcaros tiburones se saciaron de su mar financiero, es esta actriz muy capaz de emocionar, hacer reir demoledoramente , putear infinitamente con una afinación muy justa y precisa, para mostrar honesta que en el fondo es solo una mujer, esa que el teatro argentino afortunadamente ha recuperado en estas horas para bien del arte en sì.







