Soda Stéreo ratifica su condición de mejor banda argentina con “Ecos”: Un espectáculo inolvidable que desafía tanto a la muerte como a la devaluada crítica especializada

El show usando la mejor tecnología existente, confirma sin titubeos que la música del trio no fue superada, en un bochornoso panorama actual saturado de medriocres, envenenados mentales y las secuelas culturales de un país arrasado por políticos criminales.

 

 

(Capital Federal – Martes 7 de Abril de 2026) Anoche Soda Stéreo volvió por segunda vez al estadio Movistar Arena para seguir presentando su nuevo espectáculo denominado “Ecos”. La primera vez de la histórica banda argentina en el estadio de la calle Humbolt fue el 17 de mayo de 2022, con la gira “Soda Stéreo – Gracias Totales”, alterado tour que prosiguió algunas semanas más esa temporada, culminando curiosamente con un recital en Panamá, cuando cualquiera hubiese imaginado una despedida de esa tournée en suelo argentino. Insólitamente esa fría noche de otoño en el primer estadio moderno techado de la Argentina no hubo “localidades agotadas”, época donde todas las restricciones duras de la pandemia habían sido anuladas. La gente había llenado el Campo de Polo dos jornadas en diciembre de 2021, cuando todavía las noticias hablaban del efecto de  las vacunas en la batalla contra el “covid 19”. La primera vez del famoso trío sin Gustavo Cerati sobre un escenario le hacía ruido a los históricos, porque por más que algunos colegas locales se supieron calzar el overol para cantar las canciones del grupo, hubo errores en el scouting de ciertas voces y en escena hubo que escuchar híbridas versiones de clásicos en las voces de veteranos intérpretes como Alvaro Henriquez, Juanes, Mon Laferte, Julieta Venegas y Chris Martin , quienes a pesar de su inocultable esfuerzo y buenas intenciones no lograron darle a esas versiones una credibilidad interpretativa. El proyecto que aquél momento ingresó en pausa por la crisis sanitaria que cobró estado nacional el jueves 19 de marzo de 2020 y dejó en Argentina más de 200 mil muertes por la ineficacia política apostando sus fichas sanitarias a una vacuna con nombre de proyecto espacial, arrancó a los tumbos en Colombia justo un día bisiesto, con las consecuencias energéticas previsibles. Ese show no apareció en un disco, película o la gama de formatos físicos actuales, desnudando que hubo fallas estructurales que alteraron cualquier sentido editor. En ese momento Soda Stéreo y su equipo de producción se llamó a silencio. Había que analizar todo lo ocurrido si aún existía interés de extender la continuidad de la banda, surgida a principios de 1982 en la zona de Nuñez en los ecos sociales de la brutal y desigual guerra del Atlántico Sur.

Meses más tarde, cuando aquél tour quedó realmente olvidado para viejos y nuevos fans, la imbatible dupla rítmica junto con el productor Roberto Costa y el realizador ejecutivo Diego Saenz se reunieron no solo para evaluar lo ocurrido, sino también pensar como era la forma de mantener vivo al conjunto aún con un integrante ausente desde lo físico. Tras ver algunos videos generados por la propia productora, lo que más llamó la atención era la reacción del público en cada concierto cuando los únicos que estaban en escena eran Zeta Bosio, Charly Alberti y la proyección de Gustavo Cerati en pantalla aportando desde la tecnología existente ese 33 por ciento humano que una horrorosa mañana de septiembre de 2014 cambió para siempre. La magia del grupo en escena jamás pudo alterarse, cuando el público premiaba esa adrenalínica apertura con “Sobredosis de TV” o la intimidad que conmocionaba a la multitud en “Fue”, donde más que nunca los corazones latían bastante agitados descubriendo que esas tres personas podían emocionar hasta lo más profundo del alma a pesar de la tragedia ocurrida en Caracas a principios de mayo de 2010. Fue allí en esa reunión de la que participó también el productor Daniel Kon, aquél histórico manager personal del grupo, donde comenzó a gestarse el nuevo evento “Ecos”, un show buscando que la tecnología y la música se diesen la mano para provocar el milagro de generar ese hechizo del grupo sobre escena sin nadie más que ellos tres.

Hasta el momento se habían conocido espectáculos con la utilización de hologramas en la historia de los conciertos desde Tupac Shakur, Whitney Houston, Michael Jackson, Roy Orbinson y Ronnie James Dio, entre otros, pero el que elevó la vara hasta niveles nunca vistos fue el show “Voyage” que la banda sueca ABBA, evento creado aunque todos sus integrantes están vivos, buscando de esa forma satisfacer el pedido de millones de fans en todo el mundo que querían verlos actuando juntos. La exitosa formación sueca para no desperdiciar ese reclamo y al mismo tiempo aprovechar el fenómeno que sigue desatando la carrera del cuarteto europeo, trabajó con enorme esmero y muchísima infraestructura de producción para generar una actuación holográfica que vista presencialmente provoca asombro y enorme conmoción en quienes alguna vez los vieron de manera física. La gran banda sueca armó un nuevo espacio en el Parque Olímpico Reina Isabel y lo demás es historia. Ahí hay que buscar la génesis del nuevo show de Soda Stéreo llamado “Ecos”, pero la diferencia en la gestación del mismo no resultó tan fácil como en el caso de los míticos intérpretes de megahit “Chiquitita”, donde contaron con la colaboración absoluta de los cuatro músicos de esa agrupación, lo que favoreció de pleno el ADN del trabajo tecnológico, dado que estos en extensos lapsos tuvieron que desarrollar una actuación portando unidades sincronizables a una computadora almacenando actividad facial, gestos corporales y otra clase de acciones para armar el “avatar” de ABBA para adosarlo de la credibilidad correspondiente. Para el equipo de trabajo de Soda Stéreo, encabezado por Roberto Costa y su firma PopArtMusic, el desafío fue mayor porque aquí el evento fue creado a pesar de la terrible adversidad de no contar con su líder y cantante tras la desaparición física del artista hace casi doce años.

En este informe no detallaremos técnicamente como fue gestado el “avatar-holograma” de Gustavo Cerati, a pesar de contar con los detalles del mismo, porque el análisis pasa sin dudas por otro lado. Lo comentable es que la famosa productora de espectáculos que está respaldando la actividad del reconocido conjunto en el cruce de milenios, tuvo que asumir este desafío con una previsible y demencial desventaja, es decir no contar con la persona de la que quería crearse una réplica virtual, por lo que hubo que trabajar de otra manera el reemplazante tecnológico para subirlo al escenario junto a Zeta y Charly. Involucradas la totalidad de las personas mencionadas antes, más la participación de Nicolás Bernaudo y otros realizadores del área audiovisual, después de mucho tiempo de trabajo en silencio de una forma confidencial, finalmente el sábado 21 de marzo llegó al Movistar Arena el espectáculo “Ecos”, anunciado a fines del 2025 por distintos medios. La reacción de los medios en las primeras horas podría decirse que fue absolutamente previsible:muchos comentarios a medio hervor, bastantes críticas veladas y una despiadada mirada con algo que termina cansando: el brutal desconocimiento de aquellas personas (si cabe llamarlas así) que llegan al show con una sapiencia vergonzosa y terminan dando vergüenza ajena con sus primeras consideraciones. Creáse o nó, en un matutino de reconocida trayectoria, uno de los primeros informes señalaba que Gustavo Cerati murió en 2004, es decir que el artista falleció diez años antes de la fecha real del deceso, publicó “Ahí Vamos” desde la ultratumba y reunió desde las catacumbas a sus compañeros para la gira 2007 “Me verás volver”, una despampanante ensalada de increíbles pifies profesionales, coronados con un documento visual devastador. En la parte inferior de la nota, como epígrafe de esta nota apareció una foto de Marcelo Moura (Virus) y su esposa en la alfombra roja durante la premiere del 21 de marzo en el estreno oficial de “Ecos”, pero el texto que acompañaba la imagen decía “Federico Moura, productor del álbum debut”. Demasiado para cualquier conocedor del tema.

Este esperado regreso de Soda Stéreo a la actividad encuentra dos postales inocultables: la primera, el colapso de una sociedad nacional donde la formación de los más jóvenes deja nauseas, preocupación y desilusión, fruto de un macabro plan creado para embrutecer a las nuevas generaciones y convertirlas en zombies manipulables de todos los feudalismos  provinciales, actualidad donde los chicos de tres años no entienden lo que leen o escriben en sus cuadernos de clase, algo de lo que jamás se hizo cargo la administración nacional 2003-2015, horrorosas épocas en las que algún funcionario señaló que colocarle un 1 al alumno era “estigmatizarlo”. Los menores de 21 años caminan robóticamente por todas las calles y en muchos casos chocan contra otros transeúntes, por no quitar la vista de los malditos teléfonos celulares, una droga electrónica más barata que la cocaína y que deja a un gran sector de la sociedad atropellado por vehículos, donde también los conductores de esos vehículos manejan de reojo mirando el whatsapp. ¿Se le puede proponer cultura a un grupo social sin alma, que se entrega a una tecnología donde lo peor de la raza humana es exaltado por esos insufribles payasos de las redes sociales? A pesar de los esfuerzos de un limitadísimo y microscópico conjunto de artistas que se atienen a los preceptos creativos del viejo milenio, la juventud del territorio en su mayoría ya no le asigna a la música ningún efecto formativo o cultural. Tal como señaló en su momento el conductor Mario Daniel Pergolini en algunas notas, la música se convirtió en un “commodity” dentro del mundo industrial, como lo puede ser el aceite de girasol, el arroz o el litio.

Las nuevas generaciones, muy devotas del movimiento, no resisten la concentración que demanda escuchar un álbum en un reproductor de formatos físicos. Los jóvenes “usan” la música para hacer gimnasia, viajar al trabajo mientras miran los mensajes o suben videos de TikTok a las redes. Está claro que el concepto “música” se trastocó y para reventar lo poco que quedaba en pie, llegó la peor invasión posible: los urbanos, seres que no saben cantar, componer música y mucho menos desarrollar un concepto creativo de peso, opaco escenario respaldado por sellos musicales que con la excusa de facturar reproducciones en las plataformas de streaming, permitieron sin vacilar que cualquier aberración terrícola se autoproclame “artista” sin desparpajo alguno. Hay que decirlo sin miedo alguno: la música nacional y la que llega desde los escritorios de un multimillonario productor en Miami se parece cada día más a lo que suele expulsar el ano humano en sus defecaciones cotidianas.

Agravando esto, la sociedad comunicacional no se queda atrás. Las redacciones de varios medios en la última década y media mutaron sus equipos de trabajo, especialmente todos los equipos abocados a la sección “Espectáculos”. Varios editores y jefes de redacción se corrieron de su rol de escritores, dejándole a una nueva camada de personas la tarea de concretar crónicas y críticas de lo que pasa en el mundo cultural. Siguiendo los efluvios de una politización tendiente a destrozar el funcionamiento cerebral, las redacciones que trabajan pensando en notas cortas, mucha imagen y la búsqueda de un impacto que genere la inmediata lectura, se fueron poblando de tilingas desinformadas culturalmente, pero que cuentan a su favor con un gran dominio de las estructuras de redes sociales, sistemas del celular y otras aplicaciones digitales, amén de saberse de memoria los que actuaron en el último “Lollapalooza Argetnina”. El resultado de eso se pudo comprobar hace solo muy pocas semanas, cuando el monigote de Bad Bunny llegó a la Argentina para realizar tres apariciones públicas en la cancha de River, un club que desde que alquila su estadio para shows a una conocida productora, jamás volvió a ser campeón de ninguno de todos los torneos en los que participa tradicionalmente. Las tipeadoras de turno, ignorando que este siniestro personaje es la punta de lanza de un contexto de esbirros que hace cotidiano uso de sus textos para embrutecer denigrando a las mujeres con una firma misoginia que no descansa, lo recibieron como al nuevo “Mesías” cultural, celebrando un montón de sus bochornosas conductas sobre el escenario. Al monigote de cabello enrulado se le festeja cualquier estupidez, solo porque en sus discursos critica a un famoso presidente, payaso que obra como un“caballo de Troya” de un falso socialismo que unos pocos celebran. Ese es el presente de los medios, donde el flamante show de Soda Stéreo propone algo poderoso que le viene faltando a todas las nuevas figuras: música.

Cómo estará de mal la actual música argentina, que una banda que vuelve con solo un 66 por ciento de sus integrantes y un 33 creado con alta tecnología, suena más convincente y seductora que los nuevos intérpretes nacionales surgidos desde el 2003. La recepción del público, por suerte ajena a la decadencia pontificada desde la estructura digital, responde con números lapidarios y devastadores. 33 funciones agotadas en Argentina, América Latina y Europa, amén del constante pedido de los fans para que en el último trimestre del año el grupo sume varios conciertos más en Buenos Aires. Ignorando a los profetas de la mediocridad reinante, quienes ponen en tela de discusión si “Ecos” es un show o que, la gente en esta situación hace caso omisos de la violencia que respiran esos personajes en una época donde la música con calidad escasea. El nuevo espectáculo de Soda Stéreo es una propuesta con doble emocionalidad: para quienes nunca vieron un concierto de este grupo, “Ecos” es la chance de ver una recreación exacta de lo que significa la banda en la erosionada historia del país y disfrutar de un cancionero de lujo. Para aquellos que vieron el derrotero en vivo del grupo, este show cargado de música, tecnología y una gran obra creativa, es la oportunidad de reflexionar sobre la enorme dimensión que sigue ocupando el conjunto, emocionándose con una banda que lejos de rendirse a la muerte, propone con la asistencia de los artilugios tecnológicos, darle batalla a un destino que privó al país de su referente musical más poderoso en el cambio de milenios. La emoción no está en una imagen de video, está en las canciones del mejor grupo argentino de todos los tiempos, un irrevocable asunto que le genera úlcera permanente a quienes hacen público el odio que sus existencias manipuladas por la política criminal cuando el lobo se disfraza de cordero para ganar popularidad y adeptos que no se cuestionan nada en su hueca existencia.

Fotos show “Ecos”: Prensa y Marketing PopArtMusic 2026 // Fotos pantalla central estadio Movistar Arena: Gabriel Imparato (Agencia Noticias 1440).