El artista norteamericano con su grupo concretó su tercera visita al país, un concierto con himnos bailables, canciones de verdad y un artista que cambió la historia de la música.
(Capital Federal – Miércoles 21 de Mayo de 2025) Se caía de maduro que la noche iba a ser una fiesta absoluta y lo fue. La multitud fue muy convencida a escuchar sus canciones favoritas y el grupo las tocó todas. La gente quería cantar con su artista favorito y salieron todos disfónicos de tantos coros públicos a más no poder. La audiencia soñaba con bailar hasta desfallecer y salieron todos rengueando del estadio después de mover las piernas sin pausas en esos 95 minutos. Muy pocos artistas en el mundo pueden lograr algo así en sus espectáculos, convirtiéndose en simpatiquísimos domadores de multitudes cuando se suben a un escenario para mostrar no solo lo saben hacer, sino también para recordarnos cuan excelente y alucinante era la música cuando la hacían únicamente los intérpretes y nó los ególatras productores desde una computadora subestimando al público. Confesó en una entrevista exclusiva con la Agencia Informativa Noticias 1440 algunas semanas antes de concretar su tercera visita a nuestra nación que “Buenos Aires es el mejor lugar para hacer shows”, pensamiento que corporizó firme anoche con una actuación superlativa, contagiando de inmediato a todas esas personas que acudieron al estadio buscando el mejor entretenimiento posible, frente a un artista que logró convertirse en uno de los cinco productores más importantes del planeta, fabricando himnos sonoros mundiales que todos recuerdan en las radios, las pistas de baile o sus equipos hogareños.
La actuación de “Nile Rodgers & Chic”en el estadio Movistar Arena en Villa Crespo fue inapelablemente una brutal paliza de hits y grandes canciones, contexto que toda la gente disfrutó en un formato que pocos recuerdan, salvo los más añejos: “Estrellas en 45”. Este título alude a un famoso álbum de los ‘70s, vinilo que contenía a un grupo ignoto que en 45 minutos tocaba unas 25 canciones en cada lado del disco, enganchando sin cortes esos inolvidables temas que por su ritmo podían sincronizarse muy bien a una cierta velocidad de ejecución. Ese registro se convirtió veloz en unos de los vinilos más vendidos de aquél momento y era el favorito de los que pasaban música en las fiestas o discotecas, porque le permitía al usuario tener casi media hora de temas pisteros sonando enganchados en esos ámbitos de entretenimiento. Clonando ese recordado formato para los muy mayores en el mejor tramo histórico de la música bailable, Nile Rodgers & Chic repasó las maravillosas canciones que compuso y produjo el deslumbrante guitarrista, productor y compositor, un despampanante festín de obras que abarcan los últimos cuarenta años de éxitos, generados por un hombre que no se cansa de componer geniales canciones inoxidables alrededor del planeta, mientras las multitudes no tienen idea sobre quien es el autor de tantos himnos universales plenos de prestigio, atemporalidad y enorme belleza creativa.
Portando un brillante traje con chaqueta rosa, pantalón floreado en ese mismo tono, más gorra y camisa blanca, sin olvidar una gran sonrisa que ilumina el estadio de cabecera a cabecera, el anfitrión es el único que puede usar ese polémico color en vivo y que nadie se atreva a reírse. El estadio Movistar Arena, en este caso bajo la producción de “Move Concerts”, volvió en menos de una semana a funcionar en el formato “Stadium B” (tras el concierto de The Pretenders), con capacidad para una 8000 personas, dejando la última bandeja de cómodas butacas arriba sin utilizar, en un mes que fue realmente durísimo para las billeteras, las cuales debieron batallar en pocas semanas con muchos conciertos pensados para consumo con un claro perfil de público ochentoso. La gente llega a tiempo al court de Villa Crespo y no para de moverse, entusiasmada al saber que en muy escasos minutos vivirá una fiesta de características no habituales para estos tiempos. Han pasado solo quince minutos del horario anunciado y ahora, cuando ya están todos listos, la fiesta se pone en marcha. En la pantalla aparecen imágenes de los ‘70s, ‘80s y otras décadas en las que su minucioso trabajo impactó de manera decisiva en todos aquellos artistas a los que produjo, provocando un impacto mundial de características inusuales.
El show no se apartó ni un milímetro de lo pautado, lo que no significa para nada alguna clase de conducta automatizada o robótica, porque estos fantásticos músicos se divierten como si fuera la primera vez que salen a tocar y cantar juntos. En la apertura aparece ese gran himno dance “Le Freak”, una de las canciones que más sacudió la escena del local norteamericano “Studio 54” con otros clásicos de esa época. La numerosa banda parece definitivamente la NBA de los músicos funk en una comunión mística destinada sin nada de remilgos a un público que ha venido al estadio a cantar y bailar, temas que solo suenan en pocas radios o en aquellos ancestrales reproductores del viejo milenio. Desde el mismo arranque hay una consigna que sí se repetirá, la cual naturalmente puede incomodar a los que espectadores que esperen escuchar la totalidad de tiempo de las canciones, porque ahí empieza el factor “Estrellas en 45” a funcionar inapelablemente. El grupo y su líder dejan traslucir que pasaran casi 3 minutos o algo así de cada track elegido, para que de manera mágica y muy precisa el arreglo del conjunto de pie al siguiente tema, en lo que parece la vieja curaduría de aquellos grandes disc-jockeys setentosos pegando bombos o formatos de similar contexto melódico, para presentar la canción siguiente, con lo cual la gente ahí en cada concierto siguió sin detenerse disfrutando de un “medley mejorado” con clásicos que se bancan toda esa gama de articulaciones. Ni bien culminó la cancion de apertura en ese “enganchados en 45”, la formación pega “Everybody Dance”, “Dance, Dance, Dance” (Yowsah, Yowsah, Yowsah) y “ I Want Your Love”. El Movistar Arena de Villa Crespo tiene cómodas butacas, las cuales anoche quedan de modernos floreros apenas empezò el fiestón, donde la multitud decidió permanecer bailando en cada sector disponible.
Después de esos cuatro temas, comenzó la relectura de esas magistrales colaboraciones del artista norteamericano con grandes estrellas de la música. Su aporte como productor para otras figuras se pone claramente de manifiesto en las inconfundibles “I’m Coming Out” y “Upside Down”, dos hits gestados para Diana Ross que le cambiaron la cara a la estrella de pelo ensortijado. En esa misma tonalidad y consistencia rítmica sonaron luego “He’s the Greatest Dancer” y “We Are Family”, piezas de Sister Sledge que entraron a los charts de manera inmediata cuando recibieron la mano del brillante productor. Unidas en ese recorrido por cortes de batería o ataques del dueto de bronces, el show va transitando un formato dinámico donde el anfitrión suele meter algunos comentarios o pedir de forma muy entusiasta esos coros que el público argentino sabe hacer de memoria. Pero el asunto se detuvo unos segundos cuando Nile Rodgers decidió contar pormenorizadamente aquél vínculo que lo unió a Marie Louisse Ciccone, antes que la historia la conociese como esa gran figura internacional que es Madonna. En su segundo álbum, producido por el notable violero y compositor emergieron esos dos hits atómicos como “Material Girl” y “Like a virgen”. El artista de color le dijo que el primer corte era del disco “Material Girl” , pero la rubia norteamericana no titubeó en decirle lo contrario y tomar decisiones que dejarían traslucir el poder de una mujer decidida. Los dos tracks son cañonazos pop que impactan en la multitud de manera decisiva, pusieron al estadio en modo discoteca descontrolada.
En esos furibundos años ‘80s cargados de canciones inolvidables, Nile Rodgers supo con gracia y magníficas producciones colocar su sello en artistas masivos, época en la que de estar con una vocalista en crecimiento, pasó a poner sus ideas en una leyenda como David Bowie, quien necesitaba de una renovación artística que llegó de la certera mano del líder de Chic. En aquél tiempo, aparte de la obra que dio título al álbum emergió el sensual hit “Modern Love”, tema que sonó en el concierto pegado a los de Madonna, sin que asome un brutal contraste, porque la banda saca de la galera esa clase de jugada musical donde la magia no es un truco y sí fruto de una mente iluminada. La cantó en vivo Richard Milton, el tecladista que además de disparar secuencias y tocar guitarra, entonó decidido poniendo su impronta en los versos y estribillos. El clima se rompió mucho con “Cuff It”, tema que armó para Beyoncé, una canciòn que le reportó premios, pero que al lado de esos himnos inoxidables, parece un “Lado C” en la elección de obras impactantes. Ese bloque cerró con las dos canciones más recientes de su trascendencia en la música internacional, de la mano de los éxitos gestados juntos a los franceses de Daft Punk. Está claro que la genial “Get Lucky” es un taladro rompiendo la quietud de los más resistentes a bailar, mientras que “Loose Yourself to Dance” baja un poquito las pulsaciones, pero sin dejar de ser una construcción dance hecha y derecha. En ambos temas el anfitrión contó con el tecladista que interpretó “Modern Love”, pero esta vez poniendo esos coros electrónicos con su voz pasada a través del sistema “vocoder”, dándole un sonido magnético y robotizado.
El siguiente bloque fue probablemente el menos logrado de la noche, tal vez por errores no forzados en la elección de canciones y cómo las mismas están ordenadas. “Lost in Music” de Sister Sledge es un microbio al lado del pluscuamperfecto track “Notorious”, esa joya del catálogo de Duran Duran que se mantiene viva como un “Terminador Dance” a lo largo de las décadas. Sin embargo la banda tocó solo un 65 por ciento de los temas, dejando gusto a poco con lo que esas obras significan en las audiencias mundiales, para intercalar después temas bastante menos destacados en la carrera del productor como “Soup for One”, gafe que repara haciendo “Lady (Hear Me Tonight)”, para que el estadio volviese a acelerar los latidos con piernas que no se resisten al movimiento. En uno de los tramos emotivos, donde el anfitrión recordó a sus viejos compañeros y por supuesto ese vínculo emocional con Bernard Edwards, le dedicó la pegadiza “Thinking of You” del grupo Sister Sledge, y luego llegaron pistas disco como “My Feet Keep Dancing” y “Chic Cheer”, pero cuando todo amagaba con languidecer sonó “My Forbidden Lover” con precisión y firme contundencia. Las cantantes Kimberly Davis y Autrey Martells, que se han repartieron toda la noche las voces de esos clásicos pop, volvieron a mostrar su gran protagonismo con aquél hitazo del grupo, mientras el tecladista Rusell Graham sacó a relucir su inesperado rol de segundo guitarrista, bien secundado por el saxo de Kenneth Gioffre y la trompeta de Steven Jankowski, dos bronces demoledores que saben disparar música de manera elocuente en cada instante donde su magistral presencia es requerida.
La fiesta se estaba terminando y en el último bloque, porque todo va de corrido sin salidas de escenario ni simulaciones preparadas, llegó el monumental zafiro pop “Let’s Dance” cantado por el baterista Rhaph Rolls, quien abusó un poquito convirtiendo al clásico “Ole Ole Ole” en otro tema junto al mágico track de Bowie producido por Rodgers, una parte del concierto donde todo sonó con una potencia inusitada, porque todos los coros de los asistentes le pusieron un color extra muy sustancioso a una fiesta que desbordó delirio y entretenimiento a borbotones. Para cerrar la faena, quedó la poderosa “Good Times” en el cierre, seguida por “Rapper’s Delight”, es decir la versión que un rapero hizo del clásico de Chic, cuando nadie imaginaba el peso que tendría ese estilo tiempo más tarde. Aquí lo interesante fue ver que el fraseo seudo-hablado estuvo en tiempo con la base y gestado con un tono de rimas muy cuidadas, en contraste con la mierda que son los raperos del inmundo e insulso nuevo milenio. En la “doble canción” ganó un merecido protagonismo el infernal bajista Milton Barnes, contramaestre del espectáculo por decisión de Rogers, que lo tiene en escena muy cerca suyo armando paredes rítmicas tan impatacntes como inolvidables, a tal punto que algunas líneas de bajo el público las cantó sin la menor vacilación.
Cumplido el repertorio completo previsto, la gente con sus ovaciones no dejó que los músicos abandonaran el escenario, mientras el carismático y querido anfitrión no dejaba de agradecer a los cuatro sectores del estadio tanto afecto desbordado. Está claro que el formato “Estrellas en 45” acota las duraciones reales de los temas y compacta el fiestón bailable a casi 90 minutos, tal vez porque a sus casi 73 años el maravilloso artista de los Estados Unidos debe cuidar su físico tras una década y media de ganarle una batalla al cáncer en cuatro episodios muy difundidos por el propio involucrado, evitando que esta exposición prolongada debilite sus defensas. Sin embargo, ante la insistencia de la gente que insaciable, reclamó desesperadamente por lo menos un tema más, Nile Rodgers evitó ser descortés y súper enchufado volvió a proponer la canción que usó en la apertura para cerrar esta orgía dance de alta escala, con las ocho mil personas enloquecidas ante un artista superlativo que juega con el estilo como nadie, pero que sabe repartir generoso el juego escénico para que toda su banda tuviese sus momentos destacados. Pasaron 95 minutos inolvidables y lejos de salir corriendo del proscenio, el músico que le cambió la cara al planeta a la hora de danzar, siguió saludando entusiasmado firme a las primeras filas, regalando púas y sonrisas por doquier. De fondo sonó “Give Life Back to Music” de los Daft Punk, para que las cajas de sonido no olvidasen la magia del productor a cada instante. La orgía bailable del mayor genio del rubro bajó el telón hasta la próxima, que esperemos no se demore más de lo previsto, para recordar la época en que aparecían súper héroes de la música llenando el mundo con irresistibles canciones de alta calidad.
(Ficha Técnica – Nile Rodgers en Argentina (tercera visita al país después de octubre 2009 en el Club Ciudad y septiembre 2017 con dos fechas en el teatro Gran Rex) en el Estadio Movistar Arena (20 de Mayo de 2025) Músicos: Nile Rodgers (guitarra líder y voz), Ralph Rolls (batería), Milton Barnes (bajo), Richard Milton (teclados y efectos), Russell Graham (teclado, guitarra y voces), Steven Jankowski (trompeta), Kenneth Gioffre (saxo) , Kimberly Davis (voces y coros) y Audrey Martellsen (voces y coros). Lista completa de canciones: 01 Le Freak (Chic song) – 02 Everybody Dance (Chic song) – 03 Dance, Dance, Dance (Yowsah, Yowsah, Yowsah) (Chic song) – 04 I Want Your Love (Chic song) – 05 I’m Coming Out / Upside Down (Diana Ross cover) – 06 He’s the Greatest Dancer / We Are Family (Sister Sledge cover) – 07 Like a Virgin / Material Girl (Madonna cover) – 08 Modern Love (David Bowie cover) – 09 Cuff It (Beyoncé cover) – 10 Get Lucky (Daft Punk cover) – 11 Lose Yourself to Dance – 12 (Daft Punk cover) – 13 Lost in Music (Sister Sledge cover) – 14 Notorious (Duran Duran cover) – 15 Soup for One / Lady (Hear Me Tonight) – 16 Thinking of You (Sister Sledge cover) (Dedicated to Bernard Edwards.) – 17 My Feet Keep Dancing (Chic song) – 18 Chic Cheer (Chic song) – 19 My Forbidden Lover (Chic song) – 20 Let’s Dance (David Bowie cover) (Started with Olé olé olé jam) – 21 Good Times / Rapper’s Delight – 22 Le Freak (Chic song)
Una producción de “Move Concerts” en el estadio Movistar Arena de Buenos Aires – (Fotos de show desde área interior:Gallo Bluguerman– Fotos de show desde la platea central: Fabián Loyato// Prensa del espectáculo: Diego Perri 2025)